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Jorge Witker.

'El Chepo' y los ciclos

Miércoles 10 de Julio del 2013



Aún coincidiendo con la idea de que José Manuel De la Torre no es en estos momentos el hombre adecuado para afrontar el cierre de la eliminación y que su gestión se ha extendido más de la cuenta, me sorprende ese afán destructivo y esa saña con la que se trata a un entrenador en desgracia, finalmente un hombre que se esfuerza en realizar un trabajo sin lograr los resultados esperados.

Aclaro que personalmente considero necesaria su salida de la Selección de cara al cierre de la Eliminatoria. En la dinámica actual su permanencia en el cargo hace más daño que su despido. Con este ambiente de crispación, por más volátil que pueda ser, que rodea al Tri los juegos en el Azteca ante Honduras y Panamá serían una olla de presión muy peligrosa.

Entiendo que algunos parecen felices con ver al “Chepo” caer y hacerle “pagar” con desprecio esa aparente prepotencia con la que se conduce, y digo “aparente” porque creo que buena parte de esa distancia entre el seleccionador y la prensa tiene su punto de partida en la forma de ser del técnico, en su propia naturaleza. José Manuel nunca ha sido dócil y simpático ante cámaras y micrófonos, responde de manera seca y a la defensiva, y esquiva interrogantes con habilidad, encara directamente a quienes lo cuestionan.

Algunos medios y colegas exigen su despido fulminante. El “Chepo” es hoy el enemigo público número uno del país, lo que le hace propenso a ofensas, burlas e insultos hasta de los más incondicionales y un descredito total que sinceramente excede todo sentido común, aún entendiendo que la Selección Nacional es un ente que para muchos millones de mexicanos es el símbolo más cercano de patria.

Una pregunta cómo “¿No te queda grande el puesto?” me parece una auténtica agresión, no una duda periodística razonable. Entiendo que hay estilos diferentes, pero se debe partir siempre del respeto y no de la descalificación innecesaria y absurda.

Es cierto que en el futbol dos buenos partidos pueden encumbrar al más resistido y mandar al calabozo más oscuro a quien se idolatraba. Esa es parte de la magia que tiene este deporte y la industria que lo maneja. Los extremos son parte del día a día en el futbol, y lo que hoy parece irreversible, puede haber sido apenas un mal momento tras dos o tres buenos partidos. Lo que llama la atención es que así como la Selección Nacional logra empeorar actuaciones que parecían imposibles de “superar”, al entrenador nacional se le trata cada día peor, el desgaste es excesivo; sufre un especie de linchamiento público al que no se somete en México ni el peor de los delincuentes.

Hoy “Chepo” es “maltratado” por sus futbolistas en el campo de juego, y por periodistas y aficionados fuera; algo habrá hecho mal, eso es obvio. Pero también algo no hemos aprendido o no hemos sabido reconocer como medio ya que estos procesos de descomposición graves son cíclicos y los han sufrido tipos tan diferentes –y en su momento tan capaces-  como Enrique Meza, Miguel Mejía Barón, Bora Milutinovic, Ricardo La Volpe, Sven Goran Eriksson y Javier Aguirre.

Así como exigimos -con total razón- una buena dosis de autocrítica a un hombre en su momento laboral más penoso, no vendría mal mirarnos en el espejo y ejercerla para ver si los medios también somos lo suficientemente capaces para analizar con responsabilidad, sin tanto apasionamiento, las actuaciones de la Selección Nacional, ese equipo que casi siempre vive tan lejos de las expectativas, muchas de ellas generadas por medios afines al negocio.

“Chepo” debería irse si como hoy parece, no encuentra soluciones al mal estado actual de la Selección Nacional, pero algo debemos cambiar en el entorno nosotros para que no convirtamos al seleccionador en turno en el peor de los seres humanos cuando los resultados no son los que creemos “merecer”.

Hay que apuntar a los directivos también, y a los futbolistas como parte del problema y ver además que es lo que como prensa o aficionados nos corresponde, porque más allá de no tener nada que ver en el hecho de “ganar o perder” partidos, esa opinión pública enardecida y a veces irracional no ayuda al medio futbolístico ni a la sociedad en la que estamos inmersos. Y en eso sí somos en parte responsables…



Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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