Historia de un Madrid-Barça

Por: IGNACIO BLANCO

Por: IGNACIO BLANCO El fútbol gracias a Dios está lleno de rivalidades, de enfrentamientos de gran tradición, de partidos en los que por encima de todo se pone en juego el orgullo de un pueblo... En todos los sitios en los que hay al menos dos equipos ya está sembrada la rivalidad para siempre, pero ¿qué ocurre cuando un país se divide en torno a dos equipos? En Inglaterra, la cuna del fútbol, el país donde las tradiciones marcan el deporte, la política y la ley, la historia de la Premier League está llena de legendarios partidos entre equipos de rivalidad ya mítica. En las islas lo llaman ´derby´, y su máximo exponente es el Manchester United-Liverpool, que paraliza el país y lo divide en torno a dos equipos. Manchester y Liverpool son las dos ciudades más importantes del norte de Inglaterra, tanto por su industria, como por su brillante música, como por el fútbol. Tan solo media hora separa a las dos mejores cunas del futbol británico que han dado las mayores glorias al país, pero que también han sufrido las peores tragedias: el terrible accidente aéreo de Munich para los diablos de Old Trafford, y la lamentable tragedia de Heysel que azotó la historia de los de Anfield Road. En Italia estos enfrentamientos de máxima rivalidad se denominan ´sfida´, y la pasión de los tifossi por el fútbol hace que sea raro el domingo en que no haya un duelo entre dos clásicos enemigos. En el país transalpino estos partidos se han gestado en torno al potencial de dos grandes equipos, como puede ser un Milan-Juventus, en torno a consideraciones políticas, como cuando se enfrentan equipos del norte del país -zona más desarrollada- contra escuadras del sur, caso del otrora gigante Nápoles, orgullo de una ciudad muy lejos de la modernidad de los milaneses. Pero encontramos quizás la máxima enemistad entre los equipos de la misma ciudad, como el Inter-Milan, Juventus-Torino, Sampdoria-Génova, pero por encima de todos destaca por su particularidad el Roma-Lazio. La capital italiana se divide en barrios que de forma casi homogénea apoyan a los ´giallorossa´ de la Roma o a los ´biancoceleste´ del Lazio. El transfondo político marca el duelo por excelencia en el Olímpico de Roma, los tifossi del Lazio, que el año pasado con poca fortuna exhibieron una pancarta a favor de los ´Tigres de Arkan´, un grupo paramilitar de triste protagonismo en la guerra de los Balcanes, suelen identificarse con las ideologías de derechas, haciendo desafortunadas comparaciones entre las siglas de Sozieta Sportiva (S.S. Lazio) y las SS nazis. Por contra, los seguidores de la Roma son identificados con la colonia judía y vilipendiados con pancartas antisemitas que provocaron la temporada pasada un auténtica convulsión en el Calcio por su extrema violencia y por la intromisión de la política en el deporte. La historia dice que Italia nunca acaba las guerras en el mismo bando en el que las comenzó, pero está claro que la fogosidad del carácter transalpino se vuelca de forma increíble en el fútbol, donde no hay lugar a la duda y raro es ver como en otros países a gente que le gusta el fútbol pero no se sienten identificados con una escuadra en concreto. En Italia no. Y los pocos que están en este grupo se apegan a su selección, la ´Nazionale´, como en pocos países ocurre. En Argentina, otro país de grandes tradiciones y donde hay una considerable tendencia a la mitificación de políticos, artistas y futbolistas, qué se puede decir cada vez que hay un enfrentamiento entre conjuntos de una misma ciudad o cuando se dan duelos entre eternos rivales. Pero nada se asemeja al clásico de los clásicos, el ´Superclásico´ argentino por excelencia: River-Boca. Los millonarios y los xeneize no sólo dividen Buenos Aires sino el país entero, además de sentar al resto del planeta fútbol frente al televisor para ver quien se proclama rey de la República al menos hasta el próximo duelo. De nuevo, como en los choques de gtran tradición, el transfondo social está presente en el River-Boca. Las ´gallinas´ de River tenían el respaldo de la clase alta, y el modesto barrio de la Boca marcó a la hinchada bostera, suficiente diferenciación social y económica -ahora no tan notable- como para jurarse rivalidad eterna. La pintoresca Bombonera de Boca o el Monumental de River, escenarios por excelencia de las mayores batallas del fútbol argentino. El último encuentro disputado hace unos días la batalla quedó en tablas, y aún habrá que esperar para ver si será Riquelme (Boca) o será Aimar (River) el heredero del mítico 10 en la albiceleste. Pero llegamos a España, que en los últimos cinco años se ha erigido como el campeonato de clubes más fuerte del mundo, según muchas opiniones hasta por encima del Calcio. La filosofía del fútbol español, no tan agarrotada como la italiana, permite no sólo espacio para la tensión de los enfrentamientos entre conjuntos de una misma ciudad, sino que el buen fútbol esté casi por encima de los tambores de guerra que rodean a un ´derby´. Los Deportivo-Celta, Real Madrid-Atlético de Madrid, Betis-Sevilla o Barcelona-Espanyol son ya legendarios. El Real Madrid quizás sea el que más partidos de este tipo dispute cada temporada, puesto que desde su duelo ante el vecino de la capital, el Atlético de Madrid, hasta el tradicional (y no menos envuelto en cuestiones políticas) Real Madrid-Athletic de Bilbao, hacen que cada poco tiempo disfrutemos de grandes jornadas de fútbol. El Barcelona, buque insignia del catalanismo, encuentra en su choque ante el Espanyol el derby de la capital catalana, en la que los aficionados del conjunto periquito representan las clases emigrantes que no se identifican tanto con ese sentimiento del que hace gala el gigante azulgrana. Pero nada similar al partido por excelencia entre los dos grandes del fútbol español: Real Madrid-Barcelona, Barcelona-Real Madrid. El partido del que todo el mundo sabe fecha y hora meses antes de que se celebre; durante todas las temporadas de existencia de la Liga española siempre se han enfrentado ambos equipos puesto que ninguno sabe lo que es jugar en Segunda división. Si los otros encuentros son de gran rivalidad a nivel local, el Madrid-Barça divide completamente al país. Polémicas arbitrales, gestos ofensivos como el de Hugo Sánchez en el Nou Camp o el de Giovanni en el Bernabéu, jugadas de fantasía como las de Romario o Raúl, y goleadas de escándalo como la endosada por los azulgrana en la 93/94 con un 5-0 que convulsinó a un equipo que por entonces poco más argumentaba que sus seis copas de Europa ganadas hacía demasiado tiempo; la manita recibida por los blancos justo un año después se la devolvió el Real en el Bernabéu en un resurgir que le permite al Real presumir hoy de tener en sus vitrinas otras dos copas continentales más. La capital del país frente al nacionalismo catalán, consideraciones políticas que tensan aún más el clásico español. El Camp Nou se ha convertido en un reducto inexpugnable para los madridistas, que ya no recuerdan la última vez que ganaron allí; el año pasado el Madrid jugó más y mejor que el Barça, incluso un penalty clarísimo del defensa Sergi no fue pitado, pero el Madrid se fue satisfecho por el juego mostrado y porque todos habían reconocido que fue merecedor de la victoria. El empate final dejó la imagen de un Raúl mandando callar al Nou Camp tras su gol y un Figo entonces barcelonista marcando un tanto increíble. El Barcelona este año parece más dubitativo que el Madrid tras su mal inicio en Liga y Champions League, sin embargo y pese a las bajas del Barça por lesión, los catalanes son un conjunto de un enorme potencial ofensivo que si tiene su día se lo hará pasar mal al Madrid, que sólo tiene la baja de Morientes por lesión y que se ha mostrado firme en el inicio de temporada, aunque la escasez de arietes le ha dado no pocos quebraderos de cabeza al técnico Vicente Del Bosque para materializar las incontables ocasiones que crea su equipo en cada partido. Los azulgrana vienen de derrotar a domicilio a la Real Sociedad por un escándaloso 0-6, mientras que los merengues derrotaron la última jornada al vigente campeón de liga y hasta entonces líder, el Deportivo de la Coruña, por 3-0. El ambiente por descontado será infernal en Barcelona, más aún viendo a Figo con la camiseta blanca; los culés ni olvidan ni perdonan, y está por ver si el portugués podrá sobreponerse a semejante hostilidad, o le ocurrirá como al danés Michael Laudrup, que desaparecía en este tipo de encuentros con la camiseta blanca agarrotado por el peso de la grada.

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