Pumas y una esencia que cuidar

Jorge Borja Navarrete ha asumido el control administrativo de los Pumas y aparentemente no caerá en la tentación de llegar al equipo con la barredora.

Jorge Borja Navarrete ha asumido el control administrativo de los Pumas y aparentemente no caerá en la tentación de llegar al equipo con la barredora, a contratar un montón de refuerzos y a olvidarse del proyecto deportivo de una institución que ha ido retomando poco a poco su original filosofía de vida. Cierto es que la actualidad de los Pumas, tanto en la Primera División como en la Liga de ascenso, resulta dolorosa para buena parte de su afición y que quedar al margen de la Liguilla en dos torneos consecutivos no es nunca un buen síntoma, pero habría que ver el bosque más que los troncos de los árboles. Al revisar los dos últimos años este equipo, aún sin hacer ninguna contratación, es el sexto que más puntos ha cosechado, por encima de clubes como América, Guadalajara y Pachuca –tres equipos con mayores presupuestos- en la Primera División Mexicana. Es decir, tampoco el proyecto deportivo resulta tan ruinoso como puede hacerlo pensar el rendimiento de este Clausura 2012. Entiendo que algunas de las bajas en el último año han sido muy sensibles, como las de Leandro Augusto, Israel Castro, Pablo Barrera o Palencia, pero también es cierto que en esos cuatro casos se trató de jugadores que ya habían cumplido su ciclo y tenían el deseo –por diferentes causas- de abandonar el club. Bien vale recordar –más allá de que en algunas gestiones en el pasado lo olvidaran- que Pumas es primordialmente un equipo formador de futbolistas, una escuela que en apego a los principios de la UNAM, debe nutrir al resto de los equipos del país, ser uno de los semilleros más generosos de México. Por otra parte, muchos creen equivocadamente que la economía del equipo, por esa cantidad de ventas –y la de Efraín Juárez al Celtic Glasgow, es muy buena y las arcas del club están repletas, pero en realidad, sí Víctor Mahbud se apegó a los lineamientos financieros del patronato –eso se está estudiando- buena parte de esas ganancias acabaron siendo absorbidas por la propia UNAM. Así lo marcan, al menos, los estatutos. Al margen de los títulos y los logros obtenidos en la administración de Mahbud, es tras la salida de Ricardo Ferretti hace dos años, que Pumas comenzó nuevamente a confiar en su propia cantera, a la cual en la Era de Guillermo Vázquez se le han otorgado oportunidades con generosidad y continuidad. En sus dos años como entrenador un total de 16 jugadores debutaron en la Primera División, números que rebasan los 14 debutantes que juntó en el doble de tiempo Ricardo Ferretti, y ambos entrenadores ganaron un título cada uno. Habrá quien piense hoy que muchos de estos jóvenes no han podido con el paquete, pero normalmente así son los procesos de maduración de muchos ellos. Hay excepciones que rinden desde sus primeros partidos, pero no siempre ocurre eso. Aún recuerdo que tras el subcampeonato de 1984-85, en Pumas, como era habitual, se dejó salir a muchas de sus principales figuras y la aparición de algunos canteranos coincidió con torneos más que mediocres en las campañas 1985-86 (Torneos Prode 85 y México 86) y 1986-87. No clasificó a ninguna de esas tres Liguillas, y algunas voces decían que esa generación no era tan buena como las anteriores y que Pumas necesitaba reforzarse con urgencia. Al final se mordieron la lengua con la consolidación de elementos como Adolfo Ríos, Abraham Nava, José Luis Salgado, García Aspe, Guillermo Vázquez, Luis García y David Patiño, algunos de ellos serían la base del equipo subcampeón en 1987-88 y campeón en 1990-91. Es claro que apostar por los jóvenes implica ciertos riesgos y que a veces se dilapidan torneos en su proceso de formación. Los aficionados pumas normalmente son pacientes y comprensivos con este modelo que convirtió en su momento a este equipo en uno diferente al resto. Los que piden refuerzos -muchos de ellos seguidores de reciente incorporación- también creen equivocadamente que a Pumas pueden llegar jugadores de gran cartel o figuras de talla internacional y la realidad no es esa. Normalmente se contratan jugadores de perfil más bien bajo que pueden resultar rentables y ejemplares como Darío Verón o Juan Francisco Palencia –ninguno llegó a Pumas como gran figura o en gran momento- o pueden dar rendimientos medianos como Martín Bravo, Juan Carlos Cacho o Dante López. Es decir, Pumas no aspira a hacerse de los servicios del “Chucho” Benítez, de Lucas Lobos, del “Chaco” Giménez, o de Humberto Suazo. Tener menos recursos implica de mayor conocimiento e ingenio. Buscar con mayor detenimiento y cuidado, ya que además de valores futbolísticos, se buscan jugadores que ayuden a jóvenes en su maduración y sean buenas influencias. Particularmente creo que un par de refuerzos bien seleccionados serían suficientes para apuntalar tal vez algunos puestos clave. Un volante de contención de experiencia podría ayudar en un sector del campo donde las bajas simultáneas de Leandro Augusto, Israel Castro y Jehu Chiapas no han podido ser bien cubiertas y donde ahora se sufrirá la baja de David Cabrera por lesión. Adelante, tal vez habría que buscar otra alternativa de mayor contundencia que aporte más de lo que lo ha hecho Juan Carlos Cacho. Gente como los García, Cabrera (cuando se recupere), Sandoval, De Buen, Castro, Orrantia, Herrera, Izazola, Nieto están en un proceso y merecen seguimiento. Bienvenido apuntalarlos con uno o dos jugadores de experiencia más, pero no excederse en contrataciones pues volverles a cerrar la puerta por responder a las urgencias de un momento es traicionar la esencia de este club. Ya ha ocurrido en el pasado, que no se vuelva a extraviar el camino nuevamente.

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