El amor a la camiseta

Dos sucesos recientes llaman la atención de aquellos observadores que, como un servidor, se suelen fijar en detalles aparentemente anecdóticos, pero que marcan las tendencias actuales del fútbol...

Dos sucesos recientes llaman la atención de aquellos observadores que, como un servidor, se suelen fijar en detalles aparentemente anecdóticos, pero que marcan las tendencias actuales del fútbol mundial. Por un lado, se da la que hubiese sido hace unos años considerada como inverosímil coincidencia de que un equipo inglés, el histórico Arsenal para más señas, alineara en un partido oficial a sus once titulares no nacidos en las Islas Británicas, es decir, no había ni Ingleses, ni Escoceses, ni Irlandeses ni Galeses, ni siquiera entre los 6 posibles sustitutos de la banca. Esto que ahora nos parece apenas digno de una charla de café, no habría cabido entre las más disparatadas incongruencias que se le ocurrieran al más loco de los futurólogos detractores de un fútbol tan tradicional y apegado a sus raíces como, hasta hace poco, resultaba ser el fútbol inglés. No cabe duda que los tiempos cambian y que la globalización ha llegado a extremos como el que se comenta, con el consiguiente detrimento en la autoestima  de los  que suponemos serán los próximos talentos nacidos en Inglaterra, que pretendan acceder a un puesto en un equipo de su propio país en el futuro.

Por otro lado, somos testigos de cómo el Real Madrid, un equipo de similares convicciones que las del Arsenal, pero con una historia todavía más rica en títulos y en grandes y millonarias  contrataciones de estrellas foráneas, que a últimas fechas se complace en autodenominarse “los galácticos” , pierde en su casa un partido trascendental para seguir teniendo aspiraciones a la Liga de su país, contra un rival como el Athletic de Bilbao, cuya filosofía ha sido siempre la contraria a la de su rival en turno y a la de la mayoría de los equipos europeos y del resto del mundo, es decir, la de alinear únicamente futbolistas nacidos en su región.  Dicha situación auto limita al Athletic de Bilbao a considerar sólo a aquellos jóvenes futbolistas nacidos en las provincias vascas  que tengan condiciones para jugar fútbol profesional en la Primera División de un fútbol como el español, que está considerado entre los 5 mejores del mundo a nivel de clubes, y en muchas ocasiones en las competiciones europeas.

Si tenemos en cuenta que la población total de dichas provincias, incluyendo a Navarra,  apenas supera los 2 millones y medio de habitantes ( en la unidad habitacional de Culhuacán hay más), de los cuales un pequeño porcentaje son jóvenes varones que juegan al fútbol aceptablemente, hay que contemplar lo bien que se ha de trabajar en la “cantera” rojiblanca para conformar un equipo competitivo que, entre muchos Campeonatos y otros logros, jamás ha descendido a la 2ª división de España. Sin embargo, ellos tienen un factor a favor con el que ya no cuenta casi ninguno de los demás equipos de España y del mundo en general, a saber: la identidad o, mejor dicho, el verdadero amor por su camiseta. Este condimento, detalle o ingrediente que antiguamente resultaba indispensable y lo sigue siendo todavía en algunos ámbitos del deporte amateur, y que psicológicamente todavía no ha sido sustituido por ningún otro que pueda tener el mismo peso a la hora de medirse con cualquier rival en cualquier cancha del mundo ( ni siquiera el dinero lo puede suplantar), se ha perdido al grado de haberse casi extinguido de la faz de la esfera deportiva, si no fuera por excepciones tan ilustres como las del Athletic Club de Bilbao.

En México tenemos un ejemplo con colores parecidos, por cierto, a los del Bilbao, que son las “Chivas” del Guadalajara, quienes desde su fundación han jugado únicamente con elementos mexicanos, aunque nacidos en cualquier lugar del País. Esto amplía más su radio de elección, puesto que no se limita a jugadores nacidos en Jalisco, por ejemplo, pero que le otorga a sus elementos, sobre todo a los surgidos de su propia cantera, una identidad de la que carecen los demás equipos mexicanos, incluyendo en ocasiones a la propia Selección “Nacional”, ya que en las Chivas no se aceptan jugadores “naturalizados”.

En un fútbol tan competitivo como es el actual, no estaría de más que muchos equipos   ( y selecciones)  consideraran el echar mano de este factor psicológico que ha demostrado ser tan valioso a la hora de perder o ganar, como es el del “amor a la camiseta”, en vez de pretender motivar a sus jugadores con un dinero que en ocasiones se va por la coladera y que no consigue dotar de la suficiente identidad a futbolistas, por muy buenos que sean, que lo mismo están hoy en un equipo y mañana en otro, con el pretexto de que son “profesionales”.

Yo nunca he sido aficionado de las Chivas, dios me guarde, ni del Bilbao, pero tal como están las cosas, me encantaría que el gran papel que están haciendo en la Copa Libertadores nos permitiera festejar más triunfos, ya no sólo de las Chivas, sino de los futbolistas nacidos en México.

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