Cuelgan los guantes dejando sueños

Hace unos años, en 1998, previo al mundial de Francia, oí a Mario, un niño de ocho años, vecino mío, gritar eufórico por ser Jorge Campos en una cascarita dominical. Años después, en marzo del...

Hace unos años, en 1998, previo al mundial de Francia, oí a Mario, un niño de ocho años, vecino mío, gritar eufórico por ser Jorge Campos en una cascarita dominical. Años después, en marzo del 2002, posterior al campeonato del América, escuche a su hermanito Uriel gritar por ser Adolfo Ríos en una tanda de penales entre niños en la cuadra. Hoy me cuestiono al querer saber que estarán pensando estos dos hermanos del anuncio de retiro  y del retiro de estos dos grandes porteros mexicanos. Adolfo Ríos y Jorge Campos han dejado una gran huella al ser dos de los mejores guardametas de la historia de nuestro balompié, jugadores iniciados en la cantera puma a finales de los ochentas y con dos estilos e historias muy diferentes.

Adolofo Ríos, un michoacano ejemplo de profesionalismo para todo jugador, cancerbero clásico, seguro, con reflejos sorprendentes y con gran fortaleza física. Su entrega lo llevó a ganar campeonatos con Pumas, Necaxa y América. Llamado a la selección pocas veces, pero con mas fortuna a nivel local por ser pieza importante en cada uno de los campeonatos de sus escuadras. Portero introvertido que prefiere dejar mas huella como ser humano que como futbolista.

Jorge Campos, guardameta y delantero en la cancha, un revolucionario de su posición al igual que Rene Higuita y Hugo Gatti, símbolo de la selección mexicana y estrella a nivel mundial. Portero de uniformes vistosos que achicando la cancha, volando para sacar un balón de gol o burlando como portero a delanteros y ganándoles el mano a mano marcó toda una época y captó toda la atención del mundo. Atractivo de la mercadotecnia, sus productos eran pedidos hasta en Japón. Un jugador que no se considera ídolo por creer no ser ejemplar, su retiro fue tan rápido e inesperado como su llegada  al plantel técnico de la Selección. Su personalidad extrovertida y liderazgo ha sido de gran beneficio para los jóvenes del plantel mexicano.

Adolfo Ríos y Jorge Campos dejan un legado muy importante a toda una generación; su calidad, el profesionalismo y la alegría por el futbol los distinguieron de los otros porteros de su generación, ganando la admiración de muchos entrenadores, jugadores y personas que más de una decena de veces han coreado sus nombres en los estadios.  Ellos no solo han dejado admiración, también han dejado  frutos que se empiezan a ver en porteros de calidad como Oswaldo Sánchez, Oscar Pérez, Christian Martínez y Guillermo Ochoa. Guardametas que, por su calidad, podrían jugar en los clubes más importantes del mundo, como el Manchester United y el Barcelona, que llevan años buscando un portero confiable.

Al ver la etapa final de estos dos grandes jugadores  no sé que estén pensando esos dos niños vecinos míos que escuche eufóricos gritar Campos y Ríos, lo que si les puedo asegurar que estos dos pequeños juegan  cada fin de semana en sus equipos como porteros soñando realizar una atajada espectacular, el desvío de un disparo o la parada de un penal que les de el triunfo emulando a  sus héroes de la infancia. Jorge Campos y Adolfo Ríos al colgar los guantes han dejado sueños, esperanzas e  ilusiones en los corazones de niños y personas, mejor trofeo  no pueden tener.

 

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