Azul deslavado

La Máquina ya no es la de antes, anda a medias, sin pasión, como si le diera igual ganar o perder. La derrota del sábado anterior frente al América no fue un accidente aislado, si así pudiera...

La Máquina ya no es la de antes, anda a medias, sin pasión, como si le diera igual ganar o perder. La derrota del sábado anterior frente al América no fue un accidente aislado, si así pudiera considerarse no estaría justificado rasgarse las vestiduras ni causar un sismo en la institución celeste, sino la confirmación de una incapacidad inobjetable, que ni siquiera podrá ocultarse con una pequeña serie de resultados satisfactorios. El problema va más allá de un simple bache futbolístico, tiene que ver con una carencia de identidad, porque un equipo de tanto prestigio está obligado a mantener la mística, el orgullo y la raza; esos tres elementos son fundamentales, incluso están por encima de la actividad que se realiza sobre el terreno de juego. Hay formas de aceptar que el rival es mejor, y sobre todo, maneras de asumir los tropiezos, de aprender y rectificar.  Mientras jugadores, cuerpo técnico y directiva no se percaten del compromiso que tienen con miles de aficionados y consigo mismos, la irregularidad seguirá presentándose como un factor común en los rumbos de la Noria.

La tabla general aparece como un paliativo para los cementeros. El tercer sitio está dentro de los parámetros aceptables. La estadística es fría y como tal debe ser aceptada. Sin embargo, en una liga como la mexicana hace falta más que un torneo aceptable para llevarse la corona. Se requiere un alto grado de emotividad y la suficiente madurez para no caerse en los momentos de presión. Cruz Azul flaquea en cuanto ingresa a los episodios en los que la línea entre vivir o morir es tan delgada que se rompe ante la mínima equivocación. No parece listo para inscribirse en la lista de triunfadores, transmite poco y acostumbra dar una de cal por otra de arena. Hace falta que transmita espíritu y gallardía, que muestre disposición para acabar con la cada vez más extensa sequía de títulos.

Los aficionados de la Máquina lucen rostros de fastidio, se les aprecia cansados de tanta desilusión y hartos de soportar un sentimiento de inferioridad ante el enemigo más enconado. Es evidente que se necesita una reestructuración a fondo, un plan de trabajo a mediano plazo. Parece que la directiva lo entiende pero se equivoca gravemente en el camino que ha elegido. Pretender que comentarios tan motivadores y propicios para la unión de grupo como “ante goles idiotas y fallas tan estúpidas, pues no puedes esperar otra cosa…” generen una mejoría equivale a pensar que descalificar el trabajo de los hombres de pantalón largo de la Noria con frases similares resultaría benéfico para el futuro de la institución; aunque, pensándolo bien… merecido se lo tendrían. Si Alfredo Álvarez cuestiona a los suyos, también tendría que reconocer sus múltiples equivocaciones. ¿O será que no recuerda el dicho que reza “la culpa no la tiene el indio, sino quien lo hizo compadre?

Señalar culpables es muy fácil. Los directivos apuntan a los jugadores y al cuerpo técnico, éste a la falta de fortuna o a la suerte del rival, los futbolistas a las decisiones arbitrales o cualquier otro aspecto que los exima de culpa. Los pretextos sobran bajo cualquier circunstancia. El día en que los integrantes del Cruz Azul dejen de preocuparse por aventarse la piedra de la responsabilidad de unos a otros, podremos hablar de esa Máquina histórica y que mueve a miles de seguidores alrededor del país. De lo contrario, seguirá quedándose en la orilla.

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