El tedio de la derrota

Yo sigo creyendo que un jugador es el que sufre en carne propia la derrota. Para él es un evento que es parte de su trabajo, de su vida, que afecta no sólo su pasatiempo, si no que le cambia la...

Yo sigo creyendo que un jugador es el que sufre en carne propia la derrota. Para él es un evento que es parte de su trabajo, de su vida, que afecta no sólo su pasatiempo, si no que le cambia la vida, cambia su futuro y el de su familia ¿Alguien conoce a un futbolista que haya ganado todos sus partidos o todos los títulos de los torneos que juega? Todos han perdido y para ellos es una parte clave de su trabajo.

Tengo claro que el futbol es un deporte/juego, que combina la preparación y disciplina física y táctica, con una dosis de azar y que por esto es el deporte más famoso del mundo, por su carácter de impredecible.

Entiendo que por eso nos gusta, nos apasiona, así que también supongo que, si alguna vez suplicamos por un milagro a favor y nos ha ocurrido que nuestro equipo en un mal momento saque una victoria de la nada, debemos aceptar que alguna vez estos milagros le ocurran al rival cuando está en las mismas circunstancias.

Aun, después de tantos años de verlo, me parece ridículo que ante la derrota de un "grande" o un resultado imprevisible, puede caerse en un juego rutinario ya establecido por diálogos repetitivos.

Por un lado, la prensa dice que los equipos "deben darle explicaciones a su fiel afición" y me imagino la explicación algo así como "hombre, pues que nos han metido más goles que nosotros a ellos". Por otro, tenemos que ante los cazadores amarillistas, los jugadores establecen un discurso que es como un guión y en el que "destacan el esfuerzo del equipo" y prometen "trabajar para que no vuelva a suceder”. Mientras por dentro lo que le sucede al jugador es muy distinto… se piensa en la familia, se sueña el gol fallado, o el error defensivo, aquél rebanón o la mala lectura de la jugada. La derrota se mete en la vida y convive con el jugador hasta ser asimilada y superada. Mientras todo esto ocurre deben arropar a sus hijos, sonreírle a su novia, festejarle el cumpleaños a su amigo o ir al súper por la despensa.

En los técnicos, por ejemplo, tenemos una tendencia fuerte. En estos últimos años se ha dado por establecer que el equipo "jugó mejor" y mereció ganar, algo que se puede creer la primera vez o con un suceso aislado, pero ya decirlo en una de manera repetitiva suena a necedad, a un error en el entendimiento del juego o, lo más común, a una postura obligada ante la prensa.

El discurso es bonito y vende bien, pero el técnico debe aprender, esa es su principal labor, aprender cada partido, cada entrenamiento, cada torneo, debe aprender a digerir la derrota, puesto que si no se da cuenta como se dio, nunca podrá reducir al máximo el siempre existente riesgo de esta.

Yo sigo pensando que con una visión más civilizada del futbol podríamos tener declaraciones y posturas mucho más interesantes y humanas. En lugar de darle a la gente encolerizada el típico rollo del arrepentimiento y las disculpas, creo que muchos nos gustaría saber otras cosas.

En lo personal, considero que sería bueno oír tranquilamente y sin miedo a que luego la prensa y la afición lo crucifiquen, a un jugador explicando que el juego se perdió en tal o cual jugada (que comúnmente no tiene nada que ver con lo que suponemos), que nunca pudo superar a tal o cual marca tremenda y acabó cambiándose de banda, que tenía miedo a equivocarse y por eso siempre tocaba la pelota para atrás o que se vio totalmente sorprendido por el planteamiento del rival y por eso no se atrevió a conducir la pelota. Que tal que los jugadores pudieran contarnos algunos detalles que no hemos visto en el campo. ¿No sería más entretenido?

Imagínense que los técnicos salieran ante la prensa con la confianza de decir que sinceramente el sistema lo desesperó, o que de haber sabido no hacen ese cambio, e incluso lo que la mayoría piensa en un partido parejo, que por evitarle dolor a sus jugadores, a su familia y tener la oportunidad de seguir aprendiendo, le hubiera gustado ganar como fuera, jugando feo, bonito, regular o con un autogol.

La derrota es tal vez la única manera de graduarse en el futbol, sin embargo, un odio que ha salido de quién sabe donde, nos impide explorarla y hemos obligado a los derrotados a seguir una serie de rituales que no enseñan nada y, al final, resultan ser bastante tediosos.

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