Beckham y Adidas, mezcla perfecta

Por: Igor Treviño Salas

Por: Igor Treviño SalasEl miércoles 25 de marzo de 1998 pisé por primera vez la grama de un estadio de futbol profesional. En aquel entonces trabajaba para la agencia de noticias Notimex y conocía bien a los reporteros gráficos del área deportiva. Don José Torivio, fotógrafo asignado a los partidos de Pumas me comentó que le sobraba un gafete que si lo quería acompañar. Esa noche el Pony Ruiz se encargó de desquiciar a la zaga universitaria y ni con Campos ya de delantero pudieron hacer algo: Pumas perdó 2-1 contra Toros Neza. Al salir del estadio Don José me preguntó que si me había gustado estar a nivel de cancha, cerca de los jugadores y le dije que “sí, gracias por invitarme”.

Al verlos a tres pasos de distancia los “ídolos” se convierten en seres terrenales, tan mundanos como tu o yo. Jesús Olalde era de mi estatura y más flaco de lo que yo pensaba , “Iguala” Carreón un chamaco corrioso y Jorge Campos no hilaba tres frases seguidas. Sin embargo, el talento de cada uno es potenciado por la constante exposición que les brindan los medios escritos, la radio y la televisión. Esa mezcla es la química perfecta para forjar estrellas.

¿Por qué hablamos tanto de Robinho y Diego? Es Nike quien paga las menciones de cada día en los periódicos para hacer que sus dos pequeños “productos” le reditúen vorazmente en unos dos años. Robinho no es ni será el Pelé que Nike nos vende.

Adidas es uno de los culpables de que Beckham vista la casaca merengue con el número 23. Tan sólo en Asia, la firma estadounidense Nike vendió un millón de playeras del Manchester con el 7 del Spiceboy. El verano pasado en Tokyo, durante la copa del mundo esa playera costaba 7,400 yenes ($63 USD). Matemática básica: $63x1,000,000=empresa contenta.

En fin, se arma todo un show para que las estrellas brillen de noche .. y de día. Mientras más venda el jugador mejor producto será. Ese es el futbol de hoy.

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