MMB y su deseo de ser odiado

Por: Ernesto José Campos

Por: Ernesto José Campos No podría explicar de otra forma la actitud de Miguel Mejía Barón como la de un tipo que se divierte por destruir lo que tiene a la mano y por hacerse odiar hasta por el menos rencoroso de los seres humanos. Hagamos un recuento: La soberbia lo invadió después de una buena etapa en la selección nacional a partir de 1993 y en 1995 tras perder 4-0 con Estados Unidos en Washington durante la disputa de una Copa USA comenzó a cambiar su personalidad. Agresivo con la prensa y pedante con los aficionados. El problema que había tenido a raíz de no haber ingresado al campo a Hugo Sánchez en el partido contra Bulgaria en el mundial de Estados Unidos 94 se acrecentó al romper una promesa que tenía con el “pentapichichi” de convocarlo para la Copa América de Uruguay 95. Vino una eliminación vergonzosa a manos de los estadounidenses en ese mismo certamen y su consecuente despido de la selección nacional. Reapareció en el Invierno 96 al frente del Atlante con la encomienda de salvar al equipo del descenso. Ese objetivo lo cumplió y el equipo terminó de superlíder ese primer torneo pero cayó en los cuartos de fina por global de 9-1 ante Toros Neza. El equipo salió de problemas porcentuales base de un futbol aburrido y defensivo que hizo que cada punto que ganara el Atlante le significara muchos aficionados menos. Así fue hasta el Invierno 98 cuando sale de los Potros dejando sus gradas totalmente vacías. Había comenzado el efecto “medusa” y más con las gradas de los estadios. Todo lo que tocaba lo convertía en piedra... Y por supuesto con la prensa no llevaba una buena relación. Reapareció pronto, en el Verano 99 al frente de los Tigres y con ese juego mezquino y defensivo no pudo acceder a ninguna liguilla. Fue despedido. Su siguiente trabajo se daría con la Franja del Puebla en el Verano 2000 y tras calificar con apuros a la liguilla fue eliminado con el peor marcador global que se recuerde en la historia de las liguillas (al menos en los torneos cortos) 9-0 en manos del Toluca. ES decir en su currículum lleva dos goleadas históricas con dos equipos distintos. Al término de la campaña decide retirarse de técnico no sin antes recomendar que Sergio “Ratón “ Zárate y el ecuatoriano Iván Kaviedes fueran despedidos del equipo. Tras una breve estancia como hombre de pantalón largo en la organización poblana tiene algunos problemas y renuncia. Regresa al mapa en el Verano 2001 con los Pumas y su primera acción represiva es mandar a Horacio Sánchez a la segunda división y no darle oportunidades en el primer equipo. De igual forma arremetió contra todos aquellos que en su momento se manifestaron contra la salida de Hugo. Luis Ignacio González a la banca, Jaime Lozano ni siquiera considerado en las concentraciones y lo último fue comportarse de manera represiva y soberbia hasta la enfermedad con Israel López por haber dicho algo muy común en Pumas. “Mi ciclo ya terminó y quiero salir”. ¿Qué acaso no dijeron lo mismo en su momento Claudio Suárez, Alberto García Aspe, y otros elementos? ¿Horacio Sánchez debe de pagar ser el sobrino de Hugo Sánchez estando en la banca y viendo como le impidieron hasta ahora ser transferido a otro equipo? ¿Es motivo de separación del equipo decir que se quiere emigrar al término de la campaña? ¿Se debe de tratar con tanta prepotencia a la prensa y contestar a sus preguntas con ofensas? Eso es lo que debería de preguntarse cualquier otro directivo que considere en el futuro contratar a Miguel Mejía Barón. De Javier Jiménez Espriú ni hablamos. Mentalmente esta para cual con el Doctor de la Soberbia... ejcampos@mediotiempo.com

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