El síndrome del futbol científico

Por Paolo Mastazza

Por Paolo Mastazza Al final Trapattoni ha caído allí también. El gran jugador y el gran técnico que es, el hombre de experiencia que sabe más que el Diablo, el hombre que traza la línea en los vestuarios, él que ha sido el mas popular entrenador de la selección nacional italiana al final se ha zambullido por completo. Basta de las encuestas, basta con las llamadas al furor de las personas, basta con las manifestaciones: La cabeza es Trapattoni. Y Trapattoni ha decidido. Nada de mundial para Baggio. Pero dado que Giovanni Trapattoni es el más popular y más querido técnico que el fútbol nacional italiano ha tenido durante los últimos años, en las próximas horas usted no leerá y usted no oirá muchas críticas. La decisión de Trapattoni es la correcta. Trapattoni no está equivocado. Baggio habría sido un desperdicio. Baggio habría convertido el vestuario en una arena, trayendo malos humores y preocupaciones innecesarias. Nosotros nos permitimos disentir. De manera Humilde, obviamente. Considerando que el principal asunto es que Baggio no es capaz jugando según el director técnico del equipo nacional. ¡Esta prohibido! La cabeza es él y eso no se discute. El ardor que se siente en cambio es que Trapattoni esta equivocado. Y en grande. Al dejar al más grande talento del fútbol italiano de los últimos veinte años en casa; por no convocar el número diez más amado por el público y el hombre que en mil y más ocasiones ha resuelto y seguirá resolviéndole los juegos imposibles con jugadas imposibles; es un error colosal. Y no se dice que Baggio esta acabado. Sacci mismo ha admitido que Baggio llego al Mundial del ´94 bajo las peores condiciones. ¿Qué Maldini esta quizás al cien por ciento? ¿O Delvecchio está en forma? Por favor… Las razones son otras. Y es difícil admitirlas. El problema también es eso que Trapattoni ha terminado tomando en serio. También él. Es cierto que el nunca ha profesado la fe en el fútbol total de Sacci, el ha terminado pegado al síndrome italiano del fútbol científico. Esa tesis increíble en la que el fútbol no es un juego sino una ciencia exacta donde se programa, prevé, y se estudia al contrario. ¿Qué significa por ejemplo decir que Delvecchio es preferido en vez de Baggio porque es el suplente ideal de Vieri? ¿Significa afirmar qué Totti puede ser reemplazado por Doni, porque Baggio es un nueve y medio? En teoría, sólo teoría. El fútbol es un deporte. Pero también es un espectáculo. Un espectáculo dónde se cuenta el carácter, el talento, el genio, las buenas jugadas y la imaginación. Más que cualquier otra cosa. Que lo recuerde Trapattoni, si alguna vez en el minuto setenta de algún próximo juego tiene necesidad de un milagro, que Dios le envié uno bueno. Nosotros esperamos que los músculos y los nervios de nuestros campeones aguanten. Nosotros partimos sin santos en el Cielo. Sin el pequeño Buda. Sin la coleta divina. Nosotros partimos sin la certeza de que alguien llamado Roberto Baggio será capaz una vez más de cambiar el destino del enésimo equipo preparado a la carrera y la táctica más que al genio y la individualidad.

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