¿Cómo debe ser un gran árbitro?

El mundo del futbol se pregunta con bastante frecuencia cuáles deben ser los atributos que debe de tener un gran árbitro.

El mundo del futbol se pregunta con bastante frecuencia cuáles deben ser los atributos que debe de tener un gran árbitro, ¿el conocimiento de la ley?, ¿dominar el  espíritu de la misma?, ¿aplicación correcta de las reglas? ¿gran condición física?, ¿mucha personalidad?, ¿autocontrol en situaciones difíciles?... En fin, muchas interrogantes que hacen que la discusión no termine nunca y hay instructores que opinan de una manera y otros a veces de manera diametralmente opuesta. Total que al igual que la eterna discusión de si el futbolista nace o se hace, en materia de arbitraje tampoco hay acuerdo sobre las bases de un gran árbitro. Lo real es que hoy en día es cada vez más difícil no sólo definir las cualidades personales y técnicas de cuál es el mejor perfil que debe tener aquél que se dedique a esta controvertida profesión, sino que además es más difícil aún encontrar a quienes verdaderamente las posean. Si vemos las grandes ligas europeas y americanas dónde el nivel de exigencia en este aspecto es muy grande de acuerdo al nivel del futbol que se juega, llegamos a la conclusión que es poco frecuente encontrar a aquellos que destaquen verdaderamente por poseer todas estas condiciones que parecen indispensables para poder entrar a un campo de juego y salir medianamente airoso frente a la crítica. Y es que  además de todo, hoy en día hay que enfrentarse al juicio inexorable de la repetición en súper cámara lenta para así demostrar cuan alto es el porcentaje de error de aquellos que pretenden aplicar la justicia deportiva dentro del terreno. A parte de todo, también los árbitros tienen que hacer frente -fuera del campo- al enorme poder de algunos directivos que ejercen influencia en sus propias Ligas en muchas partes del mundo donde el futbol está muy desarrollado, no sólo técnicamente, sino económicamente. A todo ello, el hombre de hoy que desee ser árbitro de primerísimo nivel tendrá no sólo que tener más de uno de todos estos atributos, sino que deberá saber sortear las dificultades que existen fuera del campo. Creo, sin temor a equivocarme, que lo primero que debemos buscar en nuestros candidatos a árbitros del futuro -para pretender que lleguen a ser también figuras dentro de su profesión- es que deben poseer y desarrollar una gran personalidad. El que desee ser un árbitro de élite debe cultivar y mejorar todos sus rasgos de personalidad como requisito esencial para lograr el éxito. Sin ella no podrá aplicar las reglas adecuadamente aunque las conozca a la perfección, sin ella no podrá resolver la problemática a la que se va a enfrentar cuando en el campo se tenga que imponer a la presión de los Ronaldo, Pepe, Messi, Lampard, Pirlo o los Gattuso por citar sólo algunos ejemplos, pasando por los técnicos como Mourinho, por ejemplo, que desde fuera están jugando “su partido”. Por supuesto que hoy en día la condición física similar a la del jugador es muy importante, pero ésta se puede adquirir con disciplina y dedicación. También se puede trabajar en el aprendizaje de la interpretación y aplicación del espíritu de las reglas y del juego en sí mismo, pero el requisito indispensable para rescatar a las grandes figuras del arbitraje será el que hay que permitir que existan dentro del campo hombres de una gran personalidad que puedan sobreponerse a todas las dificultades que implica el reto de pararse en el campo de juego frente a miles de espectadores dentro del estadio y millones en la televisión. Además de las enormes figuras dentro de la cancha y de los implacables directivos que ejercerán toda la presión de que sean capaces para tratar de lograr el triunfo de sus instituciones. Hay que convencer a todos que sin grandes árbitros no podrá garantizarse la justicia deportiva dentro del campo, aún por encima del error inherente al ejercicio de la profesión.

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