Querido Pablo II

En Mendoza, Republica de Argentina nació este hombre que estaba destinado para convertirse en el fervor de un pueblo que siendo cuna del fútbol, había retomado la historia del ave fénix...

En Mendoza, Republica de Argentina nació este hombre que estaba destinado para convertirse en el fervor de un pueblo que siendo cuna del fútbol, había retomado la historia del ave fénix permanente, resurgir de las cenizas, luchar, codearse con los grandes, volver al nivel inferior y retornar con todos los honores, si se toma en cuenta sus escasez casi endémica de recursos económicos para hacerlo. Por eso, más allá de la decisión de Pablo de irse de Veracruz en primera “A”, para enrolarse en el cuadro Hidalguense, el destino justiciero y romántico, había jugado su parte en esta unión ya perenne, llevar al equipo señero, luchador a contracorriente hasta la fecha, al jugador símbolo, al icono que hace mucho esperaba, por más que hubiera tenido gente significativa en sus diversas plantillas. Así las cosas el campeonato que solo se mecía en los sueños, lo logró el equipo de las nominas más bajas, de la ciudad más pequeña con un campeonato en torneos cortos, de aquella reina de la plata que catapultó a México como primer productor mundial, de aquella que alguien nombró como “la de las calles chuecas y de los hombres derechos”, por eso Pablo, el bienamado, se tornó en una mutación de todo esto y encumbró a algo de lo que hablaba otro tuzo (Roberto Guzmán), la importancia del segundo esfuerzo, que matizó en aquel último partido ante Irapuato – irónicamente, el equipo ante quien se le rindió homenaje ahora llamado Veracruz , su anterior equipo- cuando fauleado por Terrazas, se levanta y coloca un centro para el segundo gol del equipo, anotado por pineda, después de esto, Pablo es cambiado y no volvería a las canchas con vida, no la terrenal. Pablo, sin demeritar el esfuerzo y talento de los demás guerreros, fue una estrella de luz propia en la liguilla del primer campeonato, levantó de la lona a un equipo que había recibido dos arponazos en el partido de repesca ante Morelia con una jugada individual de excepción, finalmente el equipo perdió 4-2 aquel partido pero Pablo ejemplificó que se podía hacer daño a los rivales aun en su propia casa y que finalmente podían ganar la eliminatoria. Lo que vino después fue la apoteosis, Pablo metió los dos goles a Toluca en el partido definitorio y ante atlas en el partido de ida, suficientes para ganar la eliminatoria si se toma en cuenta el esfuerzo común del segundo partido, estaba escrito que ya nada podía parar a este equipo en ese torneo y mucho menos a su adalid. Antes que sus defectos humanos de carácter, propios de la naturaleza humana, Pablito era un excepcional padre, por eso a nadie sorprendió que en medio de un partido, corriera al lado de su Leandro hospitalizado, no podría ser de otra forma, detalles que independientemente de su quehacer deportivo, acercaron más su alma a la afición. No es mentira que Pachuca haga trampa, quizá el secreto está en la forma, no con la ayuda de los árbitros, acusación infame, es con la alineación de Pablo en cada cotejo, el jugador numero doce, ¿acaso será el numero uno?, y aun el anunciador local don José G. Marines lo hace público en cada juego, ¡y con el numero 20, desde un lugar muy especial Pablo Hernán Gómez!, idea sin macula de la tele. Por eso, no es extraño que parezca verlo corriendo por la banda, con su figura desgarbada, sus piernas arqueadas y su corazón humeante, no es extraño que parezca verle encaramado en la alambrada con la playera ondeando gritando con la barra, ni es extraño que sin que nadie lo proponga, surja un cántico, más bien una oración ¡ole,ole,ole, Pablo,Pablo!, aun en lo que pareció un magro homenaje del domingo pasado. No significa que no duela, sigue doliéndonos, no más que a su familia que se tragó la ira, la rabia y los mil llantos, porque a pesar de todo no acabamos de entender ¿qué pasa con algunos ídolos que mueren jóvenes?. La respuesta es solo del creador, el sabrá porque lo desprendió de la vida que tanto amaba, no queda cuestionar sus designios, Pablo, el tuzo de Argentina, el tazz, el querido Pablo, es un sol incandescente intemporal, que uno espera entibie los ánimos para que los que se quedaron logren fincar el buen futuro de los chicos, Esos que eran su adoración y de su amada Mónica, la compañera ejemplar, que allá en el firmamento le acompaña.

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