Guardiola y las dudas

Josep Guardiola dio la semana pasada una charla en México y entre las declaraciones que me llamaron la atención fue aquella de que de momento no extraña dirigir.

Josep Guardiola dio la semana pasada una charla en México y entre las declaraciones que me llamaron la atención fue aquella de que de momento no extraña dirigir, que está seguro que al menos cumplirá un año de descanso, y que incluso después de eso no está seguro sí volverá a ejercer como entrenador. Parece difícil que un hombre de futbol como él pueda vivir al margen de los banquillos el resto de su vida, pero también parece muy complicado que dirija donde dirija, aún con propuestas tan interesantes como comandar al Manchester United, al Manchester City, al Chelsea o a la Selección de Brasil, pueda repetir los logros, y sobre todo, el estilo de juego y el volumen de futbol que convirtió a su Barcelona en un ícono del buen jugar. Grandes directores o escritos han tenido dilemas similares después de entregar una obra maestra en el amanecer de sus trayectorias. Después de eso, de alcanzar prematuramente la cúspide, la gente pretende que en futuros trabajos alcance la misma excelsitud, lo que difícilmente ocurre, y luego se genera cierto desencanto con las nuevas obras que quedan por dejado de las expectativas. Hoy Guardiola ya ganó una reputación tal que podría vivir el resto de su vida al margen de los banquillos y su apellido siempre será referencia de un estilo de juego magistral y de un equipo irrepetible. Habrá sin duda quien crea que Pep tuvo mucha suerte al haber estado en el lugar justo a la hora correcta, pues en su primer reto en el nivel mayor le tocó dirigir a una generación de futbolistas inigualable, con Messi, Iniesta y Xavi a la cabeza, lo que efectivamente es cierto. Pero también lo es, y así se deberá reconocer, que ni Rijkaard antes ni Vilanova después –al menos hasta ahora- pudieron hacerlos jugar tan prodigiosamente en un sistema de juego hecho a su medida. La pregunta que internamente se hará Pep sobre su futuro es si  ¿Podría aspirar a jugar a lo mismo en otro equipo, aún teniendo bajo su tutela a grandes futbolistas?  Parece difícil. En ese sentido, el riesgo es que el hoy llamado “Estilo Guardiola” resulte irreproducible en otros equipos. En el pasado ya ha habido personajes que entendieron a tiempo que, o no estaban dispuestos a desgastarse en una profesión en la que están sometidos a una presión muchas veces demoledora o los riesgos de que su prestigio se viera perjudicado eran más amplios que las posibilidades de repetir los éxitos alcanzados previamente. Uno de esos casos fue el de Johan Cruyff, que ciertamente encontró en una afectación cardiaca el mejor elemento para alejarse de los cuernos del toro y vivir “de las rentas” explotando su prestigiado nombre sin necesidad de exponerlo al descrédito de fracasos en primera persona. El mismo Jorge Valdano tal vez haya reflexionado en el mismo tenor y se haya dado cuenta que la credibilidad de su discurso quedaba mucho más expuesta como entrenador que en otras funciones o rubros donde sin tanto riesgo y desgaste podía seguir aprovechando su amor por el juego, su gran prosa y su buena imagen. Guardiola tiene ante sí un gran reto. Le llueven ofertas tentadoras y también es tentadora la idea de mantener inmaculada su leyenda y la comodidad del status que hoy alcanzó. Por eso deberá elegir bien su futuro y el lugar que quiere tener en la historia. Su carrera como futbolista nunca le colocó en  un sitio tan privilegiado. Aunque en ese rol enseñó que le gustan las aventuras -aceptó jugar en Qatar y México-  también demostró ser un especialista en cuidar el balón, en no dividirlo, en jugar a la segura con criterio e inteligencia. Pep ha sabido vivir y jugar con más elegancia que vértigo. Veremos que le depara el futuro.

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