La Champions que nos toca

La Liga de Campeones CONCACAF entrega infinidad de casos absurdos e increíbles que evidentemente no han ayudado a prestigiar la competencia que reúne a equipos de una zona en general pobre.

Sé que no es el torneo más esperado ni mucho menos y es evidente que si a los equipos mexicanos en algún momento les ha interesado ganarlo es más por las consecuencias del título, acudir a un Mundial de Clubes -o antes jugar la Copa Interamericana- que por lo que representa en sí este trofeo. La Liga Campeones de la CONCACAF -llamada despectivamente “Concachafa” o Concachampions- arranca este martes con el concurso de cuatro representantes de la Liga mexicana, -esta vez son Santos Laguna, Tigres, Monterrey y Guadalajara- como sucede desde que cambió su nombre y formato a mediados de 2008. La historia de esta nueva etapa es contundente. Desde el rebautizo y relanzamiento del torneo estelar entre clubes de la zona, el trofeo lo monopolizaron equipos mexicanos y en tres de esas cuatro ediciones las dos plazas de la Final las ocuparon conjuntos de la FEMEXFUT. Sólo en la Copa de 2010-11, y porque la CONCACAF obligó a que se eliminaran entre ellos en Semifinales, se coló a la Final el Real Salt Lake de la MLS. No sería extraño que el dominio se extienda, no sólo porque efectivamente la Liga mexicana siga siendo la mejor de la región, sino porque el torneo más organizado que se le acerca, la MLS de EU, tiene equipos con una pobre o nula experiencia internacional, y una calendarización diferente que hace que sus equipos encaren etapas decisivas, Cuartos de Final o Semifinales, muchas veces fuera de ritmo o en plena Pretemporada. Por lo que sea, los equipos mexicanos tienen siete años seguidos sin ceder el campeonato de la CONCACAF; la última vez que lo perdieron fue en la edición 2004-05 en la que los Pumas de Hugo Sánchez fueron vencidos por el Saprissa de Hernán Medford.   Antes de ello, desde su fundación en 1962, sólo eran dos las banderas mexicanas que anualmente luchaban por el campeonato regional entre los equipos más importantes de la CONCACAF, y pese a ello la supremacía era evidente. Los representantes de México se adueñaron el título en 24 de las primeras 45 ediciones y ahora totalizan 28 conquistas de los 49 campeonatos distribuidos. Extrañamente, no quiere decir que esta sea la edición 50 del certamen, que efectivamente cumple medio siglo de vida, pero que fue interrumpido entre 1964 y 1966 y que no culminó su disputa en el 2001. Lo que pasa es que ha habido 49 campeones por el increíble caso de la edición de 1978 en la que oficialmente la CONCACAF reconoce tres distintos campeones, la Universidad de Guadalajara de México, el Comunicaciones de Guatemala y el Defence Force de Trinidad y Tobago, quienes debían disputar la etapa final antes de que la CONCACAF anunciara que por problemas administrativos ésta no se llevaría a cabo y “nombrara” campeones a los tres equipos. El conocimiento a detalle de la historia de este torneo entrega infinidad de casos absurdos e increíbles que evidentemente no han ayudado a prestigiar la competencia que reúne a equipos de una zona en general pobre, tanto en lo futbolístico como en lo económico. Guadalajara, por ejemplo, fue el primer Campeón del certamen en 1962 y no pudo retener su título en 1963, simplemente porque no pudo ponerse de acuerdo en las fechas para disputar la Final con el Racing Club de Haití, que no pudo viajar a México por problemas en su visado, lo que obligó a reprogramar la Final, que se iba a jugar en septiembre de ese año, y que acabó postergándose hasta abril de 1964, días en los que las Chivas desistieron de jugar el partido ya que habían programado una gira a Europa. La CONCACAF decidió otorgarle automáticamente el título al cuadro haitiano. Pese a ello, aquí nos tocó jugar y sería importante que más que menospreciar el certamen, aprendiéramos a darle el lugar que le corresponde sin compararlo absurdamente con otros torneos regionales.   No pretendo esconder tremendas deficiencias organizativas y carencias económicas y de infraestructura de muchos de los participantes, pero pienso que con todo y esas situaciones, los primeros que debemos otorgarle seriedad y preocuparnos por mejorar el nivel de competencia debemos ser nosotros. En CONCACAF no es extraño que México asuma un rol que exigencia pretendiendo recibir siempre un trato preferencial, pero pocas veces parecemos dispuestos a asumir un verdadero liderazgo y ayudar a que otras naciones de la región se fortalezcan. Tal vez en esa actitud se expliquen parte las animadversiones que provocamos en algunos países de la zona y las desiguales rivalidades que nos persiguen en el vecindario. La Liga de Campeones de CONCACAF ha sufrido una vez modificaciones en su formato -ahora los grupos son de tres equipos y sólo el líder de cada sector pasa a los Cuartos de Final- y la idea de reducir la actividad en la etapa de grupos puede ser buena, ya que los cuatro equipos mexicanos tendrán menos margen de maniobra para mandar suplentes a alguna visita incómoda. Al ser sólo cuatro juegos los que se disputan y sólo un equipo en cada sector el que se clasifica a la siguiente etapa, ahora un descalabro inesperado o una mala noche pueden ser suficiente para que alguno quede atorado en la primera ronda, lo que no sucedió nunca con los grupos de cuatro equipos y los dos mejores de cada sector accediendo a la siguiente ronda. Esperemos que los equipos mexicanos, incluyendo a los Tigres de Ferretti -un especialista en desechar todo torneo internacional que se le presente- participen con sus mejores hombres y le den la seriedad debida al torneo.

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