Invierno 2000

Por: José Escamilla

Por: José Escamilla Nos encontramos a una semana de que de comienzo nuestra liga, no se ustedes, pero a mi ya me urge un poco de actividad pambolera, de verdad que estos ayunos sólo le caen bien a Loquillo y sus amigas. Analizando a cada uno de las escuadras que tomarán parte en esta competencia, veremos que hemos sido invadidos por varios jugadores sudamericanos de calidad. Ya se había hecho una costumbre que llegaran muy pocos buenos jugadores de fuera, y que sólo se dieran trueques entre los equipos locales. El arribo de jugadores como Oviedo (América), Arancibia (Atlas), Donoso (Pumas), entre muchos otros, refrescan nuestra liga, y permite a jugadores jóvenes nacionales que no tienen la oportunidad de encarar competiciones internacionales, conocer otro tipo de juego, y aprender cosas que a la larga darán réditos. La llegada de estos jugadores que se unen a los Estay, y a los Aguinaga, y la salida de otros muy “malitos”, le da prestigio a nuestra liga, le da nivel y permite la sana competencia por un puesto entre estos consagrados y los que vienen empujando detrás. A veces deberíamos de preguntarnos ¿que es mejor para nuestro balompié? Muchos jugadores jóvenes que suben al primer equipo sin dificultad alguna, o que los que lleguen sea por que han demostrado ser mejores que los que supuestamente llegaron para ser titulares. Ahora bien, como todo en la vida no hay que caer en los excesos, y procurar un control de calidad. Futbolistas como los que aquí se mencionaron son los que deben de llegar al fútbol nacional, jugadores que ya hayan probado algo en sus respectivos países y de preferencia en su selección. No se debe permitir que lleguen “a probar suerte” en campos mexicanos, deben de llegar a confirmar lo que ya demostraron, y se les tiene que exigir que derramen hasta la última gota de sudor. No se vale que vengan a pasear, a ganar un poco de “plata”, y regresar a casa con carro completo. Bien se dice por ahí que más vale calidad que cantidad, y valdría la pena aplicarlo al torneo casero. Cuatro foráneos por equipo en la cancha es más que suficiente para que se tenga esa representación extranjera tan necesaria y ese constante refresco de la liga. Siete espacios para jugadores nacionales, son suficientes (al menos por el momento), para brindar oportunidades a nuestras jóvenes promesas, cobijados bajo la manta de jugadores nacionales consagrados, y extranjeros de calidad. Además de igualar las oportunidades para todos, porque es increíble que los equipos capitalinos tengan que jugar en desventaja más de la mitad de la temporada (sólo en nuestra liga se pueden dar este tipo de situaciones). En vez de criticar los altos sueldo que se manejan en el fútbol azteca se debería aprovechar esto y traer a jugadores de alta calidad. Si los altos sueldos impiden la salida masiva de nuestros futbolistas a probar suerte al fútbol europeo (que sería lo ideal), se debe entonces, elevar el nivel de la liga local procurando contrataciones no espectaculares ni millonarias, si no mas bien, efectivas y de calidad. Con buenos visores en canchas del cono sur se hubiera podido detectar antes que los argentinos a los colombianos de Boca o a Chilavert por ejemplo, y sin ningún problema traerlos a hacer escuela en nuestro país. Estamos pues ante el inicio de una liga mas, plagada de novedades y de promesas muy interesantes. La “colombianización” de nuestra liga puede ser muy atractiva, y de mucha utilidad (seis de los siete colombianos que estarán actuando en el invierno 2000 son o han sido seleccionados de su país). El fútbol explosivo, de velocidad y fuerza de los morenos cafeteros puede aportarnos mucho, y acostumbrarnos un poco a ese estilo de juego que siempre nos hace tanto daño. escamilla@mediotiempo.com

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