La resaca de la Intercontinental

Por: IGNACIO BLANCO

Por: IGNACIO BLANCO La defensa del Real, Riquelme, Roberto Carlos, Palermo,... ya sabemos la película del Real - Boca del pasado día 28, pero mientras Buenos Aires se tiñe de azul y oro con "la mitad más uno" celebrando la gesta bostera, el Planeta Fútbol se hace multitud de preguntas acerca de lo que se presenció en Tokio. ¿Fue real? o mejor dicho, ¿fue el Real? Argentina sufre aún la borrachera del triunfo logrado por su equipo, pero en la capital de España están de resaca y aún se frotan los ojos mientras desde los lugares más inverosímiles (cines, Internet, el puesto de trabajo,...) seguían un martes por la mañana semejante acontecimiento futbolístico. Varios días viendo en la Prensa a los madridistas de compras por Japón, a Figo conjurándose para hacerse con el Balón de Oro, a Raúl rememorando su actuación hace sólo dos años frente a Vasco da Gama, todos los detalles del famoso avión que les hizo atravesar el mundo,... pero llegó la hora de la verdad y el Real no estaba presente. Había empezado el partido y los suyos estaban siendo "bailados" por Boca. El escalofrío del padre de la novia esperando a su yerno en el altar recorrió a toda la afición española; esta vez el yerno vestía de blanco y vió como un tal Palermo le "levantaba" la chica. En el momento del "todo o nada" simplemente no aparecieron, el hincha blanco no podía creer que a las 11.15 de la mañana, cuando sólo habían pasado cinco minutos de partido, ya se había acabado todo. Su equipo no era reconocible en el campo, hasta que comenzó a distinguir entre la banda de camisetas blancas que había un tal Roberto Carlos y comenzó a darse cuenta de que efectivamente era el Real el que estaba en el Nacional de Tokio. Le había parecido ver a Geremi en la repetición del primer gol de Palermo, pero sus sospechas se confirmaron cuando pocos instantes después distinguía tras el éxtasis de Palermo a Karanka y Hierro lamentándose. Riquelme, qué gran jugador, qué gran pesadilla, y que pena que en el Madrid no exista desde Laudrup un mediapunta de sus características. En Europa lo más parecido actualmente es Zinedine Zidane, casi nada, un jugador que lo ha ganado todo a nivel de selección. La juventud de "Aníbal" Riquelme recuerda a la del joven Robert Prosinecki, que un día hizo saltar la banca tras su traspaso del Estrella Roja yugoslavo al Real. El balón pegado al pie, recortes inverosímiles pegado al borde del campo, y excelente tiro de falta. Sin embargo aún tiene mucho camino que recorrer para que, como dicen en Argentina, sea realmente el sucesor de Maradona. Los malabarismos de su juego encandilaron a los madridistas, pero también hay que gozar de los espacios que ofreció un equipo que entró a la cancha ´seis minutos tarde´ y con dos goles en contra, con los huecos y las facilidades que ello supone. Además, su atrevimiento en la media se enfría en cuanto ronda el borde del área, falto de una decidida arrancada hacia la meta. En Tokio se encontró a un Madrid que se rindió pronto y se dedicó sólo a pasar las partituras de la obra comupesta e interpretada por y para el joven mediapunta xeneize. Pero volvamos a la "realidad" del partido. ¿Cómo no va a ganar Boca si durante casi media hora jugaban once contra Roberto Carlos? El pequeño lateral madridista fue el único que estuvo a la altura de los cien años de historia de un club que presume de ser el mejor de la historia del fútbol. Sus arrancadas desde atrás al menos sirvieron para meter de nuevo al Real en la ilusión de la Intercontinental, aunque todo fuera un espejismo.

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