Un aficionado del Centenario

La historia hace referencia de un aficionado que ha vivido los claroscuros albiazules, al cual llamaremos Humberto, su historia es la siguiente.

La historia hace referencia de un aficionado que ha vivido los claroscuros albiazules, al cual llamaremos Humberto, su historia es la siguiente. Humberto se levanta a las 7.30 de la mañana, prenderá el baño y tomará el tiempo suficiente para estar puntual a las 9.00 a la salida del camión hacía Toluca, donde el equipo de sus amores se jugará la vida, una vez más es considerado victima, el sabe también de la peligrosidad del rival, pero como siempre, como buen aficionado que se precie, está cierto que no debe perder la fe en su escuadra, ahora más que nunca, si bien va pensando en el camino, que le han dicho que nació en el cuarto de un Hospital, el cree haber nacido en el viejo estadio, el que ahora sirve para la escuela de fútbol del equipo, y amontonado a ese recuerdo se asoma otro, viendo a su hermano retratado en el “esto”con Miccio, en la portada, festejando un triunfo del “Pachus”, como le dicen los viejos de la comarca. Y no perderá la fe, porque ahora su equipo, que de todos modos no es considerado grande, está otra vez en la semifinal, esa sensación tan especial que en dos años le ha regalado tres veces en dos años o un poco más, dos finales, de la s cuales ganó una y se quería volver loco ese día en el azul. después de haber sufrido lo indecible en tantas finales de ascenso frustradas, en un descenso hasta la segunda “B”, y después de tres ascensos, otra vez la baja a la división menor, no, después de eso, la semifinal nueva la enfrenta como un aficionado curtido, que no quiere decir centrado, porque la pasión siempre le ganará en las jugadas difíciles, en favor de su equipo. Cuando Entra al Nemesio Diez, mira a un punto de tres cuartos de cancha y señala con el índice, mencionando a un amigo, “mira ahí es donde Pablito prendió el segundo gol en el 99, después se llevó un dedo a la boca en señal de silenciar el estadio”, y es que Pablo es un símbolo de los devotos Pachuqueños, ciertamente, cuando acabó el partido, nadie lo dijo, pero cuando surgió una porra de la nada para el querido Pablo, sabían que ahí estaba en bienamado, que su espíritu campeaba, como el aire de la cuna futbolera. Así la tensión vivida en el partido fue inenarrable para Humberto y los fieles, arrinconados en la exbombonera, que como su equipo, se vieron desconcertados cuando el poderoso Toluca los aventajó, pero ahí decidieron que como el mismo equipo se morirían en la raya, y redoblaron esfuerzos con la barra, gritando ¡tuzos, tuzos!. ¿Cómo describir la emoción del empate, la voltereta enmarcada por un señor golazo que tejieron literalmente Santana y Brizuela, y después el colofón de Silvani, vaya que si es una locura casi sexual como dirían( los... ¿antropólogos del fútbol?), Maradona y Zamorano. Los momentos de tensión que casi rayan con el paroxismo se disminuyen apenas con el silbatazo final, pero ahora se tornan en abrazos, cantos, gritos, todo junto, en fin, justifican las expresiones de Galeano, después de todo en el fútbol no hay ateos. Siente pena por los aficionados de Toluca que han sabido digerir la derrota y los felicitan deportivamente, pero después de todo, solo hay un ganador, por los que intentaron agredirlos, no entiende como, con todo y su fervor , lo convierten en salvajismo puro, eso no es afición. Ya en la calma del retorno, vislumbra la final con tigres, es un hueso muy duro piensa, igual que su afición, que sabe también merece un campeonato después de 19 años, pero el irá al estadio el miércoles, quizá el sábado hasta el norte, como siempre, a brindar el corazón por sus tuzos, al fin y al cabo, no cualquiera tiene un equipo de cien años, el más que nadie, sabe que los sueños no se construyen fácil, pero también como dice Cabrál, ¿qué es un hombre sin un sueño?. Seguidor fiel como es, le sorprende que digan que es una final inédita, si bien es cierto que los equipos no han enfrentado una final jamás, sabe que las instituciones si han tenido equipos suyos en finales de ascenso, aquel Tigres- Atlético Hidalgo, final de primera “A”, que ganó el Tigres en global 3-1, aquel Pachuca-Tigrillos, que ganó el Pachuca 4-2 en global. Ya espera con nervio la final, estará preparado con su “kit” de aficionado, su gorra, la playera desde luego, la nueva, la única, la del centenario, su bandera, su trompeta, desde luego con el alma de frente “torciendo” (como dicen los Brasileños), por esos increíbles nuevos tuzos, aspira el anhelo, como degustaría la cereza del pastel de los cien años, y espera compartirlo, aunque suene a blasfemia o barbaridad, con el “Lupillo” Reyes ahora enfermo, con los que se adelantaron como Gama, Juan Manuel Medina, Victorino padre, los chicos del camión a Acapulco, con el “tazz” Pablo Hernán de todos los fervores, acaso con el amigo, con el padre, con el tío pepe, recién idos, a ellos dedica su propia final.

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