¡GIGANTE!

POR JOSÉ ESCAMILLA

POR JOSÉ ESCAMILLA Antes que nada quiero darle la bienvenida a mi amigo, Mauricio González Mouret, por su reciente incorporación al equipo de mediotiempo.com. “Mauro” (como se le conoce en el medio), es una persona muy capaz, pero sobretodo un gran conocedor y apasionado del fútbol, que nos ilustrará con su sabia opinión, a partir de hoy, y durante mucho tiempo. ¡Enhorabuena! Después de esta breve pero sincera introducción, entramos en materia pambolera... México empieza un largo y tedioso proceso con rumbo al lejano Oriente. Un caminar que en el papel puede parecer sencillo, o de mero trámite, una obligación para nuestra selección que a veces suele ser mas complicada de lo que parecía en un principio... Arbitrajes muy complicados, ambientes hostiles, canchas espantosas, climas adversos, y mala preparación, han sido a lo largo de la historia, factores que han pesado mas que los rivales en los grandes fracasos de nuestro balompié en eliminatorias. Es una falacia aquello de que las distancias se han acortado y que ya no somos mas, el gigante de la ex – CONCACAF. México es y seguirá siendo, (mientras así se lo proponga), muy superior a los rivales del área. Que no le digan que antes no se tenían las dificultades que ahora se tienen porque le están mintiendo, solo hay que echarle una revisada a la historia y veremos que siempre que no se ha trabajado, y nos hemos dormido en nuestros laureles, el fracaso ha llegado. Es decepcionante oír a todo el mundo cuestionar este “exceso de precauciones” que toma nuestro seleccionador nacional, para enfrentar a Panamá y compañía. Se les olvida que no es suficiente con ser mejores individualmente, e históricamente. Este es un deporte de conjunto, que necesita de entendimiento y mucha comunicación para que los equipos funcionen como tales. El trabajar no significa miedo al rival o aceptar que ya no se es “tan superior”, sino más bien, pensar como grande para seguirlo siendo. Es verdad, que el fútbol de los hijos del tío Sam viene desarrollándose a pasos agigantados, que su liga parece tomar fuerza, y que su selección cada día nos opone una mayor resistencia, pero esto no indica que este crecimiento que muestran, vaya a seguir al mismo ritmo. Cuando se tiene mucho por aprender, mucho por crecer, mucho por desarrollar, el crecimiento, de todos los procesos de esta vida, se da más rápido. Llega un momento en el cuál ya no se puede caminar a la misma velocidad, porque habría un desequilibrio. Imaginemos al fútbol de nuestros vecinos del norte, como a un bebé... Los primeros meses, crece como si fuera Gulliver, pareciera que si sigue a ese ritmo, en pocos años será tres veces nuestro tamaño. Pero en realidad se encuentra en una etapa en la que tiene muchas cosas por desarrollar, y por aprender, con el paso del tiempo, el proceso de crecimiento se va volviendo mas lento. Incluso en ocasiones da la impresión de haberse detenido, pero en realidad se encuentra en su año sabático, tomando nuevos bríos para después volver a jalar con fuerza bruta. Llega un momento en el que se alcanza la edad adulta, los cambios físicos no son ya de tamaño sino de decoración. Cambia la voz, el cuerpo va tomando sus formas, se dan cambios hormonales, etc... en pocas palabras este es el último gran cambio que se puede detectar a simple vista. Es aquí donde se entra en una etapa de crecimiento intelectual, espiritual, y formativo. El más difícil y lento de todos. Digamos que nuestro país se encuentra en esa etapa de su vida, en la que es necesario competir con grandes rivales, para seguir adquiriendo esa experiencia, para que ese colmillo que identifica a los grandes del mundo se desarrolle, y que mejor que hacerlo con un “sparring” lleno de vitalidad y ansioso por comerse al mundo de un puñado como lo es en este momento Estados Unidos. Mientras el adulto siga cultivándose y tome sus vitaminas competitivas, buscando aprender de los más experimentados y recordar ideales de los más jóvenes, no tendrá problemas. Cuando se ha llegado a la edad adulta, todo depende de las ganas de seguir creciendo de cada individuo. Aquí el crecimiento y desarrollo ya no se da por naturaleza, sino por deseo particular. Es aquí en esta etapa en donde las distancias se pueden acortar, es aquí cuando se puede dormir pensando que lo ha logrado todo, y despertarse sin nada, o despertarse y darse cuenta que lo único que se ha conseguido es completar un ciclo más, que vendrá el siguiente, y que hay que estar alerta para seguir creciendo. México a pedido a gritos, a través de los años, mayor competencia internacional para poder desarrollarse. Esta es una buena oportunidad para hacerlo. No debemos ver con malos ojos el crecimiento de los “gringos”, porque a fin de cuentas esa competencia bien encaminada, se traducirá en crecimiento mexicano. P.D. Pregunten a su abuelita si no es verdad que los pasteles los primeros 20 ó 25 minutos se esponjan muy rápido, pero el secreto esta en esperar a que se cueza como es debido. Ahí está la clave. escamilla@mediotiempo.com

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