El descenso de Estudiantes

Seamos claros. Para la Primera División Mexicana hoy no hay descenso más "sano" que el de Estudiantes, un club que en 37 años de estancia no ha logrado hacerse de un número de seguidores digno.

Seamos claros. Para la Primera División Mexicana hoy no hay descenso más “sano” que el de Estudiantes, un club que en 37 años de estancia no ha logrado hacerse de un número de seguidores digno del Máximo Circuito, y no ha generado arraigo o identidad ni siquiera entre el alumnado –que por obvias siempre es cambiante- de la prestigiosa Universidad Autónoma de Guadalajara. En otras palabras, la permanencia del equipo de la familia Leaño, por su falta de clientes, de poco sirve al resto de los “locales comerciales” que ocupan sitio en la plaza comercial. No hace falta aplicar encuestas para conocer que Tecos es el equipo con menor número de “fieles” de la Primera División, e incluso, tiene menos que varias de las franquicias que llevan años en la Liga de ascenso, y tengo datos de asistencias, en casa y fuera, que así lo confirman. Siendo respetuosos el más que viable viaje a la Liga de ascenso –a menos de que el Atlas diga otra cosa- causará nostalgia en muy pocas personas y no será un drama masivo como sí lo son la mayoría del resto de los retrocesos en los que una afición, una ciudad o todo un Estado, siente una pena verdaderamente profunda, y otros miles de seguidores, aparentemente desinteresados, se identifican con la causa por diferentes razones durante la fallida lucha por la permanencia. Y es que los alcances del equipo de la UAG en cuanto a representatividad son realmente escasos, incluso en Zapopan no cuenta con un gran apoyo. Sus “fieles” superan por poco el entorno cercano de los Leaño, quienes fundaron al equipo en 1971 y lo han manejado siempre como un auténtico negocio de familia, entregándole al futbol mucha más pasión, entusiasmo y dinero, que pericia, sensatez y congruencia. Habitante de la Primera División desde 1975, a la que llegó tras lograr dos ascensos -desde la tercera división- ha sabido armar buenos equipos y realizar contrataciones muy llamativas. La UAG, conducida por Carlos Miloc, tuvo un muy buen equipo en 1980-81, fue campeón de Liga de la mano de Vucetich en 1993-94 y todavía con Daniel Guzmán en el timón, disputó una Gran Final ante el América en el Clausura 2005. Fue responsable de traer a México a muy buenos futbolistas como los chilenos Mario Óscar Maldonado, Miguel Ángel Gamboa, Reinaldo Navia y Hugo Droguett, los argentinos Hugo Horacio Galletti (en su momento un fichaje récord en lo económico), Daniel Ludueña y Mauro Cejas, los uruguayos Antonio Alzamendi, José Luis Salazar, Eduardo Acevedo, Carlos Aguilera o Sebastián Abreu y los brasileños Marcelo Goncalvez y Osmar Donizette, dos de las principales figuras en el equipo del campeonato. Por sus filas pasaron también jugadores como Hugo Enrique Kiese, Guillermo “Wendy” Mendizábal, Spencer Coehlo, Eladio Vera, José Luis Salgado, Alfredo Tena (pocos recuerdan que se retiró con Tecos), Jaime Ordiales, Porfirio Jiménez, Roberto Palacios, Diego Colotto, Jesús Corona, Pavel Pardo, Bruno Marioni, Emanuel Villa, y actualmente Rodrigo Ruiz entre muchos otros.

A pesar de su ineludible vinculación con la Universidad Autónoma de Guadalajara Tecos nunca ha sido un equipo que formara a muchos jugadores o sirviera de escuela para que de sus filas emanaran generaciones de talentosos futbolistas mexicanos. No fue abundante ni reconocida su capacidad en la formación de futbolistas. Pocos elementos verdaderamente notables emergieron de sus fuerzas básicas o debutaron en el club; entre ellos recuerdo como los más destacados a Javier Hernández papá, Duilio y Flavio Davino, Mauricio Gallaga, Adolfo Bautista, Carlos Briones o Eustacio Rizo.

Buenos entrenadores también se sentaron en su banquillo, leyendas como Bora Milutinovic, César Luis Menotti, Alberto Guerra, Víctor Manuel Vucetich, Carlos Timoteo Griguol, Javier de la Torre, Arpad Fekete, Carlos Miloc o Helmut Senekovitch fueron ligados durante algunos meses con la institución.

Muchos de ellos ayudaron al equipo a clasificarse en 24 ocasiones –de 53 oportunidades- a Liguillas por el título, pero no fueron suficiente para “enamorar” a nuevos seguidores. Y es que a pesar de que en estas casi cuatro décadas no se conocieron públicamente dificultades económicas –algo que en otros clubes mexicanos es moneda de unos corriente- y su salud financiera era evidente hasta hace un par de años, cuando se reconoció la intención de buscar inversionistas que ayudaran con el club, esa estabilidad no fue acompañada de proyectos serios a largo o mediano plazo. Si algo caracteriza la vida de este equipo es la falta de continuidad que convirtió su banquillo en el más caliente de la Primera División (46 diferentes entrenadores –muchos de ellos en varios ciclos- en 37 años), y que hizo de su uniforme el más cambiante de todos.   Es probable que el cambio de imagen y apodo de 2009 –cuando cambió de Tecos a Estudiantes- haya ayudado en algo a una causa perdida, pues en las tribunas del Estadio Tres de Marzo se registró desde entonces un leve aumento de ingresos, aunque esto no necesariamente fue en apoyo al equipo, que tampoco ha sido capaz de generar empatía suficiente para convertirse en un club amable y querible que como otras franquicias en menor tiempo–caso Toros Neza, U.de G. o Celaya – logre convertirse en el segundo equipo de muchos aficionados. Tampoco ayudó en ese sentido, ni en el vestidor ni en la imagen, la presencia constante en la alineación titular de un miembro de la familia Leaño, cuyas virtudes futbolísticas sólo le alcanzaron para jugar en “su” equipo, en el que rebasó los 300 partidos de Liga y Liguilla, casi la cuarta parte de los juegos que el equipo ha disputado en la Primera División. Seguramente en el corto plazo, la dirigencia del club ve la inminente perdida de la categoría –que aún no es un hecho matemático- como un golpe duro a su economía ya que implica una baja considerable en el valor de la franquicia. Pero sí la intención, como pregonaron, no es vender al equipo, lo mejor será entonces tenerlo en un circuito de menor exigencia financiera, donde puede aspirar a un nicho de mercado menor más acorde a su realidad y el proyecto pueda ser más sustentable en todos sentidos. Pretender que un club del máximo nivel en México sea rentable con tan poca clientela es verdaderamente una utopía y en todo este tiempo es claro que la familia Leaño con recursos propios y de su propia universidad difícilmente pudo reportar ganancias y tal vez haya utilizado las pérdidas con alguna intención tributaria. Valor hay que darle al hecho de que pese a las bajas entradas y todo lo que ello implica, como escasa venta de insumos, bajo precio en patrocinios y poquísima venta de playeras, haya sobrevivido tantos años en el futbol grande de México.   Es cierto que hay otros equipos que aún no logran tener entradas buenas con regularidad y que son seguidos por poca gente como San Luis o Chiapas, pero ellos al menos son referencia inequívoca de una ciudad o plaza que no tiene en el futbol profesional otra bandera distinguible y vigente. Alguno como el Querétaro, teniendo una afición que responde en mayor número, tiene una economía que no corresponde con la Primera División, que vive de jugadores prestados o favores de algún promotor, y que suele atrasarse en sus pagos, síntomas que no son positivos para una división que pretende crecer. Y no dudo que así como el descenso –en caso de concretarse- pueda ser considerado una consecuencia lógica al mal hacer de la directiva de Estudiantes, la del Atlas, la de Puebla y la de varios equipos más, también merezcan una sanción deportiva similar, aunque en esos casos haya más daños a terceros –aficionados- que lamentar. Por eso, siendo más fríos, tal vez el alejamiento de Estudiantes de la Primera División no sea una mala noticia, sino justamente todo lo contrario.

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