¿Pasión por los colores?

La profesionalización del deporte rey, es decir, del fútbol nos ha llevado hasta nuestras casas un importante aumento de partidos, de torneos y de nuevas copas que de una u otra forma colapsan...

La profesionalización del deporte rey, es decir, del fútbol nos ha llevado hasta nuestras casas un importante aumento de partidos, de torneos y de nuevas copas que de una u otra forma colapsan nuestran pasión y en cierto modo nos abocan al hastio. Durante la temporada futbolística es difícil encontrarse un día sin fútbol y cuando esto se produce nos sentimos huérfanos. Estamos "enganchados" a la dulce droga de la emoción que rueda por la pantalla hasta impactar de lleno contra nuestros corazones. Pero lejos de ver un mejor espectáculo en el terreno de juego, nos tenemos que conformar con el morbo del resultado. Lejos quedan ya aquellos tiempos donde un buen partido de nuestro equipo aliviaba la siempre agria derrota. Hoy se tiene que ganar a toda costa y se lleva al máximo la frase de Bilardo: "...al enemigo ni agua". Es como si transportasemos la tensión y el estrés de cualquier trabajo, de cualquier oficina al estadio. Donde prima el afán por ser el mejor se pise a quién se pise, llevando el egocentrismo en grado sumo en las punteras de las botas. Eso si...unas hermosas botas de colores psicodélicos patrocinadas por la marca deportiva de turno. Si nos paramos a pensar, yo incluido, ya no vemos un encuentro de fútbol por el simple hecho de ver jugar a once agerridos jugadores contra otros once valientes deportistas. No lo hacemos...¡seamos sinceros!. Si no vemos jugar a nuestro equipo, el interés por aquello que vemos en el campo o en la tele cae en picado y sólo el hecho de ver un partido del máximo rival para ver si pierde puede suponer un sucedáneo de sentimientos. Asociamos los colores de las camisetas de nuestro equipo con toda la pasión que concentra el deporte del balompié. Ansiamos la llegada del partido. Lo preparamos todo para que nada falle. Si vamos al campo, los preparativos son a cada cual más variado y variopinto: desde la bufanda hasta la gorra con los colores de nuestros amores. Si lo vemos en nuestra casa o en algún bar los preparativos son incluso más curiosos: aquí algunos tampoco olvidan las bufandas, pero incluyen la típica cerveza a su indumentaria. Los hinchas somos así...¿raros?...Nooo¡¡¡¡¡...no somos ni mejor ni peor, somos diferentes. El ambiente que nos creamos a nuestro alrededor resulta en ocasiones algo increible y un contribuyente más al espectáculo del fútbol. Pero sin embargo, últimamente nos falla algo. Nos falla lo más importante...¡El fútbol!!!. ¿Realmente nos sentimos identificados con los jugadores que se visten la zamarra de nuestro equipo?. Cada vez esta pregunta es más difícil de responder y cada vez más la respuesta se torna más negativa que otra cosa. Pero quizás en este controvertido punto no sólo tengamos culpa los seguidores y los hinchas. ¿Nos transmiten los jugadores su pasión por el equipo?. Aquí la negativa de nuestra contestación se hace más aparente cuando nos acordamos de alguna jugada del último partido. Sin embargo, sería un craso error creer que porque un jugador, persona al fin y al cabo, fiche por un equipo, se involucre con el "entorno" como muy bien lo definió el genio holandés Johan Cruyff. El jugador es un trabajador y por lo tanto se debe a su sueldo y por lo tanto a la mejor oferta de salario que obtenga. No se puede dudar de la entrega o no del jugador, pero si quizás su falta de "ganas" al jugar en un equipo que por los azares de la vida puede ser el enemigo público número uno de la escuadra que, aunque escondida, pueda llevar en sus entrañas. En definitiva, jugadores del River Plate podrán jugar en el Boca Juniors, del Real Madrid en el Barcelona, etc...pero, ¿realmente sienten los colores?.

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