La velocidad del silencio

"Pero lo que nunca voy a olvidar es ese instante mágico de silencio que hay entre el momento que el gol es inminente, hasta que el alarido del estadio lleno se desbarata en cascada sobre mi...

"Pero lo que nunca voy a olvidar es ese instante mágico de silencio que hay entre el momento que el gol es inminente, hasta que el alarido del estadio lleno se desbarata en cascada sobre mi felicidad, volviéndola eterna”, dijo poco antes de morir, el artillero Asdrúbal, conocido como “El Mago”.

Ese instante de silencio al que se refiere el emblemático Asdrúbal, es causado por el tiempo en que tarda el sonido en llegar de la tribuna hasta el oído del jugador e inevitablemente, todo aquél que ha vivido un gol estando en la cancha de algún estadio, lo percibe durante fracciones de segundo.

“Es como el silencio que hay después de una explosión o un choque terrible, sólo que en lugar de arrastrar amargura y desgracia, trae una ola de felicidad y reconciliación que resulta realmente hermosa”, opinaba del momento en cuestión, Valentín Terrés, miembro del Asturias, aquél único equipo grana que causó revuelo mientras “El Mago” militó entre sus filas.

“Es algo único, es una sensación adictiva, incluso uno la sueña, la repasa una y otra vez y se vuelve el alimento de los días subsecuentes”, resumió el antes hábil extremo Alberto Serrano, hoy entrenador, uniendo con su facilidad de palabra, las exaltadas y atropelladas expresiones de varios jugadores.

Volvamos a la historia de Asdrúbal. Jugó profesionalmente en el Asturias, en la corta época en que ya el deporte había alcanzado un desarrollo técnico suficiente para volverlo un juego hermosísimo, pero un poco antes de que la desbandada de billetes abrazara el bote del balón y lo convirtiera en la cuna de la fama. Así, pese a que “El Mago” era idolatrado por todo aquél que tenía la suerte de disfrutar alguna vez su impresionante y alegre manera de mover un balón, pudo todavía gozar de esa vida despreocupada de artista, sin necesidad de dar más explicaciones que su manera de jugar.

“No sé que hubiera hecho si el futbol no se cruza por mi camino, eran tantas la cosas que me gustaban que, si la pelota no me hubiera hechizado, no hubiera podido escoger entre las maravillas que cruzaban a mi paso”, era lo único que contestaba Asdrúbal Carrasco cada vez que se le preguntaba acerca de las razones que tuvo para dedicarse a patear cuero.

Así, por algún accidente, llegó Asdrúbal Carrasco al futbol y por un insalvable accidente lo abandonó una tarde de lleno total en el campo del Asturias. Todo iba bien, “El Mago” ya había anotado y el Asturias ganaba 3-1 ante el recién ascendido equipo de Oaxaca. Era el minuto 78 y Asdrúbal se plantó en la media luna, recortó dos veces, pasó entre los dos centrales y disparó …instante de silencio mágico… el balón cruzó entre los tres postes pero increíblemente pasó por un hueco en la red y, sin moverla, fue a dar a la tribuna.

Para cuando “El Mago” gritó su gol, la gente ya debería haber roto el silencio, pero nunca nadie vio anidarse el balón en la red, así que, ante el desconcierto, nadie emitió ruido alguno y sólo se oyó la voz de Asdrúbal.

El árbitro no se atrevió a dar por buena la anotación y nadie en la grama intentó siquiera reclamar algo siendo que lo único que veían con certeza era como el balón estaba en las manos de un plomero en la fila 3 de la cabecera norte del Asturias.

Desde ese momento, Asdrúbal Carrasco, a los 36 años de edad, se retiró del futbol, había sido traicionado sin remedio. Nadie pudo convencerlo de lo contrario y a cada alma que se le acercaba para rogarle que no los abandonara le decía:

“Puedo olvidar muchas cosas, la liviana sensación del contacto exacto con la pelota, el olor a hierba, el vapor del vestidor, el mareo después de un sprint al minuto 90, las marcas de las patadas e incluso mis goles, pero lo que nunca voy a olvidar es ese instante mágico de silencio que hay entre el momento que el gol es inminente, hasta que el alarido de un estadio lleno se desbarata en cascada sobre mi felicidad, volviéndola eterna”.

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