Durmiendo con el Enemigo

Por: José Escamilla,

Por: José Escamilla, Terminó la Euro, ganó el fútbol, ganó el espectáculo, ganó Francia. Un digno campeón que se suma a Alemania como los únicos dos equipos en ganar esta copa en mas de una ocasión, siendo los galos los únicos en lograrlo a sólo dos años de conquistar el campeonato del mundo. Además de grandes momentos futboleros, jugadas espectaculares, goles impresionantes y buen fútbol, la Eurocopa nos dejó una enseñanza importante: a veces nuestro rival más peligroso lo podemos encontrar en nosotros mismos… Holanda, un equipo poderoso, competitivo, espectacular, y sin duda él más completo en cuanto a nombres de toda Europa, no encontró su fin en un su rival sino en sus propias fallas. Un equipo que se cansa de fallar goles prácticamente hechos, que estrella balones en los postes, que falla CUATRO penales en un mismo partido, que domina táctica, y psicológicamente a su rival, al grado de ahogarlo literalmente pero que simplemente no lo refleja en el tanteador, no puede aspirar a nada mas que a ser su propio verdugo. En este espacio había yo lanzado el reto para ver quien sería el valiente que podría parar a esa poderosa naranja mecánica. Debo confesar que nunca imaginé entre las posibilidades a la propia Holanda. Descuido garrafal que seguramente tampoco contempló Rijkaard, quien puso un importante “granito (o granote) de arena” para consumar la derrota de su equipo, haciendo cambios de caricatura, que parecieron irónicos más que efectivos. Irónicos porque nadie en sus cinco sentidos puede pensar en sacar a Cocu, Zenden, y Bergkamp, en la situación en la que se encontraban y esperar que se revierta... y para cerrar con broche de oro, designar a de Boer para tirar el primer penal cuando ya había fallado uno en el partido. Hubiera sido más sano ubicarlo en un el segundo o tercer turno, o de plano, brindarle la oportunidad a otro compañero. Un equipo con tanta jerarquía, calidad y experiencia, necesita de un técnico con la misma jerarquía, calidad y experiencia para poder encaminar todo ese potencial por el camino correcto sin que les salga el tiro por la culata. Haciendo un repaso general del equipo de los tulipanes, veremos que tienen a uno de los cinco mejores jugadores europeos en cada una de las posiciones menos en la dirección técnica. Los toros de Chicago de Michael Jordan, por ejemplo, eran un equipo espectacular, pero no hubieran alcanzado las alturas a las que llegaron, sin la conducción de un técnico con la misma calidad y personalidad que tenían sus jugadores, como lo era el coach Phill Jackson. Italia, un equipo que su propuesta táctica futbolística es espantosa, pero que, lo que hace, lo sabe hacer muy bien, tiene una calidad impresionante, y desde luego que tiene un gran mérito jugar a lo mismo, sin salirse de su estilo y aguantar tanta presión, pero es importante señalar que en esta oportunidad no fueron ellos los victimarios de los holandeses, sino, la propia naranja. Así como apunté que aunque jugando al contragolpe, pero con mucho fútbol y contundencia, habían acabado con sus anteriores rivales, ahora hay que reconocer que en esta semifinal su único mérito fue no desesperar y esperar a que el equipo anaranjado se hiciera el “harakiri”. Al pensar en un título para la columna de esta semana, me pasaron muchos por la cabeza, pero al final sólo dos eran mis opciones: “Jugo de naranja”, ó “ Durmiendo con el enemigo”; me incliné por el segundo porque ejemplifica muy bien el punto que quiero resaltar, aunque los holandeses hayan quedado literalmente hechos jugo... Tal vez deberían enseñarles el jingle de los tomatitos muy contentitos y el verdugo que los hizo jugo y aplicarla a su caso.

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