Una droga llamada Liguilla

Las Liguillas del futbol mexicano, en combinación con los torneos cortos, nos han convertido en una liga sui géneris, cuyo sistema de competencia, si bien no convence a los románticos del futbol,...

Las Liguillas del futbol mexicano, en combinación con los torneos cortos, nos han convertido en una liga sui géneris, cuyo sistema de competencia, si bien no convence a los románticos del futbol, es un hecho que una vez que se vive como aficionado se vuelve indispensable.

La Liguilla es un bombazo de adrenalina, son partidos que por más que se intentan integrar con justicia al resto del torneo, siempre acaban comportándose de manera rebelde e inesperada. La Liguilla, podríamos decirlo así, es una droga natural, es un vicio que los aficionados mexicanos difícilmente podemos dejar.

Y para colmo, un día llegaron los torneos cortos y la dosis se duplicó. Dos Liguillas al año, siete series de eliminación directa que significan 14 partidos de atención total cada seis meses, esto es, 28 juegos al año en los que los estadios seguro se llenan sin importar el rival ni qué tanto los precios se incrementaron… y claro está, esto lleva de la mano a todas las personas y negocios que directa o indirectamente, viven del futbol en nuestro país.

Los derechos de transmisión, así como la publicidad estática y en televisión o radio, se duplican. Es decir, el dinero corre exactamente dos veces más. ¿Y todavía alguien se pregunta el porqué de los torneos cortos y las Liguillas?

Sin duda alguna, la clave para que nuestros equipos hayan tenido la solvencia necesaria para comenzar a traer mejores jugadores extranjeros, pagar mejor a los nacionales y equilibrar así el nivel de la gran mayoría de los equipos, es gracias a que el dinero se duplicó. Estas Liguillas y estos torneos cortos nos han permitido convertirnos en la liga más importante en cuanto a infraestructura y poder económico de América.

En cuanto al nivel de los jugadores, se ha establecido un sistema cruel pero efectivo de selección, que les deja a los futbolistas muy poco margen de error y por lo mismo los obliga a una concentración total y un estado físico ideal. Asimismo, la oportunidad que da el sistema de competencia para que cualquier club pueda pelear por ser Campeón metiéndose a la Liguilla, genera una alternancia constante y una mayor atención de todos los sectores de la liga.

Aunque futbolísticamente sin duda es mucho mejor y mucho más justo, en México sería prácticamente imposible reestablecer un torneo largo y en el que quedara campeón aquél que tuviera más puntos. ¿Saben que pasaría en los estadios entre la jornada 10 y la 28 si nuestro torneo durara 38 fechas? Sí, exacto, los estadios tendrían entradas sumamente bajas, la atención se disiparía y sólo partidos de los llamados "Clásicos" acapararían la atención total.

Está por comenzar el último mes del año y con él, la Liguilla; la atención de la afición de ocho equipos está totalmente volcada apoyando. Pero si tuviéramos torneo largo, mucha gente lo pensaría dos veces para asistir o simplemente ver por tele un Tecos-Monterrey de medio torneo y con más de 40 puntos por disputarse. Es un hecho que no todos los aficionados estamos tan acostumbrados a asistir los estadios sin importar el rival o la altura del campeonato, algo que si sucede en España o en Inglaterra. En cambio, con un torneo corto, desde la fecha 13 o 14 ya los partidos representan la vida o la muerte deportiva de algunos equipos en ese torneo, y por tanto, la atención de la afición es atraída casi a la fuerza.

Aceptémoslo, somos adictos a las dos Liguillas por año, pero no sólo por la emoción que estas generan con partidos en los que realmente el nivel de los equipos aumenta al límite, si no porque gracias a esta inyección económica, el futbol mexicano ha tenido la solvencia para traer a figurones como Claudio López, Walter Gaitán o Tressor Moreno, ganarle al viejo continente a hombres en franco ascenso como Fabbro, "Pipino" Cuevas o "Rengo" Díaz, o retener a hombres que Europa pide a gritos como el "Chelito" Delgado.

Se ha sacrificado la paciencia para jugadores en crecimiento, pero al mismo tiempo, tenemos que los clubes tienen un poco más de dinero para crear una infraestructura de fuerzas básicas. Falta que, a cambio de este sistema muy amable económicamente, la FMF obligue a todos y cada uno de los clubes del máximo circuito a tener fuerzas inferiores.

La vía tomada con dos torneos con Liguilla al año nos está sirviendo para evolucionar, pero no debemos perder de vista que este sistema no es un fin, si no un medio para que algún día nuestra liga tenga la solidez deportiva y económica, así como la madurez de criterio y la paciencia que nos permitan jugar un torneo largo sin perder la atención de la gente y así tener tiempo para producir jugadores y exportarlos, para trabajar más en Selección para darle más tiempo a los técnicos y, en otras palabras, para lograr por fin, un desarrollo integral de nuestro futbol.

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