Mascareno

Te extraño mucho

Miércoles 28 de Abril del 2010



Mis padres pensaron que sería buena idea regalarme en mi tercer cumpleaños una pelota de futbol, hoy mi vida no tiene otro sentido ni dirección más que el que dicta el rodar de esa pelotita.

Extraño el olor y “picor” del pasto en mi cara después de recibir una falta, la sensación de tomar con las manos el balón jamás pateado de los fines de semana o el cascareado y huevo de los martes y miércoles que decía “primer equipo”, el zumbido de los aficionados y sus trompetas cuando en la cancha no está pasando nada, el grito al unísono al salir del túnel de casa o el chiflido igual sincronizado siendo forastero.

Extraño hacer un “túnel” intrascendente en medio campo, una recepción dirigida o un cambio de juego al pecho, un gol espectacular o sólo el “pase a la red”, una “bicicleta” un “taco” o una “rabona”, una “pared”, un “sombrerito” o una “chilena”.

Extraño también el sabor salado y baboso de la saliva de mi rival si al escupirme me tomo con la boca abierta, extraño la sangre correr por mi cara sin saber porque, burlarme al hacer un gol o aguantarme el alarido al recibir la patada perfecta, extraño muchísimo buscar a mi contrario al final del encuentro y decirle, “bien jugado”.

Extraño la axila en mi cara y el color amarillo o rojo en todo lo alto, extraño las cábalas y las plegarias minutos antes de saltar a la cancha, los aplausos y las mentadas, la palmada al perder, el abrazo al ganar y cualquier cosa al empatar.

Vomitar el lunes después de la de “Cooper”, orinar negro después del partido o acalambrarme en la regadera, extraño el “crack” de mi hueso y la sensación caliente e indolora de mi tobillo volteando hacia donde no debería, extraño el miedo e incertidumbre de mi primera operación, de mi segunda, de mi tercera, la ansiedad de fin de año al pasar mi nombre sin hacer pausa en la lista del “draft”, lloro hoy por mis lagrimas al descender, lloro más aun por las que derrame al coronarme.

Hoy, después de tantos años, cuando nuevamente entro a jugar en cualquier cancha unos minutos nada mas, cuando recorro “cojeando” lo verde de tu césped, me invade una emoción indescriptible porque aun me reconoces y vuelves a sonreírme.

Te extraño muchísimo, perdóname por tratarte como lo hice, perdóname por no correr ese metro que me falto aquel lunes por la mañana.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.
  • IMPRIMIR
  • COMPARTIR
  • ENVIAR
  • Califica:
    •  comentarios

    Identificado como:

    Restan 255 caracteres