Crónica de un despido anunciado

Ya nada sorprende en el futbol mexicano. El cúmulo de intereses y caprichos que existe en torno al proceso administrativo y de toma de decisiones que se da en el balompié actual posibilita que los...

Ya nada sorprende en el futbol mexicano. El cúmulo de intereses y caprichos que existe en torno al proceso administrativo y de toma de decisiones que se da en el balompié actual posibilita que los individuos sean tratados como mercancía desechable en cuanto así lo consideran conveniente los hombres de pantalón largo. Hoy me sirves, mañana no. Es el capitalismo extremo con el que el deporte profesional, y en específico el futbol, se maneja. Cualquier tipo de reflexión ética o de respeto a la trayectoria profesional del afectado queda relegado a segundo término.

La vergonzosa manera en que fue despedido el holandés Hans Westerhof ilustra claramente la carencia de principios y valores en nuestro balompié. El holandés regresó a las Chivas con la supuesta confianza absoluta de Jorge Vergara y sus colaboradores más cercanos. Para variar, como si fuera necesario atenerse al discurso de bienvenida, se le consideró como el técnico adecuado, como el hombre que cumplía con los proyectos futbolísticos de la Directiva. Fue una linda bienvenida, tanto que siempre se anticipó falsedad en la misma.

Las palabras se las llevó el viento. Hoy, el banquillo rojiblanco es ocupado por José Manuel de la Torre, quien no tuvo mayor problema para transformar su papel secundario de asistente en el protagónico de Director Técnico. A fin de cuentas, es el menos culpable. No se le puede reprochar que haya aceptado uno de los puestos más envidiados en el medio futbolístico nacional. Sin embargo, la forma en qué llegó no es ni remotamente la adecuada. El propio "Chepo" tendría que analizar qué tanto puede confiar en una Directiva que cambia de parecer de un día para otro y que ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo. No sería extraño que el hoy beneficiado salga de la misma forma en que dijeron adiós Galindo, Guzmán, Azkargorta y Westerhof. De acuerdo a la manera en que se han manejado en el Rebaño Sagrado, y aunque pueda parecer exagerado, un estratega, antes de pensar en el sueldo que recibirá mensualmente, debe contemplar como prioridad una cláusula de rescisión con muchos ceros de por medio. Vergara y compañía estarán dispuestos a derrochar el dinero.

Chivas está a expensas de lo que su propietario y el grupo que lo asesora decidan. Están en su derecho. Para eso y más pagaron una significativa cantidad de millones de dólares. Pero hay algo que sí atañe al medio futbolístico en general y sobre todo a la afición: el respeto a la identidad y a un deporte que no sería el exitoso negocio que es si no contara con millones de feligreses alrededor del país y del mundo entero. Los amantes del futbol tienen todo el derecho de exigir explicaciones. Los equipos son propiedad de personajes pertenecientes a los sectores de alto poder adquisitivo, nadie lo puede cuestionar, pero el futbol, ese que se mantiene más vivo y estable que nunca, es de los que pagan un boleto para entrar al estadio, de los que pagan una parte de su quincena para adquirir souvenirs de su escuadra predilecta y de los que han hecho rentables los productos de los Vergara, Azcárraga, Burillo y demás empresarios. A los directivos y propietarios sólo habría que hacerles la siguiente pregunta: ¿qué sería del futbol (de su negocio) sin los aficionados?

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas