La terquedad de uno, el ego de otro

POR: JOSÉ ESCAMILLA

POR: JOSÉ ESCAMILLA Mucho he criticado en este espacio la labor de Manuel Lapuente al frente del tricolor últimamente. Muy merecidas eran todas las críticas. México llevaba casi un año jugando muy por debajo del nivel que ya había alcanzado con el propio Lapuente. Pena daba verlos “jugar”, pero creo que, para variar, nuestros ilustres directivos se vuelven a apresurar. Vuelven a cortar procesos, vuelven a dejarse llevar por sus intereses, y por el ego, mas que por la razón, que ha comprobado, con el mismo Meza, ser infalible. Manolo se encontraba en un problema de forma, mas no de fondo. No era necesaria esta determinación, aunque sí inminente. La desgastada relación que mantenía con los directivos (léase Lebrija), era insostenible. La primera condición que debe de imperar en un equipo de trabajo, es el apoyo incondicional entre sus miembros, y la segunda es la confianza en el trabajo asignado a tu compañero. No es posible colaborar con alguien que, mas que ayudarte, pareciera que desea verte caer, aunque esto implique un fracaso para el mismo. Es imposible ocultar los enormes y recientes fracasos de nuestras selecciones. La eliminación de los juegos olímpicos con un equipo que tenía todo para hacer algo grande, y el papelón de la Copa de Oro, son responsabilidad de Lapuente y de nadie más. Él, como encargado de nuestras selecciones, es el responsable y el que al final debe de rendir cuentas. Pero tampoco nos podemos quedar con un análisis tan superficial de lo ocurrido. Recordemos que para enfrentar como era debido, una eliminatoria olímpica, Manolo pidió apoyo a los clubes para contar con sus jugadores por espacio de un mes, en el cual, los jugadores encontrarían ese juego de conjunto, vital en un deporte que no de a gratis se llama futbol asociación, y que tanto habían extrañado en la eliminatoria previa jugada en Guadalajara. Lebrija y compañía decidieron que este proceso de acoplamiento de un mes, no era necesario ya que consideraban rivales de poca jerarquía (desde cuándo lo dirigentes deciden quién es un rival fuerte o no) a nuestros oponentes de la Confederación de Futbol (Honduras acaba de empatar en Sydney con el campeón defensor, Nigeria, después de ir arriba por 3 a 1). Llegó la eliminatoria y México encontró su Waterloo. Un equipo hondureño, muy ordenado atrás y siempre buscando el contragolpe, con jugadores muy rápidos por las puntas, hizo ver a todo nuestro país que en este deporte las individualidades no lo son todo, y que para abrir a un ostión como ese, se necesita juego de conjunto. Se necesita de jugadas prefabricadas, de paredes y combinaciones previamente ensayadas. Dejarle toda la responsabilidad a las individualidades fue demasiado. Nadie puede negar que nuestro equipo olímpico contaba con calidad individual de sobra. Osorno, Juan Pablo, Rafa Márquez, Mario Méndez, y casi todos los integrantes de este conjunto han demostrado una capacidad para jugar a este bello deporte, como pocas veces se le ha visto al jugador nacional. Libertadores, la Liga Francesa, el Campeonato Mundial sub-20 en Nigeria, o el propio torneo local, han sido testigos de la calidad de estas promesas aztecas. Pero todo esto no es suficiente sin una previa y adecuada preparación. No estoy diciendo que Manolo no haya tenido la culpa, o que puede sentirse tranquilo, pero si les digo que se deben de deslindar responsabilidades. Manolo es el responsable ante la opinión publica, pero no es el único culpable en este equipo de trabajo que integra, junto con nuestros directivos, y que debiera jalar para el mismo lado. El papelón en la Copa de Oro, hubiera ocurrido con apoyo o sin apoyo. Simplemente se jugó espantoso. Este fue un indicio de que además de la poca química entre Lapuente y Lebrija, la verborrea, la labia de Manolo, ya no surtía el mismo efecto motivador. Este era el momento de cambiar su manera, su forma, mas no su fondo. Con apoyo, y con diálogo, se hubiera podido mejorar esta situación, solo era cosa de tiempo, y de que Manolo dejara a un lado la terquedad que le caracterizaba a últimas fechas, motivada seguramente, por el malestar que le causaba dicha situación. Pero qué pasa cuando enfrentas esta crisis, sin un respaldo, o más bien con un enemigo que sólo busca llenarte el buche de piedritas. Buscas el cambio y te encuentras que el Presidente de la rama de la Primera División informa a la prensa de tu sueldo, como exigiendo más hechos y menos pagos. Vivimos en un país lleno de desigualdades, que busca la democracia, y salir del atolladero en el que solitos nos hemos metido, (digo hemos, porque nosotros finalmente escogimos a los que nos empujaron al abismo). Es normal que el pueblo en general sienta cierto recelo por aquellos a los que la vida no los ha tratado tan mal desde el punto de vista económico. Son ma...jaderías, son patrañas, por no decir otra cosa, que Lebrija haga de dominio público el sueldo del Director Técnico Nacional. ¿Qué estaba buscando?, ¿Qué ganaba?, ¿Por qué no dice cuanto gana él?, seguramente por que gana igual o más que Manolo. Rafael Lebrija no es ningún tonto, es un directivo muy inteligente, y comprometido como pocos en nuestro balompié, pero no le gustó que Lapuente tuviera más poder que él. No soportó que el técnico nacional, le dijera las cosas un poco bruscas, pero ciertas, por medio de la prensa. El ego no le permitió ser el buen directivo que es en el Toluca. Ahora es el turno de un señorón. Un hombre íntegro en toda la extensión de la palabra. Muy capaz, y con méritos más que suficientes para hacerse cargo de nuestro equipo nacional. Ojalá y la misma continuidad que ha encontrado en el equipo del Estado de México, la encuentre en la Selección. Nadie mejor que la gente de Toluca, sabe de la importancia de la paciencia y la continuidad. El éxodo de Manolo ha llegado. Es momento de reflexionar. Los directivos deben dejar trabajar al que esté al frente de nuestros representativos, Meza debe de hacer lo que sabe hacer, y Manuel Lapuente Díaz, debiera aprovechar una oportunidad en el extranjero, para así buscar la internacionalización del futbol mexicano en todos sus ámbitos. escamilla@mediotiempo.com

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