La importancia del entrenador

Aunque le moleste aceptarlo a la gran mayoría de los intelectuales (incluyendo al “mamón”,  pero excelente escritor  Jorge Volpi que dice que de lo único que nunca escribiría sería de fútbol) este...

Aunque le moleste aceptarlo a la gran mayoría de los intelectuales (incluyendo al “mamón”,  pero excelente escritor  Jorge Volpi que dice que de lo único que nunca escribiría sería de fútbol) este deporte tiene que considerarse como uno de los fenómenos sociales más llamativos, por lo mismo que intrascendentes en esencia, del pasado siglo XX.

No cabe duda que desde su formalización en la Inglaterra del S XIX ( aunque ya se practicaba informalmente en muchas civilizaciones desde tiempos inmemoriales), el fútbol se propagó rápidamente a casi todos los rincones del mundo, convirtiéndose en un punto en común, como pocos entre las distintas razas y maneras de pensar. Escasas han sido las modificaciones que ha sufrido el reglamento original del juego, y quizás en ello y en su sencillez radique la fascinación que consigue despertar en las mayorías que lo ven o lo practican. Esa sencillez y, al mismo tiempo, la posibilidad de interpretarlo de acuerdo al variado temperamento de los habitantes de cada latitud, conforman distintos escenarios que se han visto complementados y enriquecidos a partir de la mitad del siglo pasado, con la posibilidad de confrontarlos cotidianamente a través de la magia de la televisión.

En sus inicios, y mucho más allá de ellos, los equipos de fútbol originalmente estudiantiles y posteriormente representantes de fábricas y luego de Clubes amateurs, carecían propiamente de “entrenadores”, preparadores físicos y, desde luego, de “directores técnicos” o algo parecido. La formación de los mismos, posteriormente clasificadas como “alineaciones”, se establecían de común acuerdo entre los jugadores, con preeminencia de los más experimentados y bajo el mando absoluto de un capitán que hacía las veces de dirigente-entrenador-jugador y hasta médico o masajista, sin olvidar la responsabilidad de cuidar, inflar y engrasar el único balón  con el que se contaba para los partidos de fin de semana. Por supuesto que casi no había entrenamientos y si acaso se juntaban para cascarear un día  entre semana y tomarse algunas cervezas para analizar el partido anterior y planear el siguiente en las instalaciones de algún Pub o cantina que hacía las veces de Club social.  De hecho hasta hace muy poco en Inglaterra se acostumbraba ver a jugadores en activo que fungían de capitán-entrenador dentro de la cancha, caso reciente de Gullit, Ardiles, Dalglish, Reid, etc. , y que anteriormente era lo más común en el fútbol más tradicional del planeta.

Poca gente sabe, por ejemplo, que en México todavía a principio de los años 60´s se entrenaba solamente los martes y jueves para juntarse a viajar o jugar de local sábado o domingo en todos los equipos de Primera División, cuestión que empezó a cambiar con la llegada de Renato Cesarini a Pumas en 1961, procedente nada menos que de la Juventus de Italia, donde ya se practicaba un profesionalismo en toda forma. Un cambio sustancial en las Reglas de Juego que resaltó enormemente la función del director técnico en el fútbol actual fue, sin duda, el de permitir la sustitución de jugadores durante los partidos, factor que comenzó a utilizarse oficialmente poco antes del Mundial de México ’70, y modificó sustancialmente el planteamiento de los juegos en sí junto con su estrategia y, con ello, la importancia que hasta entonces tenía la presencia de un entrenador fuera del campo. Tan es así que muy pocos recuerdan a los entrenadores de los grandes equipos de la historia antigua, muy poco importantes entonces en relación a las grandes figuras que los conformaban, mismas que eran mucho más trascendentes que la gris figura de su entrenador. Salvo casos ilustres como los de Matt Busby o Helenio Herrera, los entrenadores no fueron demasiado importantes hasta después de los 70´s, y su personalidad no resaltaba en ningún caso más allá de la calidad y capacidad de sus propios jugadores que son, como debieran seguir siendo, los verdaderos protagonistas del espectáculo.

Resulta chocante el ver las ínfulas que se dan, lo que cobran y lo efímeros que son la mayoría de los “sagrados” entrenadores de hoy en día, sobre todo en nuestro fútbol, que buscan acaparar la atención de los medios antes, durante y después de los partidos con  sus poses, declaraciones, polémicas insulsas y demás actitudes favorecidas por unos medios que endiosan a personajes que, en la mayoría de los casos, se benefician particularmente y le hacen más daño al espectáculo de lo que verdaderamente le aportan.

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