Ganar

La sensación de triunfo es inigualable. Ganar es algo que debemos probar todos para darnos cuenta del significado del juego, la victoria es un objetivo que se debe saborear para poder anhelar,...

La sensación de triunfo es inigualable. Ganar es algo que debemos probar todos para darnos cuenta del significado del juego, la victoria es un objetivo que se debe saborear para poder anhelar, para luchar por él, para conocer el verdadero significado de la palabra triunfo.

Es cierto que el ser humano, por naturaleza, compite y se supera en asuntos que no responden únicamente a su instinto de supervivencia. Competimos por otras causas, por simple diversión, para desarrollar habilidades, por cumplir con esa necesidad que nos pone a probarnos en cada momento, pero sin duda el elemento principal que buscamos al competir o jugar es uno: ganar.

El futbol, un deporte-juego, tiene ese claro objetivo. Busca desarrollar las habilidades, la estrategia y la ambición suficiente para lograr el triunfo. Pero ¿cómo saber lo que se busca si nunca nos ha tocado ganar nada? ¿Cómo llegar a practicar con toda el alma para llegar al triunfo si nunca lo hemos probado? ¿Cómo lograr esa ambición para ganar por primera vez?

Las respuestas a esta pregunta son para mí, la diferencia que hay entre un buen técnico y un técnico ganador; entre un teórico y un líder de un equipo, digámoslo así, entre un burócrata del futbol y aquél que lo disfruta día a día, que lo vive, que lo sueña, que recuerda lo pasado para aplicarlo en el presente y pensando siempre en el triunfo futuro.

La principal motivación está en darnos cuenta que el futbol tiene pequeños triunfos a cada paso, el primer momento que pudimos levantar la pelota, aquél día mágico en que logramos dominarla en más de diez ocasiones, ese instante de precisión en que nuestro tiro a gol efectuó el recorrido que habíamos imaginado en nuestra mente, aquél momento inexplicable en que, cómo en un baile, entendimos el ritmo del cuerpo del rival para hacerle un túnel en el momento deseado y con un objetivo claro; el día que ganamos nuestro primer juego, que anotamos nuestro primer gol, ese día en que jugamos nuestra primera Final, y todo esto para llegar al momento en que, sin importar dónde, levantamos nuestro primer trofeo.

La mayoría de nosotros tendremos estos triunfos sólo para soñarlos un poco, para dormirnos y levantarnos con una sonrisa y una razón. No vamos a salir en los diarios, no obtendremos un contrato millonario ni nos volveremos la imagen de la marca comercial más importante del mundo. La mayoría de nosotros, que somos la enorme base de este hermoso deporte, lo haremos sólo por una causa: probar, al menos una vez, ese sabor inolvidable de la victoria.

Es difícil de entender, pero hay gente en el mundo del futbol que al parecer nunca ha probado el triunfo, que no lo busca, que no le interesa. Es claro que una vez que ganamos algo, nuestra búsqueda siempre tendrá en mente ser mejores, intentar acercarnos lo más posible a una victoria cada vez.

Es difícil de comprender, pero hay quienes pueden mantenerse impávidos cuando su equipo consigue un título, que pueden alejarse tanto de la sensación de triunfo que llegan a no buscarla. ¿Cómo pueden alguien no emocionarse y derramar algunas lágrimas al levantar un trofeo? Sólo encuentro una explicación, esos hombres nunca han probado el triunfo, en todos los aspectos de su vida siempre han visto ganar a otros y se han preguntado ¿porqué tanto escándalo? Han aprendido a quedarse en la banca sin buscar salir de ella, a decir que se divierten mucho perdiendo, a proclamar la derrota como el símbolo falso del romanticismo. Han preferido nunca probar el platillo, ni siquiera imaginarlo, para así no tener que luchar por él.

Pero sólo pueden llegar a eso porque nunca han sabido a valorar sus triunfos, nunca han aprendido a disfrutar el placer de ganar divirtiéndote en una cascarita en pleno camellón o el orgullo de entregarse a tope en la única canchita que pueden pagar, para al menos, estar cada vez más cerca de la victoria. Han aprendido a dejar que ganen los otros… y se han resignado a siempre hablar de eso con total amargura o desinterés.

Nunca, por favor nunca dejes de intentarlo, no importa si eres el más limitado lateral derecho o el mejor futbolista de tu cuadra, de México o del mundo. Nunca dejes de luchar para disfrutar, aunque sea una vez más, lo que se siente derramar lágrimas por haber conseguido una victoria honesta.

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