Carta a Luis Ignacio

POR: JOSÉ ESCAMILLA

POR: JOSÉ ESCAMILLA Luis Ignacio: Tal vez fui demasiado fuerte en mi juicio hacia tu persona, tal vez no estoy entendiendo completamente tu situación, tal vez el adjetivo no fue el indicado, tal vez es necesario hablarlo de frente, tal vez.... Tengo la fortuna de conocerte personalmente, a lo mejor no me recuerdas, pero hemos charlado una que otra vez y siempre he admirado tu don de gente y tu calidad futbolística. Por esto, y por la desesperación de ver como se desperdicia otro gran futbolista, fue que me atreví a escribir la columna de la semana pasada. Hubiera estado perdiendo mi tiempo si hubiera creído que era en vano. Mi intención jamás fue la de destruir, sino la de construir, fue una fuerte llamada de atención porque creo en ti y en tu capacidad, si no lo viera así, créeme que no me hubiera tomado la molestia. La actitud que te quieren inculcar personas como José Manuel Sanz y su equipo, no van con tu forma de ser, no van con un jugador símbolo de la Universidad, no van con alguien que representa los colores de un equipo como los Pumas. Una institución sedienta de gloria, intachable, entregada y comprometida con una filosofía que va mas allá del crecimiento de los bolsillos, una filosofía que busca el crecimiento del espíritu, del ser, del hombre. Hoy mas que nunca, la UNAM necesita de gente que sienta, quiera y muera por sus colores. Ya basta de mercenarios que se beneficiaron de las oportunidades que en ningún otro sitio les brindaron, y después se olvidaron que había llegado el momento de saldar cuentas. Perdóname Gonzo si soy muy franco, pero esta actitud no la puedo llamar de otra forma. Ha llegado el momento de decir las cosas como son, y si me pareció que tu conducta era la de un imbécil, así lo tenía que decir. Es una llamada de atención muy a tiempo, porque yo sé que me puedes hacer tragar mis propias palabras, y créeme que me daría mucho gusto. Analiza la situación, platica con tus compañeros, escucha el himno de la Universidad, y no olvides que te debes al público, y que, especialmente el de los Pumas, tiene el poder de dar y de quitar. Una afición así de entregada no puede exigir menos que esa misma entrega. Le debes muchas cosas a Pumas, a la Rebel, a la Ultra, al Orgullo Azul y Oro, etc... Cuando hayas dejado la piel en la cancha, cuando hayas sudado cada rincón del césped del México 68, cuando hayas reído, cuando hayas llorado, cuando hayas sentido, anhelado, y cantado un Goya, entonces tu ciclo habrá terminado. La afición universitaria exige que los jugadores que portan el azul y oro, se entreguen con el mismo ardor, con el cual entonan hoy sus hijos, el himno en su honor. Ya habrá tiempo de cobrar, pero primero hay que demostrar. Sinceramente José Escamilla escamilla@mediotiempo.com

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