Buitrecitos

Nunca faltan, siempre están al acecho y han invadido el futbol. Yo los llamo "buitrecitos", porque su ignorancia los deja en un minúsculo y mediocre lugar en la práctica carroñera.

Nunca faltan, siempre están al acecho y han invadido el futbol. Yo los llamo "buitrecitos", porque su ignorancia los deja en un minúsculo y mediocre lugar en la práctica carroñera.

Estos "buitrecitos", pobres de espíritu, se han colado a todos los rincones del mundo, y por ende a todos los rincones del futbol. Afortunadamente son tan manipulables y "olvidadizos" que ni siquiera tienen el carácter para mantener sus ataques lo suficiente como para lograr un objetivo claro.

Algunos de ellos han sido puestos por la eterna lucha económica, en un lugar que necesita ser cubierto por alguien que sea absolutamente manipulable y con tal falta de principios que pueda atacar en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia, a aquél que tenga cualquier tipo de relación con la empresa rival sin importar absolutamente nada más que encontrar la manera de humillarlo.

Ahí, disfrazados de imparciales y "graciosos", pero basados en el rumor, dañan imágenes, juegan con la honorabilidad, el trabajo, el futuro, el pasado, las preferencias sexuales y en ocasiones hasta con la familia de gente de su entorno y la cual ha cometido el único pecado de ser conocido por mucha gente. La forma de vida de los "buitrecitos" es sencilla, calmar sus frustraciones viviendo de la derrota rival más que de la victoria propia y, por supuesto y ante todas las cosas, servir al amo.

Un "buitrecito" depende siempre de personajes consolidados para sobrevivir, esperan una derrota, un gesto o una mala tarde de su objetivo, para aparecer en escena, más felices que nunca por tener un árbol caído para hacer leña, por tener una herida que atacar y alguien a quien chuparle un poco de sangre para exhibirla en cadena nacional… pero no mucha, porque luego esa víctima puede ser su jefe o el consentido de la empresa.

Es realmente penoso ver el momento en el que la rueda de la fortuna del futbol los lleva a tener que cambiar su opinión porque la empresa ha decidido contratar, entrevistar o apoyar a alguien que antes era rival y por ende, le ordenan al "buitrecito" a sentarse junto a una de sus ex víctimas, "olvidarse" de todo y, con una tremenda capacidad de autohumillación acaban, ante millones de personas, "reconociendo la grandeza" del que en años anteriores fuera el blanco de toda su ira y cínico humor nefasto. Mientras tanto, con una sonrisa tremenda en la boca le sirven con prestancia y comparten una charla "entre amigos".

Lo malo es cuando los "butrecitos" llegan a lugares en los que logran convertir a parte de la afición en un monstruo terriblemente insatisfecho y enojón que olvida o se deja convencer con una increíble facilidad. Esta parte de la "afición" puede variar su opinión de un equipo, de sus jugadores, de su técnico e incluso del futbol mismo, de un día para otro. El que ayer fuera "el mejor", hoy es "un ladrón", "un holgazán", "un poco profesional"… bueno, eso al menos hasta la próxima victoria.

Para evitar convertirnos en un "buitrecito" o ser uno de sus aliados, debemos recordar siempre que tanto la derrota como la victoria son parte del juego, debemos recordar más allá del último partido y, sobretodo, debemos ser felices por la victoria de nuestro equipo, más no por la derrota del rival que podría darnos la oportunidad de humillar al alguien.

Por más que duela un partido perdido o una mala racha, hay que tener la sapiencia para no basar en eso toda la historia de un equipo o un hombre. Hay que saber digerir la derrota, puesto que, y no lo olvidemos nunca, las derrotas son precisamente lo que hace tan grande, meritoria y honorable una victoria.

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