Pumas al garete

Por más absurdo que parezca, lo que se vive hoy en Pumas era perfectamente previsible.

Por más absurdo que parezca, lo que se vive hoy en Pumas era perfectamente previsible. Apenas tras un partido, saldado con una penosa actuación y una vergonzosa derrota, la afición puma ha pedido ya la cabeza de Mario Carrillo, entrenador al que resistía desde antes de su nombramiento.

Así el Director Técnico recién nombrado hace dos semanas encara el reto de levantar al equipo en medio de un ambiente hostil y envuelto en una intranquilidad que poco ayuda a su misión. Para colmo los jugadores no parecen demasiado comprometidos. Al menos lo que refleja hacia afuera, el vestidor deja ver un grupo humano poco homogéneo y algunos distanciamientos evidentes. A ese aparente divisionismo no le favorece la sensación de que la nueva Directiva, tal vez por inexperiencia o impericia, no ofrezca una imagen firme y convincente, y que la figura del entrenador que apenas llega se vea muy debilitada por el entorno externo que le rodea.

Pero este escenario debieron tenerlo presente García Aspe y Borja Navarrete. Ambos apostaron por el riesgo. De alta peligrosidad era elegir al polémico y espeso entrenador. Es claro que la intención era revertir la situación lo antes posible y que los buenos resultados inmediatos propiciaran que la relación entre técnico y afición mejorara de golpe, y la turbulencia bajara de nivel.

Desde el día de su presentación el mismo Carrillo lo tenía claro. No habló de un proyecto a mediano o largo plazo sino de dar resultados “pronto”. Para eso era fundamental un triunfo en el debut contra San Luis, que en el papel, lucía muy viable. La derrota, en cambio, agudizó el distanciamiento de Mario con la irritada clientela puma, y el panorama luce crítico sin que en verdad lo sea, si nos apegamos a lo meramente estadístico.

En otros tiempos, un nuevo cambio de entrenador en Pumas sería impensable, pero hoy, ya no se sabe. La incertidumbre reina en un club que solía manejarse de otra manera. No se puede dudar de la buena voluntad de la directiva, pero tampoco que sus decisiones han propiciado escenarios que en otros tiempos resultaban inverosímiles en un club como Universidad Nacional, que tenía  -salvo en contadas ocasiones- las ideas claras y un proyecto muy bien definido.

Hoy, por haberse reforzado generosamente con jugadores veteranos y haber reducido considerablemente las oportunidades a los jóvenes de la cantera, está claro que Pumas se supeditó como cualquier otro equipo a clasificarse a la Liguilla como mínimo. La cantera ha vuelto a quedar de lado.

Ese, me parece, es el error más grave de esta administración. La nueva dirigencia puma quiso distanciarse de la anterior y arrancó su etapa responsabilizando a los canteranos jóvenes de la situación poco satisfactoria en el último año. “Se les adelantó el proceso” fue una de las expresiones poco afortunadas de García Aspe. Con ese argumento borraron del primer equipo a varios chavos a los que se les mandó sin mayor explicación a Pumas Morelos sólo días antes de que el mismo “Beto” anticipara que esa filial no tenía razón de ser, que resultaba económicamente una carga, y que lo mejor era plantearse una venta. ¿Cómo se sentirán los jóvenes a los que se apartó abruptamente del primer equipo para mandar a una filial que no le interesa ni a la propia Directiva?

Ese es uno de los asuntos a tratar de forma inmediata. Internamente se le ha dado preferencia a los jugadores recién llegados que pese a ser figuras parecen ser los “consentidos” de la cúpula universitaria, mientras se hacen juicios más severos para analizar el trabajo de quienes ya estaban en el club.

Por eso, Del Olmo antes y Carrillo hoy, parecen destinados a transitar el mismo camino, si la directiva no asume un rol más congruente y decidido. Lo que hoy vive Pumas no es sano para nadie. Su inestabilidad se parece a la de equipos de menos alcurnia y tradición, a la de clubes manejados caprichosamente por un dueño, o a la de instituciones que viven sin rumbo fijo.

Y no se trata sólo de escuchar o atender demandas populares. Pero tampoco de generar entornos que lejos de propiciar un mejor ambiente de trabajo, provocan tensión y dividen incluso a sus propios aficionados. No es ese el camino que Pumas debe andar para llegar a buen puerto. 

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