España, una selección de contrastes

Hay un lugar donde sin duda alguna la lógica no habita. Ese sitio es el mundo del fútbol. Allí dos más dos pocas veces suelen ser cuatro y en mínimas ocasiones las ecuaciones dan un resultado...

Hay un lugar donde sin duda alguna la lógica no habita. Ese sitio es el mundo del fútbol. Allí dos más dos pocas veces suelen ser cuatro y en mínimas ocasiones las ecuaciones dan un resultado coherente. No siempre buen juego es sinónimo de victoria y por supuesto, es difícil saber cuando el espectáculo viene de la mano de la técnica, de la garra o de la simple emoción del resultado. Y en ese punto de inherente ilógica se encuentra la selección española. Sumida en un mar de interrogantes intenta encaminar su rumbo hacia el próximo mundial. De la mano del aguerrido entrenador José Antonio Camacho, los jugadores españoles sortean como pueden los partidos propios de la clasificación y con más pena que gloria juegan los amistosos contra grandes selecciones mundiales. La pregunta que ronda la cabeza del aficionado español es sólo una y quizás tenga una fácil respuesta, pero por ahora nadie se la ha podido encontrar...¿cómo es posible que una liga que tiene tres representantes en las últimas rondas de la Liga de Campeones y tres, de los cuatro, representantes en semifinales de la UEFA, no gana una competición como selección ni a tiros?. Hay jugadores de alto nivel y calidad. Hay afición de sobra, eso si bastante deprimida por las últimas décadas de sequía en cuanto a títulos. Hay todo un país volcado con la selección cuando juega partidos importantes y eso lo demuestran los índices de audiencia televisiva. No se entiende como generaciones extraordinarias de futbolistas de temporadas pasadas y sin ir más lejos de la actual no logren hitos significativos. Y por supuesto, que de una vez por toda pongan a la selección española en el lugar donde se merece. Después de la despedida de Zubizarreta, del termino de la extraña época del seleccionador de Baracaldo, Javier Clemente y de otros cambios se veía difícil poder enderezar la nave nacional. Pero con la llegada de Camacho se creyó que la casta había vuelto a sentarse en el banquillo, y aunque eso si que es verdad -nadie puede negarle el fuerte carácter y ansias de ganar de Camacho- los triunfos sonados no llegan. Quizás vendimos la piel del león antes de cazarlo, pero por una vez se podía soñar con puestos en la élite futbolística. La realidad, de todos conocida, nos retornó al crudo sabor del fracaso y el salado movimiento de las lágrimas de la derrota. Sin embargo, la época de Camacho está aún abierta. Sigue habiendo extraordinarios futbolistas en España y quizás con un poco más de suerte se pueda hacer algo más que aspirar a ser eliminados en cuartos del próximo mundial. Sería todo un desperdicio que cracks como Raúl, Morientes, Guardiola y Mendieta (por nombrar algunos) terminasen sus carreras deportivas sin conseguir un triunfo internacional con su selección. Claro que hay que saber que las demás selecciones cuentan. Que hay escuadras con inmejorables jugadores y entrenadores, pero eso no debe ser óbice para conseguir ser alguien más que un simple equipo de buenos jugadores. Como en otras muchas cosas de la vida será el tiempo quien de o quite razones.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas