Lecciones de historia

Las noticias que llegan de parte de los dueños del balón no son nada positivas.

Paradójicamente cuando la Liga MX ha entregado en el terreno de juego un torneo aparentemente mejor a los anteriores, cuando las asistencias a algunos estadios han mejorado y se dice que también subieron levemente los ratings, además de que se registra una Final muy mediática entre dos grandes como América y Cruz Azul, las noticias que llegan de parte de los dueños del balón no son nada positivas. Después de unos años de cierta calma, parece que será un verano intenso por el abrupto cambio de algunas franquicias, el cual resulta perfectamente comprensible desde el punto de vista empresarial. Un hombre que invierte en futbol, como en otro rubro, tiene todo el derecho de traspasar o vender un negocio sí este no le resulta lucrativo. No obstante, esas mudanzas no dejan de ser un síntoma de cierta inestabilidad que nunca será positivo en un campeonato como el mexicano en el que se pretendió crear una imagen de madurez y seriedad la cual una vez más ha quedada maltrecha. A veces no sé hasta qué punto las aficiones –que son los consumidores del “producto”- son responsables de este tipo de decisiones. Es cierto que hay plazas de Primera División y plazas que no lo son. Hoy es fácil decir que los seguidores de Jaguares y San Luis, por ejemplo, no acompañaron a sus equipos e hicieron la situación insostenible, o que al Atlante le han abandonado a su suerte en Cancún.  Mirando sólo la actualidad es lógico pensar que en esas tres plazas no hay la suficiente “clientela” para sostener equipos profesionales del máximo nivel nacional. Pero a veces también parece que son los mismos directivos y dueños los que mandan desde arriba un mensaje desalentador y propician el desinterés de sus propias aficiones, tal vez para justificar una futura venta.  Algunos dejan de invertir pero no toleran que los dejen de apoyar. Recuerdo que Jaguares vivió momentos dulces como aquel liderato del Clausura 2004, y el estadio se llenaba. Tal vez haya sido la novedad del momento. Lo que es cierto es que al equipo de Chiapas lo fueron debilitando de a poco y tras la muy lucrativa venta de Jackson Martínez al FC Porto no se aprovecharon esos recursos para reforzar a un equipo que presentó planteles bastante modestos en el último año y así le fue. En once años los planteles competitivos de Jaguares fueron muy pocos y los resultados en la cancha paupérrimos. Nunca pudo ganar una serie de Liguilla y lo peor es que tampoco eso parecía preocupar demasiado a quienes controlaban el equipo. La relación del Atlante con Cancún inició de la mejor manera posible, con un campeonato. Y la gente llenaba las tribunas. Después los azulgranas se han dedicado a vender a sus mejores futbolistas y en cambio han apostado por refuerzos baratos y desconocidos. Eso y los pésimos resultados tampoco invitan a su afición a mantenerse al pie del cañón. Y de San Luis se puede decir lo mismo. Con Televisa el equipo ascendió y hasta obtuvo un subcampeonato de Liga, después la relación con la afición se fue  deteriorando de a poco. Dos ventas en unos cuantos meses, planteles y entrenadores de bajo perfil, resultados pobres y a nula identificación de López Chargoy con el estado, fueron vaciando las tribunas del Alfonso Lastras, hasta hacer parecer que no había más remedio que llevarse el circo a otra parte. Creo que algunos directivos no entienden que la fidelidad debe ser mutua. Que los aficionados deben apoyar incondicionalmente a sus equipos siempre y cuando éstos se muestren comprometidos también con ellos. Esa relación es fundamental y no se da por decreto ni se crea en dos o tres años. Es una inversión a mediano y largo plazo. Lo curioso es que hoy se “reviven” plazas como Querétaro, y aparentemente Veracruz, que en su momento tampoco parecían ser “tan lucrativas” pues anteriores directivos “tronaron” antes en esas ciudades, algunos supuestamente por falta de apoyo. Lo que tampoco han entendido muchos de estos empresarios es que la mayoría de las franquicias que cambian abruptamente de sede y nombre, o que usurpan la identidad de un equipo cuando en realidad no lo son, acaban mal o tienen corta vida. Creo que desde que el Ángeles de Puebla se convirtió en Santos Laguna en 1988, el resto de estos esperpentos dura poco o no trasciende. Y esas aficiones que quedan huérfanas acaban siendo gente que se siente traicionada o maltrata por el futbol mexicano en general, sí ese que hace un año pregonó una nueva Era en la que resulta que pasan las mismas cosas de siempre. Tristemente lo dijimos en su momento y no han tardado demasiado en darnos toda la razón. Sin orden estructural, sin apego a los reglamentos ni respeto a los aficionados, de poco servirá el maquillaje. Es cierto que estas cosas han pasado muchas veces antes, pero justo por eso resulta increíble que sigamos sin aprender del pasado. Lecciones de historia urgente necesitan varios de los que dirigen los destinos del futbol mexicano.

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