Se nos va el 'Cuau'

Lo vi arrancar a 100 kilómetros por hora hacia la izquierda y a 200 hacia la derecha, increíblemente más rápido "conduciendo" que "picando", me pasó por un lado antes de golpear la pelota en un penal.

Lo vi arrancar a 100 kilómetros por hora hacia la izquierda y a 200 hacia la derecha, increíblemente más rápido "conduciendo" que "picando", me pasó por un lado antes de golpear la pelota en un penal y después de tomar "vuelo" hasta media cancha, me rozó la cabeza una ocasión su tiro de castigo que terminó en el ángulo de mi portería, mi única convocatoria a la mayor la compartí con él y sus barrabasadas, más de una vez (mínimo 10) lo escuche decir "chingas a tu madre" y dos veces casi armamos la campal en los túneles del Azteca después del partido. En tele lo vi mear una portería, patear en los huevos a un contrario en un Clásico, lo vi dando manotazos a quien lo tocaba y dejar con la mano estirada a quien lo “fauleaba”, en una Copa Santander Libertadores se burló de los contrarios en el Azteca, estos le decían "te vamos a matar ahora que vayan", les metió tres allá y se burló otro ratito.

Cuauhtémoc Blanco es sin lugar a dudas el último ídolo del futbol de "barrio", de la generación en la que lo más importante era la pelota en los pies y que ganar bajo cualquier medio era lo único que contaba, en aquellos tiempos cuando se trabajaba fondo físico alrededor de la cancha los últimos de la fila cantábamos, "los de adelante corren mucho los de atrás la tocarán",  hoy si no corres todo el día no puedes jugar y si antepones la victoria a "jugar limpio" eres un delincuente.

Es para muchos el antihéroe de la película, para otros el Mesías, pero para todos nosotros seguramente es el jugador mexicano más brillante de los últimos años, hoy está en la etapa final de su admirable carrera, definitivamente se le va a extrañar.

"¿Cuál pinche partido de despedida o qué pinche homenaje, paguen lo que me deben?", sabias palabras de mi querido "Mango" Orozco a sus 40 y algo de años cuando su Directiva lo quería retirar cada inicio de Torneo. No jugamos por la gloria, no jugamos por el dinero, no "paramos" cuando dejamos de correr bonito o el balón deja de hacer lo que le decimos, jugamos porque lo necesitamos, desde siempre fue la pelota y tú, no entendemos otra forma de vivir más que correteando esa madre redonda e impredecible. 

Otro amigo me dijo alguna vez, "jugamos hasta que nos corran a patadas" por supuesto que algunos hablarán de "orgullo" y "dignidad" ¿Que más digno que no renunciar a lo que más te ha hecho feliz? Si, ya no se puede ser igual de ágil y rápido, ya no funcionan las piernas cuando uno quiere pero ¿Cómo aceptarlo así como así cuando tuviste a tus pies y por ellos mismos a cualquier estadio en donde te paraste?

No se trata de terminar en Primera “A”, es jugar hasta donde se nos permita, cualquier jugador retirado como yo daría mucho por cinco minutos más dentro de una cancha profesional, el "Cuau" hace  lo que quiere y siente sin pretender agradar a nadie, retirarte en plenitud es poco menos que imposible.

Decir "hasta aquí" es, por mucho, lo más difícil para todo futbolista, todo por lo cual viviste desaparece y comienza sólo incertidumbre, jugadores como Blanco no están exentos de este amargo trago, no podemos juzgarlo tan a la ligera.

¡Bien Cuauhtémoc! Iniciamos en este deporte por la sensación de golpear la pelota, por el olor de la tierra y después del pasto, por ganar a quien sea y como sea, en esos tiempos nunca tuvo que ver el dinero ni los estadios abarrotados, si así empezamos es justo así terminar.

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