De pretextos y salvavidas

Estigmas y prejuicios, establecer nuestras virtudes en base al dinero que producimos y esquivar nuestros errores exhibiendo las pifias de los otros, se han vuelto un lugar común patético en la...

Estigmas y prejuicios, establecer nuestras virtudes en base al dinero que producimos y esquivar nuestros errores exhibiendo las pifias de los otros, se han vuelto un lugar común patético en la sociedad actual. En consecuencia, siendo el futbol una representación a escala de ella, sufre de los mismos males.

DE PRETEXTOSDe la misma manera como algunos árbitros cuando cometen una pifia que decide un partido se justifican echándole la culpa al jugador que tuvo un error, así mismo el dirigente del organismo rector del futbol mexicano contesta una inconformidad aduciendo a un “complot” digno de las más maquiavélicas redes de inteligencia internacional en lugar de atender el llamado que le hacen sus agremiados con una explicación clara y concisa de su trabajo.

Un árbitro de futbol está para impartir justicia, sin importar si el jugador al que le está pitando abanica 54 balones en un partido y mete 3 autogoles. El trabajo del árbitro no tiene derecho a ser parcial si un equipo juega basura. El Juez no puede justificar su trabajo con argumentos que no están dentro de su dominio, como es la calidad de un futbolista.

Así mismo, el máximo dirigente del futbol mexicano debe responder a cualquier inquietud, queja o inconformidad de alguno de sus agremiados con total respeto, responsabilizándose de su trabajo, y sin importar si el involucrado comulga o no con su manera de ver las cosas. No hacer esto, lleva a cualquier mandato a un punto dictatorial en el que todo aquel que no esté de acuerdo con este, es reprimido y castigado.

DE SALVAVIDASEs casi inevitable mencionar a Ricardo Lavolpe como representante de esta corriente, aclarando que entiendo que el hombre sabe lo suficiente, trabaja y piensa con la intención y la capacidad suficiente para hacer las cosas bien. Sin embargo, su época al frente del Tri ha estado marcada más por los contratiempos que por las sonrisas y, en esos momentos, encontró en su más famoso detractor, su salvavidas perfecto para mantenerse a flote ante su incapacidad de manejar el entorno.

Ese patito de hule se llamó Hugo Sánchez. No voy a juzgar quien tiene la razón, no importa la opinión que tenga de las cosas que hace Hugo, me refiero a la manera en que Ricardo Lavolpe y una gran parte de los involucrados en su proyecto, encontró en el opositor la estaca perfecta en la que sostener el barco del Tri en momentos de marea alta.

Si la Selección perdía, la culpa la tenían las declaraciones de Hugo, si Lavolpe se peleaba con la prensa aducía presión por parte del Pentapichichi; si Brasil nos goleó en la Copa América y en los Olímpicos se hizo el ridículo porque se programó mal la preparación de la Selección Sub-23, implícitamente era culpa de Hugo. Incluso los jugadores cayeron en esta fácil justificación y proclamaban que sus errores en la cancha eran culpa de Sánchez. ¿Es esto lógico? Una figura, algún alto jerarca, Juan Pérez, o cualquiera, tienen el derecho de estar en desacuerdo con que Lavolpe dirija la Selección y también el derecho de expresarlo. Yo, hasta el momento, sigo sin creer que una declaración le haya costado algún gol a México.

DUDAS Y CERTEZAS

Aun tengo la duda de si Lavolpe hubiera aguantado las malas actuaciones en la Copa América y los Juegos Olímpicos si no hubiera tenido a alguien mucho más famoso que él a quien responsabilizar de sus errores. Yo aun tengo la curiosidad de saber que hubiera pasado si un mexicano hubiera tratado a la prensa como lo hizo Lavolpe. Aun me carcome el alma saber donde quedó el proyecto de renovación del Tri. Sigo preguntándome porque nuestro máximo dirigente despotrica contra sus agremiados ante el más mínimo cuestionamiento.

Pero no tengo ninguna duda de que en México hay jugadores para armar una Selección de respeto, no titubeo para decir que tenemos una buena generación de futbolistas, pero creo que esta necesita alguien que les ofrezca algo más que “una buena primera ronda”, alguien que les enseñe a ser grandes, a ser ídolos y a trabajar pensando en algo más que en golear a San Vicente o en siempre caer “dignamente” ante Alemania, alguien que les enseñe que la playera verde no es una limitación y que ellos deciden hasta donde llegar.

En resumen, alguien que les diga que ellos deben hacerse responsables de sus actos, ser artífices de su trabajo y que los mexicanos no necesariamente nacemos con la imposibilidad de acceder al limbo futbolístico como un estigma insalvable.

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