Micromundos

En el futbol actual hay demasiadas cosas que apreciar. El juego está lleno de sucesos, detalles, rincones y eventos que lo vuelven prácticamente un ecosistema en el que hay diversos niveles que...

En el futbol actual hay demasiadas cosas que apreciar. El juego está lleno de sucesos, detalles, rincones y eventos que lo vuelven prácticamente un ecosistema en el que hay diversos niveles que admirar.

Este juego, siempre bonito, es realmente una representación a escala del mundo, por esto ha alcanzado el nivel de globalización que ahora vemos. Socialmente es un fenómeno que siempre tendrá eventos nuevos y en extremo variados, tal cual ocurre en todas las civilizaciones.

No podemos quedarnos con las limitantes de la televisión, no podemos apreciar el futbol real si no hacemos un esfuerzo. No podemos echarle siempre la culpa a los medios, nosotros tenemos que esforzarnos por buscar, encontrar y analizar los detalles, esto claro, si es lo que nos interesa. La TV tiene un compromiso general, no puede ir a lo particular pues estaría discriminando y haciéndose un harakiri publicitario que a largo plazo acabaría enterrando incluso al futbol mismo.

Con todo el aparato de mercadotecnia que ha convertido la transmisión de un juego en un intrincado laberinto neobarroco y desalmado, al menos siempre tendremos la posibilidad de tener el juego a la mano. Lo demás, depende de nosotros.

Obviamente siempre será mejor estar en un estadio, y para los que tenemos suerte, estar alguna vez a nivel de cancha es un regalo invaluable, pero es claro que la mayoría de los partidos de futbol que hemos visto y veremos en nuestras vidas, serán a través de la televisión.

Tácticamente hay cosas muy fáciles de averiguar y que nos convierten los partidos más cerrados en todo un mundo por descubrir. Esto es, fijarnos en la formación de un equipo, si juega con línea de 3 o 2 centrales, si prefiere usar doble contención o un rombo en el medio campo; por dónde prefiere salir; si el equipo sabe brincar líneas para zafarse presión o si insiste en salir jugando; si hace pressing o repliega líneas, si los desbordes por las bandas llegan a línea de fondo o recortan en diagonal hacia el área; si el equipo logra dejar a los delanteros con la pelota de cara al arco, si estos delanteros se meten entre dos de los centrales, prefieren anticiparse o siempre reciben dando la espalda al portero rival por la buena marca.

Esto no lo dice ninguna transmisión y tampoco es una ciencia intrincada. Es mucho más sencillo de lo que parece, siempre está ahí, a la vista de todos y con las claves del duelo implícitas. En ocasiones las cuestiones sorpresivas no lo son tanto si nos fijamos un poco más, tal vez con un poco más de atención no podrían vendernos espejitos tan seguido y acabaríamos mucho más satisfechos tras un partido, no importando el resultado.

Sin embargo, si preferimos ver los goles de la jornada en lugar de un partido completo; si seguimos diciendo "yo no veo los partidos de la Selección porque van a perder cómo siempre", si argumentamos en las discusiones futboleras sin ver los partidos y repetimos como merolicos las "leyendas urbanas" que nos ha creado la TV, odiaremos al futbol mucho antes de lo imaginado.

El aficionado merece respeto, pero el futbol y el futbolista también. Nosotros podemos exigir que haya un espectáculo de calidad, pero el futbolista o el técnico deberían, y no pueden, exigir que el público se de cuenta de lo que hacen antes de abuchearlo o aplaudirlo. ¿Cuántas veces has hablado de un juego sin haber visto más que 10 segundos de goles en los miniresúmenes de la televisión actual? Sería como criticar un libro por leer el resumen de la contraportada.

Hay muchos aficionados en nuestro país que ven, gozan y leen los partidos con un interés formidable, pero en general en México el futbol se ha vuelto un deporte de "oídas" y así, ningún juego es bonito, ningún equipo es grande y ninguna victoria te cambia la vida.

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