La Volpe decidió... Ya el tiempo dirá

México tiene nombres y apellidos de quienes asistirán a la Copa del Mundo. Una lista conocida con anterioridad, pero que no deja de provocar las ya características polémicas que surgen en cuanto...

México tiene nombres y apellidos de quienes asistirán a la Copa del Mundo. Una lista conocida con anterioridad, pero que no deja de provocar las ya características polémicas que surgen en cuanto se eligen jugadores para viajar a la máxima justa futbolística del orbe es la que dio a conocer Ricardo La Volpe. Veintiséis elementos, algunos por razones de sobra entendibles y otros más gracias a la usual terquedad del cuerpo técnico, engloban un grupo que cargará sobre sus espaldas con el maletín de ilusiones de millones de mexicanos. Tres de ellos se quedarán en el camino. Los demás, ya instalados en territorio teutón, lucharán por el objetivo histórico de alcanzar el quinto partido. Cada uno de los viajeros, por más incomprensible que resulte su llamado, avalará o desmentirá los comentarios en torno a su persona a partir del once de junio, donde el discurso seductor cederá su lugar a la práctica, a la realidad.

El interminable punto de choque en torno a la ausencia de Cuauhtémoc Blanco y los llamados de Rafael García y Claudio Suárez, entre otros,  dan material de sobra para alimentar el debate, los elogios y las descalificaciones. Medio Tiempo no caerá en el juego de martirizar al primero ni en el de matar a los segundos. Sin embargo, es necesario señalar que el técnico nacional decidió correr el riesgo de crear un fantasma que lo persiga para siempre en caso de fracasar. Ni el medio futbolístico, ni la sociedad en general, perdonarán una mala actuación a mediados de año. Casi como efecto inmediato, sin que necesariamente la razón asista, se buscará la figura del artillero americanista para explicar el porqué de la catástrofe en Alemania. El timonel azteca acepta el riesgo y lanza un volado del que sólo el tiempo nos develará el resultado.

La controversia respecto a la lista definitiva no sirve más que como aderezo de una realidad irreversible: están los que La Volpe quiso llamar, así de sencillo; para ello se le designó como el máximo responsable de la selección mayor. Sus argumentos, válidos o no, lo llevaron a elegir entre una u otra opción. El futbol será su mejor juez, pues es precisamente en  ese juego de once contra once en el que las fichas elegidas por Ricardo Antonio validarán su convocatoria o fulminarán la credibilidad de un estratega que ya de por sí carece de ella. No se puede confiar mucho en alguien que para esquivar los obstáculos afirma tener como nominado seguro a Blanco, y que a la hora de la verdad lo borra con la barata explicación de incompatibilidad con el sistema táctico que desea emplear.

El aficionado mexicano, leal y entregado, terminará poniéndose la verde tarde o temprano. Cuando una Copa del Mundo se acerca, la objetividad es lo de menos, se apoya a la representación nacional sin pretexto alguno. Todos los mexicanos estaremos cruzando los dedos en señal de apoyo a los nuestros. No obstante, en Medio Tiempo consideramos necesario indicar que La Volpe no tendrá justificación alguna en caso de naufragar. Recibió un apoyo histórico de parte de los directivos, se consintieron sus declaraciones escasamente afortunadas ante los medios de comunicación y se le permitió llamar a jugadores que tendrían que haber asistido como turistas y no como seleccionados  nacionales. Si triunfa, nos uniremos al ambiente de júbilo; si falla, el propio seleccionador estará obligado a reconocer, con el egocentrismo que lo caracteriza, que su periodo fracasó.

Estamos en el último paso previo a la Copa Mundial Alemania 2006. Cuando la pelota gire, La Volpe y sus jugadores deberán entender que nuestros corazones estarán con ellos, impulsándolos rumbo a la victoria, pero también que el ojo crítico, agudo y profesional es requisito fundamental para que los medios de comunicación cumplamos con la responsabilidad ética que nos atañe. 

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