Ligereza de juicios

Transcurría marzo de 1998 cuando este servidor se encontraba haciendo sus primeras labores en el periodismo. Después de pasar encerrado algunos meses en la redacción de El Economista haciendo las...

Transcurría marzo de 1998 cuando este servidor se encontraba haciendo sus primeras labores en el periodismo. Después de pasar encerrado algunos meses en la redacción de El Economista haciendo las labores propias de quien comienza en esta carrera, me encomendaron cubrir la presentación de un libro en un restaurante al sur de la Ciudad de México. “El rey del gol” era el título que un escritor español, cuyo nombre no recuerdo en este instante, había colocado al resultado de un trabajo de investigación sobre la vida de Hugo Sánchez y su carrera deportiva, sobre todo en el Real Madrid. Esa historia es bien conocida por muchos. Después de la serie de preguntas y respuestas propias de las conferencias de prensa, Hugo Sánchez comenzó a firmar libros a quien se lo solicitara. Al llegar mi turno me preguntó de dónde iba. --De El Economista, es el primer evento al que acudo – fue mi respuesta -- Entonces soy tu padrino, pues mucha suerte, nos estaremos viendo— dijo y me entregó el libro. Puede sonar nostálgico para muchos de ustedes, pero para mi fue una manera interesante de comenzar mi carrera periodística. Aún conservo ese libro que en su primera página tiene la leyenda “Ahijado, mucha suerte en tu carrera. Hugo Sánchez M.” Esa fue la primera impresión que tuve de él en el ámbito profesional, aunque ya antes de niño lo había visto jugar en persona y mi admiración por él, como lo han podido leer en otras columnas es evidente. Al paso de los años, cuando escribía para El Universal me tocó cubrir la primera etapa del pentapichichi como técnico de los Pumas y casi a diario acudía a los entrenamientos en CU. La imagen que tenía de él COMO PERSONA no cambió en lo absoluto. Muchas historias pueden decirse de él, no puedo garantizar que todas sean ciertas o falsas, por lo que conozco de él dudo que insulte a un trabajador en el vestidor de un estadio al que es falso que acudió dos veces en un año, pueden revisar calendarios y Pumas no visitaba Veracruz desde 1996. Su forma de ser es polémica y eso hace imposible que pase inadvertido, para muchos es detestable la forma en que opina o se conduce, para otros no tanto, aunque hay que aceptar que ese carácter lo acompañó toda su vida y lo ayudó a sobreponerse a situaciones muy adversas. Llamarle “pobre diablo” a una persona con su palmarés se me hace muy torpe, incluso como técnico su trabajo no ha sido malo. No ha sido campeón es cierto, pero tiene 3 semifinales en 2 años, lo que Pumas no había podido sumar en los 8 anteriores y no hay que olvidar la participación en la Copa Libertadores. Hugo tiene sus meritos y también sus defectos, sus amigos y también sus detractores quizá las dos corrientes tengan razón en sus opiniones dependiendo del punto de vista en que lo vean. Puede ser juzgado por defender el nacionalismo y tener acento español (país de su esposa, en el que vivió más de 10 años y al que visita constantemente) pero ¿Acaso alguien que nació en Veracruz y después de vivir 10 años en el DF debe ser señalado y juzgado por haber adoptado términos “chilangos”? Eso se me hace un juicio muy vacío. Llamar a Hugo “pobre diablo” porque le contestó feo a un vigilante se me hace muy vacío y torpe. Ya es sólo soltar golpes a ciegas con tal de molestar cuando hay otras cosas más cuestionables.

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