Sin sentido común, no se puede

Se fue Mario Carrillo; apuesta de García Aspe que pasó de ser riesgosa a suicida.

Se fue Mario Carrillo; apuesta de García Aspe que pasó de ser riesgosa a suicida. Sólo ocho partidos después, el imberbe directivo cortó por lo “sano”,  y cesó, junto con Jorge Borja Navarrete, a su segundo entrenador en cuatro meses. Más allá de los resultados y las malas decisiones de Del Olmo y de Carrillo, es evidente que la nueva Directiva no ha sabido elegir entrenador o no ha tenido la paciencia para aguantar el vendaval de abucheos y críticas de una mala racha, lo que enseña la corta visión de ambos. No hay proceso a mediano o largo plazo como era una costumbre en los Pumas, y lo que es peor, no hay un proyecto apegado a la filosofía puma, pues hasta la cantera dejó de ser prioridad. Todo parece centrarse en los cuatro refuerzos contratados, que si bien son futbolistas de sobrada capacidad, ya viven en la mayoría de los casos –salvo Emanuel Villa- el declive de sus carreras. Evidentemente es un error “borrarlos” por decreto o terquedad, como también lo es ponerlos siempre independientemente del nivel que ostenten. Pero un equipo con tantos futbolistas nuevos –también regresó Jehu Chiapas- necesita tiempo para ir armándose y ninguno de los entrenadores lo ha tenido. Imposible defender a Carrillo. Se dijo en su momento. Elegirlo era propiciar un entorno poco fértil para el trabajo sereno y mesurado. Eso sí, difícil adivinar que un entrenador de su experiencia acelerara tanto su propio proceso de descomposición. Vamos, aún valorando como inadecuada su llegada, nadie podía pensar que haría las cosas tan mal y tan rápido. Y no hablo sólo de resultados. De Carrillo se debe decir que dejó en claro porque, pese a su imborrable recuerdo como entrenador del América, tenía cuatro años sin dirigir en la Primera División. Más allá de sus excentricidades, Mario no supo manejarse ni interna ni externamente. Mostró una tremenda incapacidad para explicar sus decisiones a los propios jugadores y a la afición; casi no repitió una misma alineación, generó entre los futbolistas confusión por reiterados cambios de posición y estilo, y sus actitudes, siempre extrañas, lejos de revertir la tremenda resistencia de la afición puma, agudizaron su distancia de ésta. Aunque el futbol mexicano adolece de memoria, será difícil que Carrillo vuelva a dirigir. Es un tipo que parece devorado por su propio personaje, y ni siquiera el largo exilio en los medios parece haberle alejado de la soberbia. Cada vez cuesta más validar aquella impresión de que Mario era un genio de la estrategia como pocos.  Seguramente lo es, pero sus equipos tiene rato que no logran plasmarlo y para peor, los resultados de sus últimos trabajos han sido bastante malos. Salvo en una primera etapa con el Puebla, y en sus dos gestiones al mando del América, los trabajos de Carrillo no han sido buenos. Fracasó feo en Cruz Azul y Pumas, no le fue bien en sus dos últimas etapas en Puebla ni con los Tigres. Y si a eso se le agrega una conducta absolutamente desconcertante, se tiene como consecuencia un entrenador incontrolable e imprevisible, con reacciones poco sensatas y palabras poco claras. Para colmo, vienen ahora sus declaraciones rencorosas; en su día acusó al promotor Carlos Hurtado, el mismo que le representó y le permitió hacer carrera, de tenerlo “vetado”; ahora la culpa es de “las presiones de García Aspe” o de la prensa que exigía la presencia de los refuerzos. ¿Será que la gente que le pide un poco de “sentido común” le exige demasiado? Ahora Mario deberá refugiarse nuevamente en los medios, en los que la moda parece ser contratar técnicos con fracasos reiterados en el campo. Como analistas de TV no se gana tanto dinero pero no se expone prestigio, ese que en muchos casos es un vago recuerdo o vive en memorias cortas.

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