¿Villa es el único que atentó contra el Fair Play en los últimos dos años?

La Comisión Disciplinaria ha vuelto a tomar una resolución desconcertante. Ese mismo organismo de la FMF que normalmente interviene sólo a solicitud de partes, que es capaz de reducir sanciones.

La Comisión Disciplinaria ha vuelto a tomar una resolución desconcertante. Ese mismo organismo de la FMF que normalmente interviene sólo a solicitud de partes, que es capaz de reducir sanciones pero jamás aumentarlas o redireccionarlas, ahora actúa de oficio con la misión de defender la “mancillada” honorabilidad del Fair Play.

Ojalá fuera esa, efectivamente, su firme postura ante cualquier agravio a la falta de deportividad que distintos sectores de la sociedad futbolística mexicana cometen constantemente. Tristemente eso no pasa. Casi siempre se escudaba Alfonso Sabater y su gente en no poder intervenir sin la reclamación de un implicado, o estar limitado por lo redactado por el Árbitro, o en no tener una legislación que le otorgue mayores responsabilidades. Hoy, al rescate del desastre arbitral, asume esta Comisión un rol autoritario que tantas otras veces se ha echado de menos. El caso es que hoy Emanuel Villa es exhibido como “el tramposo” que engañó a un pobre e inocente Árbitro, Fernando Guerrero, incapaz de ver cosas que no parecen tan complejas para el ojo humano común. Dos fallas de grueso calibre que cambiaron el resultado de dos partidos del Clausura 2012 cometió el joven Juez, y tan campante. Lo increíble es que se equivocó casi en Jornadas consecutivas y que lo “engañaron” sin necesidad de demasiado ingenio o disimulo.

En ambos casos, tanto Carlos Salcido, que puso en juego una pelota que ya había salido del campo justo en una jugada que culminó en gol a favor de su equipo, como Emanuel Villa, admitieron -el video los delataba y tampoco les daba margen para otra cosa- que se dieron cuenta del hecho y pese a ello no informaron al Juez oportunamente. Finalmente, no tenían por qué hacerlo, aunque un acto en ese sentido hubiera generado reacciones muy positivas en prensa y en la sociedad en general, y tal vez algún enojo entre sus propios compañeros, lo que no es poca cosa en un grupo de individuos que lucha por un interés común. En ese sentido cabe la reflexión de si éticamente es leal, respecto a sus propios compañeros, que un futbolista en el afán de evitar que un error del Árbitro le favorezca, perjudique a los intereses de su propio equipo al actuar como no lo harán los rivales, ya que ninguno de los dos bandos tiene por misión impartir justicia o sancionar con equidad, sino respetar las decisiones de los jueces, quienes sí son los responsables de las mismas. Me parece ese tema al menos debatible desde un ángulo no tan convencional. Obvio, lo deseable sería que en el futbol, y en la vida misma, que todos actuáramos con esa nobleza y nos irritara tanto sufrir una injusticia, como “gozarla”.

No es la primera vez que se toma una decisión en este sentido, y no tiene nada de “histórico” como algún medio sin memoria se atrevió a publicar. Antes de Villa otros tres jugadores recibieron sanciones similares por engañar al Árbitro y atentar contra el Fair Play. Lo que me parece inconcebible, es que hayan pasado más de dos años sin que la Comisión Disciplinaria sancionara algo parecido. En el reglamento de competencia lleva rato existiendo esa posibilidad y sin embargo, ningún futbolista había sido suspendido por engañar a un Árbitro desde noviembre del 2009, cuando Jaime Lozano fue penado por fingir una falta de la que se derivó un penal y un gol en un juego entre Puebla y Cruz Azul correspondiente a los Cuartos de Final del Apertura 2009. Justo en ese Torneo se hizo una campaña para sancionar este tipo de conductas y en las dos primeras Fechas se castigó por inventar faltas de penal a Christian Giménez, entonces en el Pachuca y a Vicente Matías Vuoso, que militaba en el Santos Laguna.

En otras palabras, o la Comisión Disciplinaria durmió la siesta durante más de dos años o cuesta en verdad creer que en todo ese tiempo la Liga mexicana no haya tenido más casos de un jugador logrando engañar exitosamente a un Árbitro y con ello modificando un resultado. Apenas la semana pasada, por ejemplo, Luis García le anotó un gol al Atlante tras haber controlado un balón con la mano, y no se le sancionó, tal vez por el simple hecho de que ese gol no evitó el triunfo de los Potros, lo que sí ocurrió en Cancún el sábado pasado.   Si se quiere acabar con las malas artes de algunos futbolistas, hay que hacerlo aplicando con rigor el reglamento, SIEMPRE, no a ratos, o sólo por presiones mediáticas. Y se tiene que establecer una sanción a quien engaña independientemente de las consecuencias del engaño, aunque el primero y único que debería  hacerlo es el ÁRBITRO. La Comisión sólo debe enmendar las omisiones de éstos en casos grotescos.   Quiero aclarar que particularmente me parece correcto que en esencia se busque sancionar a todo aquel futbolista que pretenda hacer trampa de manera alevosa y flagrante, aunque me cuesta aplicar ambos adjetivos a la hora de definir la acción de Villa, ilegal sin duda, pero no necesariamente planeada o “pensada” como otra clase de “ilustres” goles con las manos, para mejor ejemplo los de Maradona ante Inglaterra en el Mundial de 1986 o Lionel Messi contra Espanyol, hace unos años, donde es evidente que ambos jugadores intentaron groseramente engañar al Árbitro al utilizar la mano para contactar el balón. En el caso de Villa, y de una jugada tan rápida y tan cercana, particularmente me parece hay una reacción casi instintiva del delantero, de acomodar el cuerpo para contactar la pelota y ésta acaba pegándole en el brazo.   Lo que tampoco me agrada, porque deja ver falta de igualdad y por ende un trato que no es justo, es que hoy se quiera utilizar a Villa como “tapadera” de las tremendas deficiencias que los Árbitros han enseñado en el arranque del Clausura 2012, y sea el primer futbolista  digno de ser castigado por atentar contra el Fair Play en los dos últimos años en la Liga mexicana.

A partir de hoy, entonces, habría que exigirle a esta Comisión que actúe igual cada vez que se presente un caso similar, y ese es otro problema que parece no tener solución. Los bandazos de la Disciplinaria en los últimos tiempos le han restado toda credibilidad y como los errores de los Árbitros parecen aumentar generosamente su capacidad para enmendarlos se verá reducida a un porcentaje menor, casi irrisorio, como ocurre hasta la fecha, en la que han sido sancionados apenas cuatro “infractores” en los últimos tres años y decenas quedan sin sanción. Así, difícilmente se conseguirá cambiar los malos hábitos de conducta de muchos futbolistas.

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