¿Y yo qué hice?

Generalmente no juzgo a quien corre a mi lado, quien me toca, me abraza o me grita, por supuesto que siempre preferiré a quien lo hace de la mejor manera.

Generalmente no juzgo a quien corre a mi lado, quien me toca, me abraza o me grita, por supuesto que siempre preferiré a quien lo hace de la mejor manera, pero si tiene o no dinero, si es blanco, negro o colorado es lo mismo, siempre y cuando lo haga por amor, que anhele desde lo más profundo de su alma compartir la cancha un rato conmigo.

No me importa trasladarme miles de kilómetros para ser el centro de atención por 90 minutitos, correr sin parar a más de 40 grados o disfrazarme cuando está nevando, toda la semana espero con ansia ese pequeño lapso de tiempo para sentirme con vida, los aplausos, gritos y abucheos por mis ocurrencias le dan sentido a todo lo demás.

Hoy me avergüenzo por lo que hago y lo que soy, siento repulsión por quienes comparten conmigo la cancha, asco por los que pretenden explicar qué hice y por qué, y lástima por quien gasta para verme los fines de semana.

¿Yo qué hice?, ¿por qué tengo que pagar por los demás?, lo único que deseo es que me quieras como cuando eras niño, antes tan sólo por mirarme no podías dejar de sonreír y suspirar, ahora eres la puta de hora y media, sin honor, sin amor y sin pasión.

Ayer todo lo que pasaba fuera del campo lo olvidabas en cuanto estábamos juntos, ahora no me tocas gratis, me tratas mal y te aburro, pero ¿por qué? ¿Yo qué te hice?

También tú, que no tienes idea a que huelo, que no me conoces y me ves sólo como negocio, crees que soy un accesorio desechable y me manejas según tu conveniencia, me estás matando sin siquiera enterarte, ¿yo qué te hice?

Una vez Diego (el mayor admirador que jamás tuve) dijo que yo no me ensuciaba, con el corazón atravesado le contesto, estás equivocado.

Sinceramente:

La pelota

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