Son futbolistas, no santos

Muchos que querían 'sangre' se quedaron con las ganas. Me parece correcto que Néstor Araujo no haya sido sancionado en la Selección por la tontería que cometió en su club el sábado pasado.

Muchos que querían “sangre” se quedaron con las ganas. Me parece correcto que Néstor Araujo no haya sido sancionado en la Selección por la tontería que cometió en su club el sábado pasado. El defensa recibió ya un castigo de tres juegos de suspensión de parte de la Comisión Disciplinaria y seguramente un buen regaño en el vestidor, además de la carga moral que esa falla implicó ante sus compañeros. La sensación de sentirte responsable de la derrota de los tuyos es bastante dolorosa. De eso a dejarlo fuera de la Selección me parecería un abuso de autoridad. Eso sí, sancionarlo hubiera sido congruente con la forma en la que se valoró otros hechos en el pasado reciente, en los que se quiso mandar un mensaje claro y se exhibió a gente como Jesús Corona y Rafael Márquez. En esos casos me pareció un desatino “del Chepo” querer imponer una disciplina tan férrea, para luego readmitirlos como si nada. Y no hablo de lo sucedido en el famoso hotel de Quito en el que creo que también se acabó exagerando la nota, pero a final de cuentas se violó el reglamento de la selección cuando estaban concentrados con la misma. Sí siempre se actuara con ese rigor también se habría tenido que dejar fuera del Preolímpico a Marco Fabián por el jalón de cabello de la semana pasada en Puebla o al mismo Erick Torres por “engañar” al árbitro y a tantos otros por situaciones de juego que no dejan de ser eso, parte del juego.

Y no digo que la disciplina no sea fundamental para el éxito en cualquier grupo humano, pero de eso a pretender que los futbolistas sean perfectos y que no cometan errores es completamente absurdo y no garantiza en absoluto mejores resultados. De cara al pasado Mundial de Sudáfrica 2010, Dunga privilegió una selección brasileña con futbolistas de comportamiento intachable. Decían que le preocupaba hasta la hora en la que se dormían. “Se dormían temprano y se fueron del Mundial temprano” reflexionó algún colega después de la eliminación amazónica ante Holanda en los Cuartos de Final. Y para colmo, ese grupo de profesionales intachables de los que separó de varios con “mala fama” como si de un virus contagioso se tratara, sufrió tres expulsiones a lo largo de ese Mundial, una de ellas de Kaká, su líder espiritual, y otra de Felipe Melo en el partido crucial. Así, un proceso en el que se “presumía” de férrea disciplina acabó enseñando el cobre en el peor momento posible y quedando muy lejos de obtener el objetivo. Cuatro años antes, en la Copa del Mundo de Alemania 2006, la Selección de Brasil llegó a la misma instancia (eliminada por Francia) con Ronaldinho en el campo y Carlos Alberto Parreira como timonel, y entonces la conclusión simplista fue que el fracaso se debió a la “falta de disciplina”. ¿Cuatro años después se fracasó por exceso de disciplina?   En ese sentido el equilibrio es fundamental. Hay que tener claro los conceptos de orden y disciplina, y en efecto procurar que los seleccionados tengan un comportamiento ejemplar, pero eso no quiere decir que no puedan cometer errores en un deporte de contacto y con el flujo emocional que tiene el futbol. Considerar a un futbolista como rijoso, violento, tramposo o indisciplinado a partir de un hecho en particular es absurdo. La cosa cambia si un jugador sistemáticamente comete el mismo error o si en un momento dado manifiesta comportamientos inadecuados que no le son habituales. Ahí el entrenador deberá valorar la conveniencia de un llamado o no. Pero sin pararse el cuello ni aparecer como un juez implacable ante la prensa. A final de cuentas, lo primordial es lo que hace el futbolista en el campo de juego. Sus virtudes con el balón en los pies, lo solidario que sea con sus compañeros en la distribución de tareas, lo ordenado que sea en lo táctico y lo obediente que pueda ser en lo estratégico.  

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