Planeta Futbol

En la vida hay un mundo creado por Dios para los hombres, donde el planeta tiene forma de balón, en el cual cada gajo es una raza y cada raza no tiene un lenguaje propio sino un idioma universal...

En la vida hay un mundo creado por Dios para los hombres, donde el planeta tiene forma de balón, en el cual cada gajo es una raza y cada raza no tiene un lenguaje propio sino un idioma universal llamado futbol. Yo nací en este planeta, provine de una bola anidada en el vientre de mi madre y cuidada con un amor equiparable al de todo guardameta cuando protege la pelota para que su meta no sea vencida. Cuando esa bola se desprendió creó un ser humano con sueños. Esos sueños se conjuntaron con magia al recibir mi primer regalo, un cuero lleno de aire y de ilusiones. Ilusiones que veía en cada uno de mis amigos y en mi vida al patear tan añorado balón y hacer suertes y piruetas con el mismo. La preciosa esfera mágica contenía un escudo que defendían once guerreros en un campo de batalla verde  que me motivaron a pertenecer a tan valiente corte, a la cual mi padre también pertenecía años atrás.

Al transcurrir de los años, ese mismo balón seguía creando fantasías en cada niño y persona que conocía, bastaba con tener un balón en sus manos o seguir a sus guerreros que defendían sus colores y  escudo  de una forma noble como todo buen caballero defiende a su rey. En las batallas sobre el pasto verde vi guerras inolvidables de escuderías  que tenían nombres de continentes, animales o maquinarias que batallaban con gallardía por la victoria. Hasta presencie batallas de lugares lejanos más allá del horizonte, batallones de cortes reales,  del teatro de los sueños, internacionales, de escuelas de excelencia, academias, equipos de ríos plateados y  juniors. Su única arma su cuerpo y un balón.

Los caballeros de cada corte no sólo eran personas comunes, eran superhéroes, malabaristas, magos, ilusionistas y guerreros.  Todos ellos artistas cuya habilidad estaba en sus pies. De esos guerreros recuerdo muchos, pero dos en especial: uno con un uniforme merengue y un nueve en su espalda, con la habilidad de suspenderse en el aire y hacer piruetas cual esteta rompiendo todas las leyes de la gravedad, un ariete que vencía al rival y provocaba aplausos y pañuelos blancos de personas pidiendo inmortalizar cada jugada. El segundo, era un mago de uniforme albiceleste y un diez en la espalda, un ser que enseñó que no hay mejor lucha entre dos enemigos odiados que la que se da sobre el césped, una persona con la gracia de la mano de Dios, que dejaba rivales en el camino y alcanzaba la victoria y los premios más codiciados como el  trofeo del planeta con Ángeles de oro.

Como ellos vi muchos más que inspiraban a  conocidos y extraños, a muchos de ellos los llamaban príncipes, pibes, pitufos, buitres, codinos, fenómenos, santos, etc. De playeras verde-amarellas, auriazules, azulgranas y  de muchos otros colores que luchaban en coliseos alentados por cánticos de seguidores. Esas batallas eran escritas, narradas y comentadas por  trovadores, hombres que contaban las hazañas de los guerreros y las personas gozaban al escucharlas. Muchos de estos cuenta historias eran ex  combatientes, entrenadores, estrategas de batallas o simplemente amantes del futbol. En ese momento  sentí que mi destino era contar el poder del balompié y sus soldados.

Hoy realizo esta profesión  y pertenezco a un grupo de hombres que sienten lo mismo que yo,  nuestras armas son un papel y una pluma  y nuestra  pasión hablar del “Planeta Futbol”.                                                                                                  Continuará...

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