Criminales de las canchas mexicanas

Por Ernesto José Campos

Por Ernesto José Campos Durante un viaje a El Salvador en diciembre del año pasado, tuve la oportunidad de ver la final de primera división que disputaban el Club Deportivo Águila y el Municipal Limeño. Más allá del triunfo del primero, lo que saltó para este autor fue la forma de practicar el futbol en esa nación. Rudeza y patadas cada dos jugadas. Muestra de falta de recursos en muchos jugadores. Analizando con calma lo ocurrido durante la última jornada en algunas canchas mexicanas llegué a una terrible conclusión. No sólo el nivel de México ha sido acortado en referencia a los países de Centroamérica, sino también ha caído en el defecto de la rudeza innecesaria. En un viejo programa televisivo el entonces árbitro en activo, Arturo Brizio, aseguraba que la mayoría de los futbolistas mexicanos salían a dos cosas a las canchas. Una era la de tratar de engañar al árbitro y la otra la de lastimar al compañero de profesión. Debo admitir que juzgué el comentario como exagerado, pero ahora entiendo la postura de Brizio. Es inconcebible que se den entradas como la Antonio De Nigris sobre Javier Saavedra, y son intolerables las actitudes de Manuel Vidrio y Víctor Santibáñez que no querían más que causar un terrible daño a su rival, que a final de cuentas es su colega. En el pasado sólo ubicamos casos aislados de criminales de las canchas. Está Rafael Puente y su récord de expulsiones como portero en los años setenta. Durante los 80 Aurelio “coreano” Rivera fue el temor de los delanteros, mismo que llegó a pavor cuando fracturó a Missael Espinosa y casi lo margina de Estados Unidos 94. Octavio “picas” Becerril también es recordado por la cantidad de lesiones que provocó, lo mismo que Fernando Quirarte que en el término de su carrera fracturó a la entonces, joven promesa, Marco Antonio “Chima” Ruiz. En épocas recientes, ya en los torneos cortos, la imagen de la patada que da Ángel David Comizzo a Carlos Hermosillo en la final del Invierno 97 se recuerda como una bestialidad, lo mismo que el codazo de Fabián Prátola a Carlos Muñoz que le provocó una fractura múltiple en la nariz. Y qué decir de la enorme cantidad de expulsiones que suman Ghandi Vega (ahora en Necaxa y antes en Tecos) e Isaac Terrazas. Muchas para jugadores que no llegan a los 30 años de edad. Pero esos (más algunos que se escapan a la memoria) son los casos que se cuentan en varios años. Tristemente en este torneo se pueden localizar escenas como la de Carlos Morales del Morelia siguiendo más de media cancha al joven lateral del Celaya, Juan Carlos Alonso, para barrerlo por atrás y provocarle un esguince, o al “Matute” Morales llegando a tronar la rodilla de un elemento del León, lo que afortunadamente no consiguió. Pero lo este fin de semana ya es preocupante por la frecuencia con que se está dando y por el aumento en la magnitud de las agresiones. Manuel Vidrio no quería más que lastimar (y cuanto más) a Francisco Palencia. Evidentemente 33 puntos de sutura no son ninguna caricia. Víctor Santibáñez intentó pisar en dos ocasiones a Isaac Terrazas en la cara, si tomamos en cuenta que los zapatos de futbol cuentan con tacos de aluminio, el daño hubiera sido trágico. Es triste saber que Manuel Vidrio podría incluso ser encarcelado si el Cruz Azul se apega al código penal. Las heridas que tiene Juan Francisco Palencia tardarán más de 15 días en sanar y dejarán cicatriz. Según la ley eso es motivo de cárcel inmediata sin derecho a fianza por un periodo mínimo de 30 días. La imploración del futbol mexicano debe ser la de castigar ejemplarmente a esos criminales de las canchas y mostrarlos como ejemplo de lo que no se debe hacer. De lo contrario sería un terrible paso hacia atrás. Por lo pronto el futbol mexicano muestra a todo el mundo, en que confederación y zona geográfica está ubicado... ejcampos@mediotiempo.com

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas