Ellos hicieron la violencia

El Titulo de la columna parafrasea a una antigua película de gangsters, y es que en los hechos, las acciones de la gente que tiene que ver con el control de la violencia, algunas de ellas, en...

El Titulo de la columna parafrasea a una antigua película de gangsters, y es que en los hechos, las acciones de la gente que tiene que ver con el control de la violencia, algunas de ellas, en contradicción a su quehacer la ha originado. Ya mencionábamos la falta de tacto de la directiva atlista de colocar las porras antagónicas una arriba de la otra, la pasada semana y ahora se dan los lamentables hechos en Zapopan, de modo que las notas destacadas, que deberían ser de fútbol, son provocadas por gentes de pantalón largo, con situaciones extra-cancha, aún cuando el origen parezca suscitado dentro de ésta y con intervención de la gente de pantalón corto. Como las verdades absolutas, en fútbol raras veces existen, si quisiéramos puntualizar que en los hechos bochornos del sábado hay responsabilidades de una y de otra parte, empezando con la falta de una cultura de respeto hacia la Autoridad por parte de los futbolistas de algunos clubes, en éste caso los del Atlante y en primer término, el portero Damián Grosso, quien antes que aceptar pacientemente la salida por expulsión, aun siendo injusta, se engancha en una discusión sin sentido con el Inspector Autoridad y acompañantes e incluso empuja y efectúa intentos de agresión hacia el mencionado inspector, situación injustificable a todas luces, aunque la reacción es totalmente desproporcionada de parte de los sujetos investidos de Autoridades civiles, pues la cámara de televisión y lentes de reporteros captan el momento en que un supuesto jefe de reglamentos (¿qué rayos tiene que intervenir en la salida de un jugador expulsado?), propina un rodillazo al jugador azulgrana, en una total barbarie, indigna de un funcionario público, que es colofón de la falta de criterio para manejar una situación de un jugador indignado por la expulsión y una reacción lógica primaria de cualquiera es preguntarse ¿si así tratan a un personaje público, que no harán con el ciudadano común y corriente?. Lo que sucedió después fue resultado de todo eso y más falta de tacto todavía, intercambio de insultos, agresiones físicas en el vestidor entre policías y jugadores, que incluye macanazos en el estomago de Turrubiates, quien aparentemente mediaba; reacción más violenta de un jugador del Atlante, quien sin ningún miramiento lanza una botella a la cara al policía y se echa a correr, con la consecuente fractura del tabique nasal del policía, y la final salida de Herrera, entrenador del cuadro capitalino, hacia la barandilla municipal y posterior puesta a disposición del Ministerio Público, aun cuando nunca quedó claro la intervención del técnico en el zafarrancho, sin dejar en la reflexión los antecedentes rijosos de éste como jugador. El caso es que después de ocurridos los hechos quedan al aire muchas interrogantes, como, ¿en que términos fue remitido al Ministerio Público Herrera?, ¿bajo que cargos y el porque la dilación con que se hizo?, habida cuenta que pasó muchas horas arrestado antes de trasladarlo a la hacia la sede de la autoridad Ministerial, en violación a sus garantías individuales, ¿cuál fue la intervención exacta de los Directivos de los Tecos?, cuando en medios Nacionales se señala a su Vicepresidente como instigador del maltrato hacia el equipo rival después del incidente de Grosso, ¿por qué después de tanto lío nadie se presenta a denunciar los hechos formalmente de supuesto agravio hacia la autoridad, que incluyeron lesiones de cierta gravedad hacia un policía?, ¿por qué no se obedeció la indicación del árbitro, máxima autoridad en la cancha, de cambiar al Inspector Autoridad en el medio tiempo y quien es responsable del desacato?, etc. Lo cierto es que en ámbito futbolístico, la Federación tiene la obligación de aclarar fehacientemente los hechos, deslindar las responsabilidades, incluyendo sanciones a Directivos y árbitros en su caso, a jugadores como el que lesionó al policía y enderezar las acciones legales contra loa funcionarios y/o “guardianes del orden” que abusaron de la autoridad y ejercieron maltrato de obra y de palabra contra sus afiliados, de otro modo, el tema de prevención de la violencia, no será más que un cacareo inútil, con el agravante que ésta vez nació de quien debería prevenirla, porque de otro modo, los rijosos en las tribunas, aunque no sea justificable bajo ningún concepto, tendrán la “justificación” de hacer violencia, al fin y al cabo ya les pusieron el ejemplo.

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