El futbolista nace, no se hace

La técnica es irrelevante en muchos casos, ahora, si tú no naciste siendo veloz, nunca vas a llegar a serlo, y sin esta característica física no puedes jugar futbol profesional.

Todos nos extrañamos al ver jugadores que, queriendo despejar un balón con la pierna inhábil, casi casi se tropiezan o la mandan afuera del campo de manera horrible, jugadores que al conducir se ven pésimo y se desahacen del balón inmediatamente, o defensores que sumados al ataque les queda un rebote y disparan 20 metros arriba del arco; a algunos se les hace increíble que les estén pagando por jugar al futbol.

Estos jugadores, obviamente, tienen una técnica por debajo de la media, pero esto lo compensan con exigencias físicas notables, un ritmo regular los 90 minutos de todos los juegos, generalmente saben sus limitaciones y no compiten donde no deben. Sin el balón son leones, tácticamente muy ordenados y disciplinados, si el entrenador se los pide, se avientan de cabeza diez veces seguidas al banderín de tiro de esquina, rapidísimos y fuertes, son triunfadores y tienen una actitud a prueba de todo.

Lo comentamos la semana pasada, la técnica es irrelevante en muchos casos, ahora, si tú no naciste siendo veloz, nunca vas a llegar a serlo, y sin esta característica física no puedes jugar futbol profesional, tan crudo y real como suena. Esta cualidad en particular es imposible de desarrollar, el cambio de ritmo, la explosividad, el "pique" en corto, no se adquieren y son esenciales para el futbol de estos tiempos, la fuerza, la resistencia y la flexibilidad en cambio, si son desarrollables.

Cuando he tenido la oportunidad de jugar en algún partido amateur, es sorprendente las características técnicas y tácticas de algunos jugadores que nunca pisaron una cancha profesional o apenas se asomaron en este nivel. Todo lo hacen bien, tienen un golpeo extraordinario, se paran justo donde tienen que hacerlo con posesión de balón a favor y en contra, excelente juego aéreo, con mucha personalidad, muy competitivos y dedicados, desafortunadamente, las mentadas fibras azules, esas que determinan quién es rápido y quién no, están ausentes en estos jóvenes y hombres que menciono.

No se puede ir contra corriente, no se puede pensar que como entrenador te irá bien con jugadores que den espectáculo, que saquen jugadas de la chistera, jugadores finos pero "trotones" o lentos, eventualmente triunfarán, por lógica, los equipos con jugadores rápidos, fuertes y dispuestos al sacrificio, que te exigirán todos los segundos, en todas las jugadas, a cualquier altura del terreno de juego.

Así como al buscar una oportunidad en algún equipo te realizan tests de velocidad en donde, de no cumplir con un mínimo establecido, no serás observado con el balón; muchos equipos de Primera División también tienen como regla básica, al hacer un escrutinio de nuevos valores, ciertos parámetros en lo que se refiere a la talla y la altura de los jóvenes, que es una de las nuevas prioridades en este deporte; un jugador menor al 1.65 metros proyectado, ni siquiera es probado, no pisará la cancha, y si lo hace, será sólo para rellenar y servir de "sparring" a los candidatos reales. Siempre es grato ver las excepciones a la regla, por ejemplo, Christian Bermúdez con su 1.63 metros, nos causa tanta simpatía y asombro por esa razón.

Un jugador con cualidades físicas sobresalientes tiene mucho más posibilidades de ser aceptado en cualquier equipo que uno que tenga atributos técnicos espectaculares, pero que no llene los requisitos físicos antes mencionados. Total, con la repetición aprenderá, poco a poco, a patear la pelotita; qué tanto mejore, qué tan bien o regular lo llegue a hacer, sólo determinara su posición dentro del campo de juego.

El futbol ha cambiado y lamantablemente es cada vez mas físico, cada vez vemos menos pinceladas y genialidades, se reducen los espacios y se suman defensores. Siempre será más fácil destruir que crear, la ley del más fuerte está en boga nuevamente, las canchas de futbol se han convertido en pistas de atletismo, 100 m, 200 m, 5,000 m, salto de altura, de longitud. Qué importa si el lateral tira todos los centros atrás de la portería cuando se suma al ataque, si defensivamete es una gacela infranqueable; qué importa si el centro delantero no puede conducir 5 metros o eludir un cono siquiera, si por arriba, tarde o temprano, va a ganar y anotar; qué tiene que ver si el contención no da un sólo pase bueno si corta todos y cada uno de los avances del rival.

De 100 jóvenes que tratan con todas sus fuerzas jugar futbol profesional, y hablo de 100 preseleccionados ya, que trabajan en Fuerzas Básicas, sólo 1 ó 2 lograran pisar el Azteca (ese es el promedio), sin embargo, si éstas 100 personas pusieran el mismo ahínco en llegar a ser profesionistas de cualquier clase, probablemente 70 u 80 lo lograrían, quizá más.

Hoy, más que nunca el futbolista nace, no se hace, sé de infinidad de personas que pasaron toda su infancia, su adolecencia y parte de su adultez con un balón bajo el brazo y unos zapatos de futbol colgados al hombro queriendo jugar a nivel profesional, un deporte que dejó de existir tal y como lo conocíamos, hace ya algunos años.

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