Al pan, pan y al vino, vino

POR: JOSÉ ESCAMILLA

POR: JOSÉ ESCAMILLA Después de la euforia en la que nos situó el miércoles pasado el representativo nacional, ha llegado el momento de bajarnos de nuestra nube, despejar la mente, ubicarnos en la realidad, hacer un recuento serio y una meditación profunda para sacar el mejor provecho de todo esto. México mejoró mucho el funcionamiento colectivo. La actitud y disposición parecen haber cambiado. La confianza, el atrevimiento y la seguridad regresaron de la mano de Antonio De Nigris y de Oswaldo Sánchez. Jugadores como Zepeda, Osorno y Víctor Ruíz se contagiaron de esto, y por fin alcanzaron el futbol que normalmente desarrollan en sus clubes, pero que en la selección no habían podido mostrar. Parece que Meza se está dando cuenta que para llegar al tri no basta con buen futbol, también hay que tener carácter. Aunque Brasil no jugó a su nivel (no porque no haya querido, sino más bien porque no pudo por distintos factores entre los que también está el funcionamiento del tricolor), y México aunque se acercó al suyo, todavía tiene para mejorar, vimos un buen espectáculo futbolero en el Jalisco. Grandes futbolistas, buenas jugadas, golazos, futbol ofensivo, espectaculares atajadas, planteamientos interesantes, derroche de ganas, reconciliaciones, y el resurgimiento azteca fueron ingredientes claves para hacer de aquella noche una que quedará grabada en la mente de la afición tapatía. Sin duda fue una velada redonda que nos dio mucho para disfrutar, pero también nos deja algo que analizar. Rafael Márquez, por ejemplo, es un excelente zaguero, pero en ocasiones peca de soberbia futbolística y como dicen por ahí, “le pone mucha crema a sus tacos”. Es cierto que Rafa tiene una calidad y una técnica inusual en nuestro balompié, pero también debería tener mas cuidado, no relajarse cuando va ganando, y no salir como lo intentó cuando cayó el primer gol carioca. El michoacano tiene todas las condiciones para llegar a donde se lo proponga, pero una de ellas es la inteligencia y es la que al final distingue entre los buenos y los muy buenos. Omar Blanco para mi gusto no es elemento de selección nacional, pero Enrique Meza es el que elige. Si ya le tocó la suerte de estar ahí, no puede salir saltando como si estuviera jugando a “el quijotillo y doña blanca”, cuando tiene a sus espaldas a ¡Romario! Creo que Enrique se equivocó al sacar a Márquez, porque aunque era un partido de preparación en donde puede hacer todos su experimentos, se le estaba ganando a Brasil, y eso no se hace todos los días. El cabrito, (que no se como le van a decir cuando sea veterano), ya está para jugar mucho más tiempo. El futbol de Arellano es alegre y ofensivo, es de esos jugadores que cada día hay menos, y que también necesita de minutos en el terreno para que su futbol reditúe. El miércoles no necesitó del reloj, pero no es justo, que cada vez que entre al campo se le exijan resultados inmediatos como si fuera mago. Creo que este cabrito ha crecido, tiene mucho futbol y ha ganado en carácter. Elementos que no abundan en el aztecalcio. Un punto interesante que se debe de examinar con cuidado es la creatividad en el centro del campo. Me parece que uno de los graves problemas en el equipo de todos en sus últimas actuaciones, había sido la carencia de un volante ofensivo que surtiera de balones a la artillería. Creo que si Víctor Ruiz se pone las pilas y le echa mas enjundia (busquen la definición de enjundia en el diccionario), acompañado en las bandas por elementos como Arellano, Ramón ó Zepeda, y escudado por Torrado y Villa justo a sus espaldas, podría comandar un escuadrón ofensivo bastante poderoso. Entre las cosas positivas a destacar, y que también se deben analizar y estudiar, está el caso de De Nigris y Oswaldo. El portero del chiverío ya lleva un rato lidiando con la fama, y no creo que tenga problemas para asimilar esta nueva experiencia, pero Antonio es un futbolista joven que ha llegado a la cima como un cohete, y debe andar con cuidado para no caer tan rápido como ha subido. El viernes tuve la fortuna de platicar por teléfono con su mamá, su hermano y Benito Floro, y por lo que me dijeron parece que es un muchacho tranquilo con principios y que está muy bien aconsejado. Ojalá lo sepan llevar porque tiene mucho futuro. El ariete rayado todavía tiene muchas cosas por aprender, pero es un auténtico deportista con una gran virtud: tiene una voluntad y un carácter muy importantes. Ahora nos toca a nosotros, la prensa, encontrar el punto medio y no empezar a inflar ni a demeritar las cosas. México empató un partido amistoso contra Brasil, mejorando mucho, pero sin llegar al tope. Mostró muchos avances, pero hubo algunas fallas. Parece que inicia el nacimiento de un futbolista al que todavía le falta, pero que llevado con cordura está para grandes cosas. El arco nacional encontró la competencia, la seguridad y la personalidad que le venían haciendo falta, y Zepeda y Osorno por fin se atrevieron. Al pan, pan, y al vino, vino. escamilla@mediotiempo.com

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