El Justiciero

El futbol es un juego muy sencillo. Cómo dice Vladimir Dimitrijevic en su bellísima obra "La Vida es un Balón Redondo", el futbol tiene orígenes primitivos y ahí radica su éxito y su carácter de...

El futbol es un juego muy sencillo. Cómo dice Vladimir Dimitrijevic en su bellísima obra "La Vida es un Balón Redondo", el futbol tiene orígenes primitivos y ahí radica su éxito y su carácter de deporte cien por ciento democrático que lo hace ser igual de atractivo para la realeza que para un desdichado sin hogar.

Once o menos jugadores, un balón o algo que se acerque a lo redondo, una superficie plana y cualquier cosa que delimite los arcos, es lo que se necesita para jugarlo. Eso, y claro, muchas ganas y la capacidad de abstraerse del resto del mundo mientras se está intentando crear belleza con una parte del cuerpo que nunca usamos con precisión: las piernas.

Estamos de acuerdo que esto es lo único que realmente es necesario para jugar futbol, así, como una consecuencia simple, el árbitro no es fundamental, es sólo un agregado profesional para cuidar que los "caballeros" en la cancha, no dejen de serlo por un exabrupto pasional o una mentirilla, sobretodo ahora que un engaño o una trampa, tienen consecuencias catastróficas económica y socialmente en los altos niveles del juego más bello del mundo.

Este silogismo que acabo de establecer con argumentos muy sencillos y que Usted, amable lector futbolero no tiene problema alguno para entender, parece imposible de aceptar por una pequeña parte del gremio arbitral, esa parte nada indispensable para que el juego sea hermoso pero que por momentos toma por asalto el futbol para desarrollar en la cancha, el "pitobol", el "deporte del silbato" o, en algunos casos el "deporte de las frustraciones, los rencores y el oportunismo".

Los árbitros son, en su origen, hombres nobles. Hay que recordar que comenzaron siendo aquellos que cuando el futbol fue desarrollándose a niveles muy competitivos, en algún juego que enfrentaba a acérrimos rivales, aceptaba ser, por su calidad moral intachable y sentido de la justicia, aquél que renunciaba a jugar para llevar a buen término el partido, "ayudándoles" a los que practicaban el deporte, a que no hubiera discusiones sin solución.

Hoy en día, seguimos viendo hombres así, apasionados del futbol que tal vez sintieron que lo ayudaban más siendo jueces que jugándolo o en su defecto, enamorados de la justicia que quieren aplicar sus dotes para el bien de un deporte bellísimo. Estos hombres disfrutan su profesión, se divierten en la cancha y platican con los jugadores las incidencias del partido, como uno más, como un jugador que ese día le tocó llevar a buen término el juego.

Pero en la actualidad también hay hombres que no saben todo lo anterior, que creen que el arbitraje se creó primero y luego los jugadores nacieron para ponerse a su servicio con la única razón de que los árbitros tuviesen sirvientes para poder ejercer su autoridad. Hoy en día hay hombres como Marco Rodríguez que se cree un policía que lucha contra el mal social que representa el futbol, que es de la idea de que el Mundial debe mutar y convertirse en la Copa Mundial de los Árbitros, en la que ganará aquél que derrote, humille, provoque y castigue más veces a esos delincuentes que son los jugadores.

Este fin de semana nos asombramos una vez más con la "demostración de poder" del autodenominado "Ponchinello", ese paladín del arbitraje que reinventa las reglas, que descubre delitos y agresiones impensables, ese intocable, ese "policía malo" de película chafa que no puede evitar "excederse" en pro de la justicia y siempre justificado por el objetivo claro de acabar con esa plaga, esa terrible peste que representan aquellos que corretean una pelota.

Pero lo peor de todo no es que existe alguien así, ya que si el señor estuviera en su casa no podría agredir a nadie. Realmente lo peor de todo esto es que haya un hombre que proteja, consienta, justifique y aplauda todas las "gracias" de -me imagino que así lo llamará- "Ponchi".

Marco Rodríguez parece ser una gente que odia el futbol y a sus practicantes, pero lo más grave es que Arturo Yamasaki, el principal rector de los árbitros en nuestro país, lo ponga a pitar una y otra vez, aun después de que el "Ponchinello" ha tomado por asalto lo que le da de comer: el futbol.

Señores ¡ya basta!, el arbitraje está para llevar a buen término el futbol y existe porque hay jugadores que lo practican. El arbitraje está al servicio del deporte y por ende, de aquellos que lo ejercen. El arbitraje no es el fin del juego, es sólo una ayuda, un hombre que auxilia a los futbolistas a tomar una decisión cuando tienen una diferencia.

El futbol es el deporte más bello del mundo y no merece que alguien, un consentido de equis gente, lo ofenda de esa manera con argumentos y actitudes que llegan a crear una exasperación tal que hemos estado rozando la barrera de una tragedia en las tribunas.

Afortunadamente, por más que se esfuerce Marco Rodríguez o aquellos jueces que malentienden su papel, el futbol es muy bello, muy grande y muy simple para que lo destruya algo tan insignificante. Yamasaki dejará su puesto, Marco Rodríguez envejecerá, todos nosotros dejaremos este mundo y ¿saben qué? el futbol seguirá existiendo, cada vez más bello.

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