Querido Pablo:

Por: Julio César Lira

Por: Julio César Lira En vísperas del partido de homenaje a Pablo Hernán Gómez, a celebrarse el miércoles 4 de abril en el estadio Hidalgo, mueve más el recuerdo del pequeño gran jugador del Pachuca, que si bien siempre ha estado en pensamiento y el corazón de quienes lo amaron y le amaran por siempre, en esta ocasión, la intensidad de su recuerdo avivará la emoción del sentimiento hacia el querido Pablo y su inseparable Mónica, bien dice don Mario Benedetti, que un recuerdo amorosamente fundado nos llena los pulmones, convoca lo mejor que tenemos, el trocito de hazaña que nos toca cumplir. Me enterneció mucho leer el mensaje inserto en una pagina de internet, de un paisano de Pablo, de la ciudad Mendoza, en Argentina, señalando que cuando era niño el no tenía a veces para comprarse unos zapatos de fútbol y eso demuestra de su perseverancia y amor para el fútbol, ése amor que junto con su talento, después le traería a México, donde en un paso fugaz por Morelia y Veracruz, le llevaría finalmente al equipo Pachuca, en donde estaba predestinado para sostener un romance con el y su afición. En efecto, a Pablo le recuerdo el día de su presentación en el estadio, con la playera puesta por primera vez, ésa que nunca se quitó, con su figura desgarbada, en un partido del equipo local contra Necaxa, en el que no jugó, pues apenas se había cerrado su traspaso. Entonces, conocía de su trayectoria en Veracruz, donde tenia la idea que había logrado el subcampeonato de goleo en el circuito de ascenso y pensaba que podía ser útil para la causa tuza, pero nunca, creo que nadie imaginó, quizá solo el, cuanto lo sería. Pablo, como decía, pronto se impregno la camiseta tuza en el corazón, luchó con denuedo en el primer torneo con éste equipo lleno de una historia de lucha constante que incluían tres ascensos en una misma década y dos descensos en la misma, por eso, cuando el Pachuca logró su salvación en el Azteca, incomprensiblemente para muchos, Pablo se encaramó a la alambrada con la barra ultratuza a celebrar la salvación como si fuera un campeonato y se dejó llevar en hombros en una vuelta olímpica. Así, al siguiente torneo, Pablo, en el campo, llevó de la mano al equipo a una hazaña increíble, con una nomina modesta en comparación a muchas, el equipo se coronó campeón, y Pablo, me atrevo a decir, fue el cincuenta por ciento en la consecución de ése titulo, aun cuando el mismo carácter impulsivo y vertiginoso que le caracterizaba le llevó a alzar la voz por la titularidad en la final, afortunadamente, contó entonces con la guía de un amigo y entrenador como Javier Aguirre, quien canalizó ese carácter en beneficio del equipo, al fin y al cabo Pablo era un hombre limpio, bueno. Pablo, entonces volvió a enarbolar la bandera, a encaramarse a la alambrada, a ondear la playera tuza de campeón, y a dejarse llevar en hombros por la barra, Pablo había alcanzado el estado de ídolo de la afición blanquiazul, y estaba escrito que ya no podría portar otra camiseta, por eso, cuando el hachazo en la cabeza que significó la noticia de su partida y la de su Mónica nos sacudió, y estuvimos en el estadio para darle un adiós postrero; nunca, nunca habíamos visto tanto fervor en siete mil u ocho mil almas enlazadas por un dolor amargo, cantando ¡vamos, vamos Pablo, que ésta barra jamás te olvidará!, y era un solo coro y un solo corazón anudados, estrechados, acaso como en el poema del ché, consternados, rabiosos, porque aquellos niños que jugaban a ser hombres (y que jugaban bien, vive dios), no irían más por la vida. Por todo eso y por más, vamos a estar el miércoles en el estadio Hidalgo, quizá, como dijo Diana Laura. El dolor no se haya acabado, acaso un poco transformado, pero quizá al mirar al cielo creamos verlo embozar una sonrisa al querido “tazz”, abrazado de Mónica, velando por Leandro y por Micaela, acá nosotros podemos ayudar a éstos chicos, aunque solo sea económicamente, se lo merece y necesita, la raíz hermosa de unos extraordinarios seres humanos Pachuqueños-Argentinos. Un reconocimiento, anticipado a los jugadores y técnicos que van a participar en el partido, quienes sin ningún interés más que el solidario, colaboran por ésta causa noble, esto les hace hablar muy bien de su calidad como seres humanos, antes que futbolistas y portadores de una camiseta rival en los partidos formales, estoy cierto que Pablo les mirará con emoción, con esa emoción que a mi me embarga cuando escribo éstas líneas. Pablo, querido Pablo amigo Pablo el esposo, el hombre Corrías a veces como un rayo Mientras entonábamos tu nombre Ahora reposas en alfombras celestes junto a Mónica Le novia linda, la madre de tus hijos La esposa que no te quiso dejar solo Mujer única. Los niños, que tu miras Son la vida tu cimiente y tu ejemplo Dos solecitos que cuidan sus abuelos Mientras el alma de sus padres Se siente como un aliento cálido En el cuarto que fuera su aposento Sigues doliéndonos Querido Pablo, pero seguros estamos Que como el gran Ernesto, Allá con Mónica Estás lluvia Estás cielo Estás estrella Estás en Leandro Estás en Micaela Estás en el estadio ....para siempre.

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