Edgardo Codesal

Análisis arbitral de la J11

Lunes 18 de Marzo del 2013



Es indudable que cuando se habló de que los árbitros de la nueva Liga MX no debían de ser protagonistas quedó sentenciado el perfil que debían de tener los silbantes para adaptarse a todo lo que vendría posteriormente. Sin embargo, la pregunta es ¿qué fue lo que se quiso decir con ello?

Evidentemente hoy, después de un torneo y más de medio del segundo, lo que significaban esas palabras es que los árbitros fueran perdiendo toda personalidad dentro del campo de juego para así ir permitiendo lo que se habían trazado las autoridades de la Liga.

Las metas claras fueron bajar el número de faltas por decreto, las tarjetas, pero sobre todo las rojas para que las inversiones estuvieran en el campo y no en la banca y además que la Comisión perdiese la autonomía  que existía otrora.

Hoy deben de llevar las propuestas a una Comisión tripartita donde están representadas la Comisión de Árbitros, la Liga y los clubes y allí se decide quién pita y quien no en la siguiente jornada.

Hay leyes no escritas como la de “no expulsar” tanto como antes, y "aquél que saque dos rojas a un mismo equipo se va a un descanso de algunas jornadas", lo que hace más evidente esta situación. No es necesario decir las cosas directamente pero a “buen entendedor…”

Los clubes, con esta modalidad, estuvieron muy satisfechos ya que era un anhelo largamente acariciado: poder tener injerencia en todas estas cuestiones arbitrales. Pero no se dieron cuenta que lanzaron una bomba de tiempo y la es todo lo que sucedió en esta Jornada 11.

Lo de Roberto García en el América-San Luis no tiene explicación posible dentro de las reglas de juego. Lo único que se puede interpretar es que el árbitro no se animó a señalar un penal clarísimo sobre Raúl Jiménez porque era el minuto 92 y estaba involucrado un equipo que puede descender. Faltó personalidad, pero es lo que se buscaba… que no fueran protagonistas ¿no?

En Atlas-Santos, con otro equipo involucrado en el descenso, Jesús Fabricio Morales (quien nunca ha tenido un buen partido arbitrado en la Primera División lamentablemente) realizó un trabajo pésimo marcando un penal a favor de Atlas en el minuto 63 que nunca existió. Sólo fue una buena simulación de Brizuela.

Dejó en la cancha a Vuoso por una falta clara por detrás y con fuerza excesiva. No mostró la tarjeta roja y el jugador santista tuvo que salir del terreno. Los jugadores le hicieron todo tipo de gestos y nada pasó.

Los de Pérez Durán en Tigres-Chivas es alarmante, un joven que empezó bien y con personalidad se ha derrumbado, presa de esta vorágine de presiones que se les hace a los silbantes para que se expulse poco.

Hubieron golpes de puño por doquier, protestas excesivas y evidentes sin ser reprimidas con las tarjetas (claro, cuando sentaron a Fernando Guerrero después del Querétaro-Pumas por expulsar al “Pikolín” Palacios por protestar, todos entendieron la señal… si quieres arbitrar no expulses por eso).

El Tijuana-Monterrey dio pena, los jugadores ya no respetan las órdenes de los árbitros cuando les dicen que no jueguen todavía el balón y les vale y lo hacen sin que pase nada. Fidel Martínez fue amonestado por clavado en el área por el árbitro Ayala y luego lo vuelve a hacer y no hay segunda tarjeta.

En Atlante-Cruz Azul, Erim Ramírez deja de marcar dos claros penales contra el Atlante que no se explica por qué no los señaló, especialmente el segundo, cuando hay un clarísimo jalón de camiseta a Pavone en el segundo tiempo frente a él y no lo marca.

Y hubo mucho más todavía. Triste, simplemente lamentable, pero la pregunta es ¿hasta dónde quieren llevar al arbitraje así?, ¿no se dan cuenta que esto es muy peligroso y que están llegando a la anarquía?

¿Qué dirá América internamente en el seno de la Liga después de ese penal enorme que no se marca a su favor?

¿Estarán satisfechos los directivos con este tipo de arbitraje? Si es así, entonces nada que decir porque tienen lo que desean, entonces ¡ni hablar!

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